¿Sucederá un terremoto en Colombia? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Qué hacer?

Los recientes terremotos en diferentes países del mundo, junto con información de todo tipo en redes sociales, han reavivado el temor de los colombianos. Noticias RCN consultó con los expertos qué tan preparado se encuentra el país para una emergencia como esta.

Riesgo Latente

Gracias al trabajo que desde 1993 realiza la Red Sismológica Nacional, estudiando y registrando toda la actividad sísmica en el país, las autoridades han logrado identificar el riesgo de que se registren movimientos telúricos en las diferentes zonas del país.

Colombia se encuentra en una zona en la que diferentes placas tectónicas chocan entre sí, generando incluso decenas de sismos al día que la mayoría de los ciudadanos ni siquiera percibe.

Aunque muchos conocen que la región de Los Santos, en el departamento de Santander, es una de las zonas sísmicamente más activas del mundo; en todo el territorio nacional se presentan a diario sismos.

Este mapa, por ejemplo, muestra los sismos registrados tan solo el pasado 28 de septiembre:

Los estudios han categorizado el país en zonas de amenaza sísmica baja, intermedia y alta, siendo preocupante que las zonas de mayor amenaza son las más pobladas. De las diez ciudades capitales más pobladas del país solo dos (Barranquilla y Cartagena) se encuentran en zona de amenaza sísmica baja.

De este listado, en zona de amenaza sísmica alta se ubican Cali, Cúcuta, Bucaramanga y Villavicencio; mientras que en zona de amenaza intermedia se ubican Bogotá, Medellín, Ibagué y Santa Marta.

Dado que la mayoría de la población colombiana se ubica cerca de las cordilleras, aproximadamente el 87 por ciento de los colombianos habita en zonas de amenaza sísmica intermedia o alta.

Más allá de generar alerta, estos datos les han permitido a las autoridades priorizar la atención de ciertas zonas del país y generar políticas públicas. Según Marta Lucía Calvache, directora de Geoamenazas del Servicio Geológico Colombiano (SGC), “tenemos que saber cuáles son las áreas más propensas para los sismos porque es esa la base para definir la amenaza sísmica de un país y esta a su vez es la base para ver la vulnerabilidad, evaluar el riesgo, generar códigos de construcción sismorresistente y definir el desarrollo del país”.

En el proceso de seguir históricamente los sismos en el país se ha podido determinar, por ejemplo, que en mayo de 1875 un terremoto en Cúcuta destruyó la ciudad y dejó casi 10.000 muertos, en enero de 1906 se presentó en Tumaco uno de los sismos más potentes registrados a nivel mundial en tiempos modernos, con una magnitud estimada de 9.2; y en 1917 se registró el último gran sismo que haya afectado a Bogotá.

La última emergencia de grandes magnitudes por cuenta de un sismo en Colombia se vivió en 1999, cuando dos sismos en el departamento de Quindío destruyeron gran parte de Armenia y varios municipios del Eje Cafetero, causando la muerte de 1.185 personas.

En estos 18 años, entre la ciudadanía se han generado diferentes mensajes de pánico sobre la posibilidad de un terremoto en Colombia, sobre todo luego de que se presentan este tipo de fenómenos en otros países del mundo. Las redes sociales se han convertido en el principal medio para difundir falsas premoniciones, a lo que los expertos no dudan en recalcar que es imposible predecir un sismo.

Según Marta Lucía Calvache, no es posible que fenómenos naturales como tormentas solares o huracanes, por ejemplo, causen terremotos. Ni siquiera los efectos del cambio climático son lo suficientemente fuertes para afectar las placas tectónicas y generar sismos. Además, sismos fuertes en otras zonas del mundo no tienen la capacidad de desencadenar otros movimientos telúricos en nuestro país. “No porque tembló en México va a ocurrir un sismo aquí, o porque tembló en Japón ocurre un sismo aquí. La posibilidad de que ocurra un sismo en Colombia es por nuestras características”, asegura la experta.

Sin embargo, aunque sea imposible predecir un terremoto, las condiciones del país hacen ineludible la posibilidad de uno y por esto las autoridades trabajan para estar preparados ante una emergencia de esa magnitud.

Desde hace varios años, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo (UNGRD) se ha dedicado a articular planes de atención para que todos los organismos de socorro del país estén en la capacidad de responder ante un terremoto. Su director, Carlos Iván Márquez, asegura que en los últimos años se ha trabajado incluso en fortalecer un grupo especializado en estructuras colapsadas que ya ha atendido emergencias como las tragedias de los edificios Space (Medellín) y Blas de Lezo (Cartagena), y han apoyado la búsqueda en otros países.

