Doña Juana

Un vecino incómodo

En 2018, el relleno sanitario de Bogotá cumple 30 años, en medio de denuncias por mala gestión, afectaciones a las comunidades vecinas y daños ambientales. Aunque la población pide clausurarlo, el Distrito planea prolongarlo hasta 2070. ¿Cuál es su situación actual? ¿Qué pasará con Doña Juana?

Doña Juana, un terreno de 600 hectáreas ubicado en el sur de Bogotá, fue el lugar elegido por la Alcaldía y la CAR, en 1988, para albergar las basuras de la ciudad. Hoy es uno de los rellenos más grandes de América Latina, se ha convertido en la piedra en el zapato para los alcaldes y en un dolor de cabeza para los habitantes que viven en la zona.

La vida antes de Doña Juana

A principios del siglo XX, el municipio se encargó de las basuras y la mejor forma que encontró para deshacerse de ellas fue incinerarlas en hornos crematorios, pues de esa manera la ciudad estaba limpia y no había riesgo de enfermedades. En la década de los 50, las autoridades de Bogotá pensaron que había que aprovechar estos desechos como abono para los cultivos.

Aunque exitoso en un comienzo, la desorganización y la falta de planeación no permitieron que este modelo continuara. Las basuras, entonces, empezaron a ser recolectadas y llevadas hasta botaderos ubicados en diferentes puntos de la ciudad, especialmente en la zona sur.

Tras el fracaso de las primeras alternativas de disposición, en 1984 la Corporación Autónoma Regional (CAR) contrató un estudio y decidió que Doña Juana, un terreno montañoso de 600 hectáreas, era el lugar más indicado para albergar las basuras de toda la ciudad.

Frank Molano, profesor de Historia de la Universidad Distrital y quien ha investigado el manejo de las basuras en Bogotá en los últimos 80 años, cree que el Relleno fue pensado como una innovación tecnológica y terminó convertido en un 'Frankenstein'. Además, dice que no ha sido replanteado, pues es el modelo más rápido y económico con el que cuentan las administraciones.

“La gente lleva 30 años oliendo fetidez, lleno de moscas y de ratas y no ha habido solución de fondo al manejo de basuras. Esto es una bomba de tiempo que en cualquier momento puede estallar”, asegura Molano.

¿A dónde van las basuras?

En Bogotá cada día se producen 6.500 toneladas de residuos que son recogidos por los camiones de basura y después son llevados hasta Doña Juana, para ser enterrados varios metros bajo tierra. Además, el Relleno cuenta con una planta que trata los lixiviados (líquidos que produce la basura), de manera que después puedan ser vertidos al río Tunjuelo.

Carlos Vega, director operativo del consorcio Centro de Gerenciamiento de Residuos (CGR), dice que el Relleno opera con los estándares de la legislación nacional y bajo la vigilancia de las autoridades ambientales, pero asegura que los fondos destinados para la operación son insuficientes para cumplir con las exigencias.

No obstante, Vega responde a las denuncias que le hacen a la operación. Según él, “ni un centímetro cúbico de lixiviado es arrojado al río Tunjuelo sin antes pasar por la planta de tratamiento”. Añade que “los residuos hospitalarios que ingresan al Relleno lo hacen sin ningún tipo de riesgo biológico”.

Además, dice que en el Relleno se hace aprovechamiento de los residuos, pero no lo suficiente, pues los sistemas tecnológicos que se requieren no están contemplados en la tarifa actual. La instalación de plantas de aprovechamiento o de plantas de energía requiere fuertes inversiones por parte del Distrito, además de un esquema financiero correcto que permita su sostenibilidad.

Control al descontrol

La Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP) es la entidad del Distrito que vigila y controla la operación de Doña Juana, y sobre la que recaen las principales denuncias. Aparte de supervisar la operación de CGR, la Uaesp debe mitigar los impactos que produce la cercanía del Relleno sobre la población colindante.

Patricia Pinzón, subdirectora de Disposición Final de la Uaesp, dice que sigue de cerca la situación y que la entidad le ha abierto varios procesos sancionatorios al operador por malos manejos. El más reciente es el del 24 de agosto de 2017, por el cubrimiento inadecuado de las basuras y la falta de control de los vectores.

Sobre los perjuicios a la población cercana, Pinzón indica que hay un equipo conformado que realiza acciones y acompaña a las comunidades para reducir el impacto que tiene el Relleno sobre ellos. Además, asegura que la administración se encuentra evaluando diferentes alternativas tecnológicas de disposición de residuos, para que no todos terminen en el Relleno.

El papel de la CAR

La Corporación Autónoma Regional (CAR) de Cundinamarca es la entidad que tiene por objeto ejecutar políticas y programas sobre medio ambiente y recursos naturales renovables, así como el cumplimiento de las disposiciones legales expedidas por el Ministerio del Medio Ambiente.

Su control y sus oportunas denuncias sobre la mala gestión en Doña Juana han sido claves para hacer visible las problemáticas que allí se presentan. Sin embargo, no han tenido mucho efecto, pues las comunidades se siguen quejando de los malos olores, de la cantidad de moscas en sus hogares y de la contaminación del río Tunjuelo.

