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Chernóbil, 30 años después

Especial de Noticias RCN
En la madrugada del 26 de abril de 1986, una explosión en el reactor cuatro de la central nuclear de Chernóbil expulsó al ambiente 500 veces más radiación que la bomba atómica de Hiroshima, obligando a la Unión Soviética a evacuar a las más de 115.000 personas que habitaban la ciudad de Prypiat.
Tras la emergencia, catalogada como el mayor accidente nuclear de la Historia, el reactor fue sellado y se creó una zona de exclusión en los 30 kilómetros alrededor de la central nuclear.
Treinta años después de la tragedia, la zona sigue contaminada con radiación pero ha sido poblada por animales salvajes. Además, cientos de trabajadores construyen sobre la central nuclear un nuevo sarcófago que contenga la emisión de radioactividad durante al menos un siglo.

Ucrania recuerda la catástrofe 30 años después

Ucrania conmemora el martes el 30º aniversario de la catástrofe de Chernóbil, el peor accidente nuclear de la historia que causó, según las estimaciones, miles de muertos y contaminó hasta tres cuartas partes de Europa.

El jefe de Estado ucraniano, Petro Porochenko, y Suma Chakrabarti, presidente del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD), que gestiona los fondos para las medidas de seguridad que protegen el lugar, visitarán el martes la antigua central de Chernóbil, a sólo cien kilómetros al norte de Kiev.

Depositarán flores en memoria de las víctimas de la catástrofe y asistirán a la firma de un acuerdo para que el BERD conceda 40 millones de euros destinados a la construcción de un depósito para el combustible nuclear usado en la central.

Durante la noche, los habitantes, como cada año, habían llevado flores y velas al monumento de las víctimas de Chernóbil en Slavutich, una ciudad a unos 50 kilómetros de la central y construida tras la catástrofe para alojar a sus empleados.

"Treinta años después del accidente de Chernóbil, es crucial llevar a cabo esfuerzos conjuntos, entre Ucrania y la comunidad internacional, para transformar el sitio en un lugar seguro para el medio ambiente", destacó Chakrabarti el lunes en Kiev.

El 26 de abril de 1986, a la 01H23, el reactor número 4 de la central explotó durante una prueba de seguridad.

Incógnita sobre el número exacto de muertos

Durante diez días, el combustible nuclear ardía, expulsando a la atmósfera elementos radioactivos que según ciertas estimaciones contaminaron hasta tres cuartas partes de Europa, pero sobre todo Ucrania, Bielorrusia y Rusia, en aquel momento repúblicas soviéticas.

Moscú intentó al principio esconder el accidente. La primera alerta pública fue dada el 28 de abril por Suecia, que había detectado un aumento de radioactividad. El jefe de Estado soviético, Mijail Gorbachov, no habló públicamente del incidente hasta el 14 de mayo.

Una vez que las autoridades reconocieron el accidente, un total de 116.000 personas tuvieron que dejar sus hogares situados en la zona de exclusión, a la que hoy en día siguen sin poder volver. En los años siguientes, otras 230.000 personas fueron desalojadas.

Hoy en día cerca de 5 millones de ucranianos, rusos y bielorrusos viven en zonas donde la cantidad de radiación es alta.

En cuatro años, unas 600.000 personas, principalmente militares, policías, bomberos y funcionarios, trabajaron como "liquidadores" para contener el incendio nuclear y crear una barrera de hormigón para aislar el reactor.

Actualmente, el balance humano de la catástrofe sigue siendo polémico. Según el Comité Científico sobre los Efectos de la Radiación Atómica de la ONU (UNSCEAR) hubo 30 muertos entre los agentes enviados a contener los efectos del accidente en los días siguientes al desastre.

Un controvertido informe publicado por la ONU en 2005 estimó en "cerca de 4.000" las víctimas en los tres países más afectados. Un año después, la organización ambientalista Greenpeace situó la cifra en cerca de 100.000.

Pesa a la catástrofe, otros tres reactores de Chernóbil siguieron produciendo electricidad hasta diciembre del año 2000.

El "sarcófago" de hormigón construido rápidamente en 1986 amenaza con desplomarse y exponer al aire 200 toneladas de magma altamente radioactivo.

Para evitar una nueva catástrofe, la comunidad internacional se ha comprometido a financiar la construcción de una nueva protección, más segura. Un gigantesco arco impermeable en acero, cuya duración está estimada a 100 años como mínimo, ya está construido y debería estar plenamente operativo a finales de 2017.