Según Márquez, además de buscar que este equipo especializado reciba certificación internacional, la UNGRD evalúa acreditar a cerca de 16 grupos de socorro de diferentes organismos como la Armada, el Ejército, la Policía, la Cruz Roja y la Defensa Civil, entre otros; para que estén aún más especializados en el rescate ante un terremoto y hagan parte activa en una emergencia.

“Las acciones de la Cruz Roja van encaminadas a salvar vidas, fundamentalmente. Las primeras horas de un sismo trabajamos en equipo con todo el sistema, estamos rescatando personas atrapadas, estabilizando y trasladado heridos”, señala Cesar Urueña, director de socorro de la Cruz Roja colombiana, quien además destaca la experiencia que han ganado los grupos de rescate nacionales en otras latitudes.

Para Carlos Iván Márquez, que los equipos colombianos hayan apoyado otras tragedias no solo permite que se gane experiencia sino también garantiza que el país obtenga la ayuda necesaria de llegarla a requerir. “Ya tenemos ganados espacios a nivel internacional para tener el soporte de los equipos que podrían venir a ayudarnos”.

Construcciones: la mayor vulnerabilidad

Aunque es de suma importancia conocer la amenaza sísmica del país, los expertos coinciden en que ante un terremoto suelen ser las construcciones las que marcan la diferencia entre la vida y la muerte para los habitantes de las zonas afectadas.

La norma de sismoresistencia aplicada en Colombia (NSR-10) fue formulada luego del terremoto de magnitud 5.5 que afectó a Popayán en 1983. Actualmente, aproximadamente cada ocho años se hacen actualizaciones a esta reglamentación, que desde su entrada en vigencia es de obligatorio cumplimiento para todas las construcciones nuevas.

“Uno quisiera que un sismo no llegue, pero los sismos llegan y van a afectar menos las estructuras que tienen la capacidad de resistirlos. Eso hay que revisarlo claramente”, asegura Carlos Iván Márquez, director de la Unidad para la Gestión de Riego.

Para reducir el riesgo de que una estructura colapse ante un sismo, se deben aplicar las normas de sismorresistencia pero además conocer con claridad el tipo de terreno en el que se construye. Para esto, es necesario que las autoridades realicen mapas de microzonificación de las ciudades, que sirvan como base para las políticas públicas y para que los constructores realicen todo lo necesario para hacer seguras las estructuras.

Mientras varias ciudades del país continúan sin realizar los estudios de microzonificación, en otras estos llevan varios años de haberse realizado. Aunque no es necesario hacer actualizaciones constantes a estos estudios, los expertos concuerdan en que se deberían realizar con relativa periodicidad, teniendo en cuenta el crecimiento que van teniendo las ciudades y que en algunos casos esto puede modificar las características del suelo.

“Es cierto que los estudios son necesarios, pero si no se convierten en norma de construcción sismorresistente para esas ciudades pues no hemos hecho nada. Hemos generado un conocimiento, pero no se traduce en algo que se tenga en cuenta para reducir la vulnerabilidad”, opina Marta Lucía Calvache, directora de Geoamenazas del Servicio Geológico Colombiano (SGC).

Por otro lado, la proliferación de viviendas ilegales y barrios de invasión en las grandes ciudades no son solo un problema económico, sino que también representan una de las mayores vulnerabilidades del país ante un sismo.

Según Juan Francisco Correal, director de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica, “si la construcción es legal tuvo que haber tenido en cuenta el reglamento de sismorresistencia. No es opcional. Y si se tienen dudas se pueden pedir los planos en la curaduría respectiva”. Sin embargo, en las viviendas construidas o ampliadas de manera irregular, casi siempre se llevan a cabo autoconstrucciones que “no siguen criterios de sismorresistencia, de ingeniería y menos de calidad de los materiales”.

Según cifras de la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), en el país se calcula que existen doce millones de viviendas y que entre el 40 y 45 por ciento de estas corresponden a autoconstrucción, construcción informal y asentamientos irregulares.

Las autoridades encargadas de otorgar las licencias de construcción son también quienes deben revisar que se cumpla con la norma de sismoresistencia. Para Juan Francisco Correal, en términos prácticos no debe ser difícil aplicarla y se debe hacer porque es ley. Sin embargo, reducir la construcción ilegal sigue siendo uno de los retos más grandes de las autoridades ante un sismo.

