Opiniónseptiembre 07, 2021hace un mes

A llenar el vacío de liderazgo existente

Las propuestas populistas son cantos de sirena que usan la pobreza para llegar al poder y no medios para erradicarla sino para mantenerse en él.

@josetorresf en Twitter*

Los idearios contienen el repertorio de las principales ideas de una persona o de una colectividad, pero, cuando son muy generales, no permiten saber a ciencia cierta qué es lo que desarrollará el candidato cuando llegue al poder. 

Se prestan para cualquier cosa. Los planes de gobierno, en cambio, cuando son concretos y no vagos, sí permiten saberlo y es allí en donde deben centrarse los candidatos y la atención de la ciudadanía. Allí radica la diferencia entre vaguedad y concreción y entre idealismo y realismo.

Es como si en las empresas su presidente se limitare a presentar un catálogo de buenas intenciones, siendo que le corresponde presentar a su junta directiva y a sus accionistas, la visión que tiene de la empresa, acompañada de objetivos y planes concretos -construidos a corto, mediano y largo plazo-, al igual que de cifras que contienen las proyecciones de su gestión esperada. 

Ello es lo que permite hacer adecuado seguimiento a la gestión y tomar los correctivos a que haya lugar cuando quiera que se presenten desviaciones presupuestales o de los objetivos.

Por distintas razones, en las que destaca la pandemia, la situación actual no es la mejor y es propensa para devaneos populistas y de izquierda por lo cual urge un compromiso articulado para enfrentarlos, como lo venimos sosteniendo. 

Ello es tanto más urgente pues la percepción de que las cosas están empeorando, según reciente encuesta de Invamer, llegó a ser del 90% en abril del presente año, la peor de los últimos gobiernos, contando desde el gobierno de Cesar Gaviria e incluyendo los de Samper, Pastrana y Santos, que registran las peores mediciones. En agosto esa percepción bajó al 77%, que sigue siendo bastante alta.

Otro tanto ocurre con la percepción acerca de la inseguridad: un 96% considera que está empeorando y ello es más preocupante si se observa que la opinión favorable acerca de las Fuerzas Militares es del 53%, la más baja de los últimos gobiernos y viene mostrando una acelerada caída pues era del 85% apenas hace 16 meses. 

Por otro lado, la imagen favorable de la Policía es del 38%, también la peor de todos los gobiernos. Con otras palabras, en el actual gobierno las Fuerzas Militares y de Policía han visto deteriorada su imagen en forma importante, lo que en buena medida se explica por la campaña de desprestigio que hubo contra ellas con ocasión de las marchas y la tibia defensa que el Gobierno hizo de aquellas.

De los partidos políticos no se puede esperar mayor cosa: están totalmente desprestigiados, en grado tal que la mayoría de los candidatos han optado por lanzarse por firmas y no acudiendo a los avales que otorgan, lo cual de por sí es muy diciente. 

La opinión desfavorable sobre los partidos es del 89% y la favorable, del 5%. La opinión desfavorable del Congreso es el 86%, la peor de los últimos años, y la favorable del 8%. 

Además, la mayoría de las instituciones no sale bien librada en la encuesta, que muestra altas opiniones desfavorables y ello incluye a la Corte Constitucional (58%), Procuraduría General de la Nación (59%), Contraloría General (62%), Fiscalía General (72%), Corte Suprema de Justicia (72%) y el sistema judicial colombiano (86%). 

Aún la Iglesia Católica registra en los últimos años un crecimiento en la opinión desfavorable, que del 17% que era en el gobierno de Andrés Pastrana, pasó a ser del 36% y la opinión favorable, que era del 75%, ahora es del 57%.

La opinión sobre los empresarios, en cambio, registra una evolución favorable en la opinión: del 50% en época de Pastrana pasó a ser del 62% y es algo que debe destacarse, teniendo en cuenta la percepción sobre las demás instituciones. 

Ya que la clase política está ausente de los problemas del país, corresponde a los empresarios, más que a nadie, cabalgar sobre esa imagen favorable para exigir a los candidatos planes concretos de gobierno y no las generalidades con las que suelen acercarse estos a pedir subvenciones económicas para sus campañas.

Los vacíos de liderazgo siempre son llenados y en las actuales circunstancias los empresarios deben colocar todo su empeño en contribuir a que exista, construyendo planes de generación de empleo susceptibles de ser adoptados por los candidatos que mejor representen sus intereses. 

Es muy loable que algunos gremios se muestren dispuestos a pagar más impuestos, pero la mejor contribución al desarrollo y a la reducción de la pobreza no se da por esa vía, sino que viene dada por la creación de oportunidades laborales, por la identificación de los sectores en los que se vislumbre que ello es posible y en dónde el país es más competitivo y por la creación de estímulos para favorecer el empleo y el desarrollo en los sectores identificados. 

Ningún país se ha desarrollado con base en políticas asistencialistas, las cuales solo son admisibles por corto tiempo y por razones coyunturales. 

Existen demasiados ejemplos que demuestran que las políticas de subsidios permanentes atentan contra el desarrollo, agotan los recursos públicos, ahogan a las empresas y matan a la gallina de los huevos de oro. 

Sin empleo y creación de riqueza no hay desarrollo ni progreso, ni recaudo de impuestos ni cómo educar.

Las propuestas populistas son cantos de sirena que usan a la pobreza para llegar al poder y no son medios para erradicarla sino para preservarla y mantenerse en el poder, como se ha visto en la historia de la humanidad.

Google News Haz de Noticias tú fuente de información aquí