Las víctimas de la radiación, "abandonadas" por el Estado

"Nos abandonaron. No hay más doctores, ni hospitales. Y pronto no habrá más medicamentos". Con 70 años, Anna Vendarenko se preocupa por el recorte del Estado ruso de ayudas a las víctimas de las radiaciones, 30 años después del accidente de Chernóbil.

Hasta ahora considerado "zona prohibida", su pueblo, Starye Bobovichi, que los habitantes se negaron a evacuar, vio su nivel de radiactividad reducirse por decreto presidencial.

Como consecuencia de este cambio de nivel, la ayuda financiera del Estado, que consiste en subvenciones para los gastos médicos, las curas en sanatorios para los niños o incluso los programas socio-económicos, disminuirá de forma drástica.

Sin embargo, el nivel de radiactividad de la zona sólo se redujo levemente desde la explosión de la central nuclear de Chernóbil, el 26 de abril de 1986, asegura Alexei Kiselev y Rachid Alimov, especialistas de la radiactividad de la oenegé Greenpeace.

Equipados con un aparato para medir el nivel de partículas radiactivas, calculan los niveles en la plaza principal del pueblo. "1,7 microsieverts por hora (mkSv/h)... Es más de 30 veces la dosis máxima recomendada", advierte Rachid. "Será mejor no demorarse. Pensar que hay gente que vive aquí", se apena Alexei.

En total, de las 4.413 localidades rusas afectadas por las repercusiones de Chernóbil, 383 verán sus subvenciones recortadas como las de Starye Bobovitchi. Otras 558 serán simplemente suprimidas de la lista.

"Con este decreto, el Estado rechaza reconocer que se necesitan 2.000 años y no 30 para descontaminar una zona", denuncia Anton Korsakov, biólogo y especialista de las consecuencias de Chernóbil en la región de Briansk.

"Incluso si conseguimos descontaminarla, serán necesarias varias generaciones antes de que los niños nazcan sanos", destaca, recordando que el índice de mortalidad infantil en la región es cinco veces superior a la media nacional.

Y cuando sobreviven, 80% de los niños desarrollan una o varias enfermedades crónicas, según las estadísticas oficiales, citadas por el especialista.

Irse de la región

En Novozybkov, ciudad a 180 km de Chernóbil cuyos 30.000 habitantes no fueron nunca evacuados como estaba previsto, los pasillos del hospital están llenos de niños y ancianos que esperan durante varias horas.

Viktor Janaiev, cirujano, estima que un tercio de sus pacientes vienen por enfermedades causadas o empeoradas por las radiaciones.

"Muchos no pueden cuidarse: teniendo en cuenta que los medicamentos subvencionados no son los más eficaces, se tienen que comprar otros que son más caros", explica. El salario mínimo ruso es de 6.204 rublos (81 euros).

A partir de julio, las ayudas económicas se reducirán: Novozybkov pasará de "zona para evacuar" a "zona habitable".

"Es una mala noticia", se lamenta Janaiev. "La gente va a tener que pagar sus medicamentos, hasta ahora gratuitos. Y los niños no podrán ir al sanatorio en verano", precisa, recordando que irse en verano, cuando las radiaciones son más fuertes, es una necesidad.

Aleksander, su paciente, lo confirma: "¿Tengo buena salud? Depende: cuando estoy en otra región, estoy perfectamente. Aquí, cada día, noto las radiaciones", cuenta. Padre de una niña, a este hombre de unos 30 años le gustaría "irse de la región". "Pero, ¿con qué dinero? Nadie nos ayuda", dice con tristeza.

Vivir con las radiaciones

Si vivir en una zona contaminada por las radiaciones de Chernóbil tiene consecuencias en la salud, es posible limitarlas siempre y cuando "se esté informado", insiste Liudmila Komorgotseva, de la oenegé rusa "Unión por la seguridad radiactiva".

"Pero el gobierno no hace nada y la gente recoge bayas y setas en el bosque contaminado", advierte.

En 2011, los controles de radiactividad de una gran parte de los alimentos y líquidos rusos fueron suprimidos y muchos productos radiactivos de la región de Briansk se pueden comprar en los mercados de todo el país, según Greenpeace.

Incluso los muebles de las casas: las empresas utilizan madera de los bosques rusos situados en "zona prohibida", asegura el abogado Aleksander Govorovski, que interpuso una demanda al departamento forestal de la región.