Opiniónagosto 06, 2022hace 10 días

7 de agosto de 2022

Hay incertidumbre y también ilusión, pero es imposible resumir en una sola palabra lo que sienten los colombianos sobre la posesión de Gustavo Petro.

Gustavo NietoGustavo Nieto, subdirector de Noticias RCN - Foto: NoticiasRCN.com

El próximo 7 de agosto comienza una etapa distinta para Colombia. Asume el poder el primer gobierno de izquierda, eso no debería significar nada distinto que podrían llegar más y mejores cosas para los ciudadanos. Todos los ciudadanos. 

¿Cuántas posesiones presidenciales he visto en mi vida?, Al menos diez, por allá en el fondo de mi memoria aparece la imagen de Alfonso López Michelsen, de estricto sacoleva acompañado por su esposa Cecilia Caballero caminando por la calle séptima rumbo al Capitolio luego almorzar ajiaco en la casona colonial de las hermanas Rodríguez Fonnegra. Como era costumbre por esa época. Corría 1974 y el M-19 acababa de irrumpir en la vida nacional tras el robo de la espada de Bolívar. 

También en mi memoria veo por esos años al joven Petro que ya se destacaba como un juicioso alumno del colegio Nacional La Salle de Zipaquirá. No dudo que en su cabeza ya dieran vueltas las primeras ideas revolucionarias y que la posibilidad de unirse a ese grupo subversivo fuera cada vez más real. 

Mientras avanzaba el gobierno de López Michelsen bajo su lema “Mandato Claro", el M -19 se hacía conocer ante la opinión pública. 

El secuestro y asesinato del sindicalista José Raquel Mercado no solo golpeó sensiblemente al gobierno López, también marcó al grupo subversivo. Por esos días el joven Petro seguramente se alistaba para ingresar al Externado a estudiar en la Facultad de Economía.  

A medida que avanzaban los 80 y los 90 Petro fue concejal y su afinidad con el M-19 lo mandó a la cárcel y fue por esa misma época en la que el grupo guerrillero se tomó el Palacio de Justicia.  

Gustavo Petro llegó al Congreso de la República y de a poco se convirtió en protagonista de la política nacional. Mientras el país se debatía entre sus habituales fantasmas, su figura iba creciendo.  No me cabe duda de que desde sus años de Zipaquirá la idea de ser presidente le daba vueltas y construyó una vida pública polémica, si se quiere, pero consistente con su propósito.

Nunca ha hecho cosa distinta que política y elaboró su discurso vehemente y directo sobre los cimientos que le dejaron la desidia del Estado, la ambición de los políticos y la violencia que desangró a generaciones. 

Era imposible que no llegará el día en que fuera escuchado. Era cuestión de tiempo. Años de polémicos gobiernos allanaron el camino para lo que sucederá el próximo domingo.

Por estas y otras razones la expectativa no puede ser mayor, hay incertidumbre y también ilusión, pero es imposible resumir en una sola palabra lo que sienten los colombianos sobre la posesión de Gustavo Petro como presidente de la República. 

Más allá de las posturas del nuevo mandatario sobre temas esenciales, posturas que empezó a elaborar desde aquellos años de bachillerato, lo único que termina importando es que construya lo necesario para el bien de todos. 

Ojalá eso sí, sobre la base de que el gabinete y las poderosas bancadas en el Congreso lo interpreten bien cuando dijo, en su discurso de la victoria, que el cambio no podía significar odio o venganza.  

El 7 de agosto comienza la cuenta regresiva para varias reformas que son vitales en el plan del gobierno Petro, la tributaria, la agraria, la de la Policía, la del Congreso, entre otras y que deberán estar listas antes de que termine el año. 

Para eso el mandatario electo, con la misma paciencia y sagacidad con las que elaboró su carrera política, logró alianzas con gran parte del llamado "establecimiento”.

Todo eso lo llamó "unidad nacional", que para unos no es más que una repartija de burocracia y presupuestos y para otros, la única oportunidad de que cambios tan ambiciosos tengan viabilidad.

Yo en mi más profunda convicción espero que de verdad esas alianzas obedezcan a un deseo genuino de convocar al país entorno a las reformas que le convienen. Reformas probablemente planeadas en su mente desde hace años, cuando López asumía el poder y Petro apenas era un adolescente en Zipaquirá.

Sin embargo, los acontecimientos de los días previos a la posesión hacen presagiar un camino algo tortuoso para el nuevo gobierno.

La elección del Contralor le está recordando que no hay acuerdo sin algo a cambio, las peleas dentro del Pacto y las salidas en falso de algunos de sus escuderos hacen prever que no son tan Pacto y que la presión por cumplir lo prometido puede terminar por hacerlos estallar. 

De hecho, apenas a unas horas de posesionarse, el gabinete no está completo, una situación inusual que por lo menos llama la atención. 

No dejan de sorprender propuestas como la "ley de acogimiento" que supuestamente da sentido a la llamada "paz total", aún los penalistas tratan de entender dónde y cómo eso se acomodará en nuestro sistema jurídico. Y así se va llegando al día de la posesión, día que será verdaderamente histórico si se cumple la promesa principal: unir al país. Ese sería el verdadero cambio, ese que se empezó a fraguar hace 50 años en las calles de Zipaquirá. Un cambio que pacientemente esperó su momento y que con sinceridad esperamos tenga éxito, porque todos queremos mejorar, estar bien, ¿quién riñe contra eso?, creo que nadie, pero todo dependerá de la grandeza que tengan los llamados a protagonizar este capítulo de nuestra historia.

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