Sobre la ampliación del relleno hasta 2070, el principal tema de debate por estos días, el director de la CAR, Néstor Franco, dice que no conoce estudios técnicos que avalen su ampliación, por lo que esto todavía es incierto.

Para Franco, la sanción más ejemplar sería cerrar el Relleno, pero asegura que en las siguientes 72 horas se decretaría una emergencia sanitaria en Bogotá, pues no existe otro lugar al que puedan ir las basuras. Además, considera que se debe hacer una transición de relleno a planta de aprovechamiento, una opinión compartida por otras instituciones involucradas en operación.

“La montaña de la vergüenza”

En octubre de 2014, la Uaesp le pidió al consorcio CGR que recibiera en el Relleno los escombros mixtos (escombros contaminados con material orgánico) que produce Bogotá y que en ninguna otra parte de la ciudad son recibidos. Hasta 2016, el Relleno recibió el material y lo arrumó en una montaña que sigue creciendo y que los ingenieros consideran un terreno propicio para que se produzca un incendio, para que los roedores se reproduzcan rápidamente y que llaman “la montaña de la vergüenza”.

En la actualidad, 150.000 toneladas de escombros mixtos se encuentran alojados allí, y el consorcio, autorizado por la CAR, aprovecha lo que les sirve mientras la Uaesp decide qué hacer con ellos.

La subdirectora de Disposición Final de la Uaesp, Patricia Pinzón, responde que estos escombros no ingresan a áreas distintas a las dispuestas y no se mezclan con el total de los residuos. Además, asegura que son separados: el material orgánico se envía a disposición final y lo demás es aprovechado o retirado del Relleno.

En las imágenes se aprecia cómo a este cerro de residuos mixtos ya le creció vegetación y parece, a simple vista, una montaña común y corriente. Lo que aseguran en CGR es que esos residuos no fueron tratados como debió ser, en gran parte por culpa de la Uaesp.

Los planes de esta administración

En 2022, la licencia ambiental del relleno Doña Juana se vence y se tendría que clausurar. Sin embargo, el plan de esta administración es comprar más terrenos y prolongar su existencia por varios años más.

El alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, basa su propuesta de ampliación del Relleno en los estudios de la Universidad Nacional y del Banco Mundial, que indican que no existe en Bogotá otro sitio que pueda sustituir a Doña Juana y que se puede seguir operando técnicamente.

Un objetivo del Distrito en el tema ambiental es el aprovechamiento de los materiales reciclables, que son separados en la fuente. Es decir; en las casas, los colegios, las oficinas y los centros comerciales. Esta labor, además, le brinda una posibilidad de empleo a cientos de recicladores y los dignifica en su oficio. Así lo asegura Lida Ruiz, subdirectora de Aprovechamiento de la Uaesp.

Los que se oponen al relleno

Los representantes Alirio Uribe, del Polo Democrático, y Ángela María Robledo, del Partido Verde, hacen parte de quienes se oponen a la continuidad de Doña Juana y han ejercido un control político en el Congreso para seguir de cerca las irregularidades en el proceso de disposición de los residuos y los perjuicios sobre las comunidades aledañas.

Para Uribe, Doña Juana no es un relleno sanitario, sino un botadero en donde se evaden las labores adecuadas para enterrar la basura y se incumplen todas las licencias ambientales. El representante del Polo Democrático cree que el cambio de un relleno a las nuevas tecnologías es progresivo y debe comenzar ahora.

La representante Ángela Robledo asegura que el Relleno es una forma arcaica de disponer las basuras y cree que es posible aprovecharlas, como lo hacen en países como Estados Unidos, Suiza y Japón. Además, llama la atención de las autoridades involucradas, pues considera que hay indiferencia sobre el futuro de las comunidades.

El edil de Ciudad Bolívar Cristian Robayo es aún más contundente y sostiene que lo que ocurre en esta localidad, especialmente en Mochuelo Alto y Bajo, es muy grave, pues las decisiones que se toman con respecto al Relleno están en contra de la vida y el territorio.

La mirada ambientalista

Cristian Díaz, experto ambientalista y docente de la Universidad Central, ha seguido de cerca los daños ambientales que le ha causado Doña Juana a Bogotá y a sus habitantes. Entre ellos, enumera emisiones de gases de efecto invernadero, generación de moscas y roedores, lixiviados vertidos en ríos, fuertes olores y la destrucción de suelos fértiles.

La intención de aumentar la vida útil de Doña Juana la califica como una idea descabellada, pues representa un gran problema ambiental hacia el futuro. Además, insiste en que la única salida para revertir esta situación son las nuevas tecnologías, aplicadas desde hace varios años en países desarrollados y emergentes, con las que se pueden aprovechar las basuras y generar recursos energéticos.

Sobre la planta de tratamiento de agua Canoas, que aún no ha sido construida y que se espera que descontamine los ríos Tunjuelo y Bogotá, Cristian Díaz indica que solo funcionará si Doña Juana le da un buen manejo a los lixiviados. De lo contrario, el río Tunjuelo seguirá transportando una gran carga contaminante de materia orgánica y de metales pesados.