Para Carlos Iván Márquez “los entes municipales deben revisar esas vulnerabilidades”, pero el reto es también del sector privado y de los constructores al garantizar la calidad de las estructuras, recordando que además se trata de un tema que también acarrea responsabilidades legales.

Pero además de las ilegales, las construcciones hechas antes de 1983, cuando se empezó a aplicar la norma de sismorresistencia, generan también riesgos ante un posible sismo en el país.

Según Miguel Charry, presidente de la Asociación de Ingenieros del Valle del Cauca, no menos de la mitad de las edificaciones de las grandes ciudades colombianas se construyeron antes de la obligatoriedad de la norma y ante un sismo es incierto que puedan resistirlo.

Recuerda Charry que tras el terremoto de Armenia colapsaron algunos edificios de las autoridades de socorro, complicando aún más la atención de los heridos. Luego de esto, la norma de sismorresistencia incluyó la obligatoriedad de reforzar las estructuras de edificaciones indispensables como hospitales, estaciones de bomberos y policía, escuelas, aeropuertos e infraestructura de servicios públicos, entre otros.

Aunque esta medida ha permitido que a las estructuras públicas construidas antes de 1983 se les garantice su condición de sismorresistencia, la norma no obliga a los privados a hacer lo mismo en sus estructuras. Según Charry, la evaluación estructural de ciertas edificaciones suele resultar en que es más costoso reforzarlas de acuerdo a la norma que volverlas a construir, por lo que sus propietarios dudan en realizar la tarea.

Por otro lado, aunque asegura el experto que reforzar la estructura de una casa familiar no es un proceso complicado o costoso, muchas personas no conocen la necesidad de fortalecer su vivienda y tampoco lo han llevado a cabo.

Según Juan Francisco Correal, director de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica, las entidades y gremios no tienen una cifra clara de las estructuras construidas antes de 1983 que hayan sido reforzadas, y son las autoridades locales quienes deben priorizar estas tareas en las edificaciones públicas.

Conocimiento y prevención: el reto de todos

Además de identificar el riesgo y fortalecer las edificaciones, que la ciudadanía conozca qué hacer ante un sismo y tome medidas de prevención es una tarea vital para reducir la vulnerabilidad del país ante un terremoto; una tarea en la que las autoridades siguen trabajando.

Según cifras de la Federación de Aseguradoras Colombianas (Fasecolda), al cierre de 2016 no más del 10 por ciento de las edificaciones del país contaba con un seguro para cubrir las pérdidas o daños por un sismo. Muchos de estos seguros, además, están ligados a créditos hipotecarios o a la obligación que tienen las copropiedades de adquirir uno, por lo que es fácil concluir que muy pocos colombianos piensan en asegurar su vivienda para un terremoto.

Al ser preguntados, muchos colombianos de diferentes ciudades del país aseguran no sentirse preparados ante un terremoto y solo tener conocimientos básicos sobre qué hacer para salvar su vida.

“Si no sé qué hacer o a dónde ir eso va a generar pánico y situaciones que ponen en mayor riesgo la vida de cada uno de nosotros”, señala Cesar Urueña, director de socorro de la Cruz Roja Colombiana. Entre sus recomendaciones están, por ejemplo, no confiar totalmente en teorías no probadas como la del ‘triángulo de la vida’ sino identificar las columnas y estructuras más fuertes del lugar en el que se encuentre, alejarse de ventanas u otras estructuras que generen riesgo, y evacuar cuando cese el sismo.

Tanto Urueña como Carlos Iván Márquez, director de la Unidad para la gestión de Riesgo, concuerdan en la importancia de participar en los simulacros de evacuación que se realizan cada año en todo el país.

Para Cesar Urueña, es de vital importancia que cada familia del país acuerde protocolos claros para actuar ante una emergencia como un sismo y definir, por ejemplo, un lugar de encuentro dentro de su vivienda, una ruta clara de evacuación y dónde reunirse si durante el sismo se encuentran en diferentes lugares.

Todas las autoridades de rescate insisten en la importancia de tener un kit de emergencia con elementos como una cobija, una linterna, un radio, un pito, agua y un botiquín, entre otros. “El kit no le va a salvar la vida, pero estar preparado sí le va a salvar la vida”, asegura Urueña.

Sin embargo, muchos colombianos aseguran no tener preparado ni el kit ni un plan claro de emergencia.

Claramente el reto de las autoridades sigue siendo capacitar a los ciudadanos en la prevención. Como lo reitera Carlos Iván Márquez, las medidas de gestión de riesgo deben ser permanentes e ir de la mano de los planes de desarrollo de las regiones.