Viviendo con las moscas y los malos olores

Más de 100.000 familias de los barrios Chuniza, Monteblanco y La Aurora, en Usme, y Mochuelo Alto y Bajo, en Ciudad Bolívar, han tenido que soportar durante tres décadas los malos olores, las enfermedades y los problemas sanitarios. Sin embargo, hoy su lucha es otra: los derrumbes, la contaminación del río Tunjuelo con los lixiviados y las plagas que los enferman, según ellos, debido a la mala disposición de los residuos que hace el consorcio que opera el Relleno.

Samuel Haya vive en Mochuelo Bajo, pero tiene su finca en Mochuelo Alto, a pocos metros de Doña Juana. Estas tierras le fueron heredades por su padre y hoy se constituyen en el sustento de su familia. Los olores allí son más fuertes que en otras zonas del sector y las moscas abundan casi como en el mismo Relleno.

Este campesino trabajó hace muchos años en el Relleno y considera que la operación está mal hecha. Además, dice que no está dispuesto a dejar su tierra porque no quiere contribuir con la destrucción del medio ambiente que, según él, causaría la ampliación de Doña Juana en esta zona rural de Bogotá.

“Acá vienen a enseñarnos a lavarnos las manos, pero esa no es la solución a un problema tan grande”, cuenta indignado Samuel. Agrega que “la gente de Mochuelo se enferma de gripas constantes y de problemas en la piel por los gases”.

Por otro lado, Salvador Fonseca y Aurora Ramírez son una pareja de campesinos que han vivido toda su vida en la vereda Mochuelo Alto. Mientras Aurora vende fresas con crema que ella misma cultiva en su huerta, Salvador vende comida típica de la región en su restaurante 'El Rancho'. Hace 30 años, el Relleno se instaló a pocos metros de su finca y su vida cambió significativamente.

Los olores fétidos provenientes de las basuras y las moscas se convirtieron poco a poco en una parte desagradable de su vida con la que deben convivir. Además, han sentido la indiferencia y el rechazo de los habitantes de Bogotá: “La gente nos mira como lo feo de la ciudad”, cuenta Aurora resignada.

A pesar de estas incomodidades, que la mayoría de personas no soportarían, ellos están dispuestos a tolerarlas, siempre y cuando se haga una buena operación del Relleno. Y son claros en su intención: “esta es nuestra tierra, de aquí no nos sacan sino muertos”, dice Salvador, que insiste en que no la van a dejar para que la llenen de más basura.

Mauricio Pedraza, rector de la escuela Mochuelo Alto, ha sido testigo de los problemas de salud que el Relleno les ha causado a niños y empleados de la institución educativa. Asegura que han sido varias las emergencias ambientales en los últimos meses y que las respuestas de las entidades del Distrito son insuficientes.

“Las excusas médicas de niños y docentes pueden dar cuenta de las enfermedades respiratorias causadas por los gases del relleno”, dice el rector.

Pedraza también lamenta que en los planes de la Alcaldía esté acabar con el centro poblado de Mochuelo Alto para seguir prolongando la vida del Relleno. “Hay familias que tienen más de 200 años acá, esta es su tierra y no tienen a dónde ir”, afirma.

Según el educador, los niños no solo sufren de enfermedades respiratorias y digestivas, también de un trauma psicológico. “En el imaginario de los niños y de sus familias está que por ser pobres y vivir en el sur deben aguantar el Relleno”, cuenta.

Migración de la población rural

Diana Quintero, decana de la facultad de Ingeniería Ambiental de la Universidad Antonio Nariño, realizó una investigación en Mochuelo Alto, desde 2013 hasta 2017, para conocer la manera en la que viven los habitantes de este sector.

Quintero descubrió que ha habido una migración de la población rural de Mochuelo Alto, en gran medida por los malos olores y las enfermedades que causa la cercanía con el Relleno, aunque también asegura que algunas familias vendieron su terreno al Distrito de manera voluntaria.

Caso contrario ocurre con el Mochuelo Bajo, donde el número de habitantes sigue creciendo y la zona se urbaniza cada vez más. La llegada de habitantes ha incluso aumentado la oferta de servicios y transporte público a la zona. Más población se ubica en este sector, pese a las advertencias que les han hecho las autoridades ambientales por los riesgos de vivir en las laderas del Relleno.

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Pese al incumplimiento de las licencias ambientales y los daños que causa en las comunidades vecinas, Doña Juana es la única alternativa que tiene Bogotá para las 6.500 toneladas de basura que se generan a diario. Para sustituir el modelo de disposición de las basuras, parece hacer falta algo más que voluntad de parte de las administraciones y las entidades gubernamentales: según los expertos, se requiere una mejora considerable en las tarifas de aseo, la planeación de una nueva política ambiental en la que se apueste por las nuevas formas de aprovechamiento de las basuras y alternativas reales que mejoren las condiciones de vida de quienes están siendo perjudicados con la operación del Relleno.