Opiniónnoviembre 27, 2020hace un año

Corrupción, un delito igual a una violación | Por: Andrés F. Hoyos E

Cárcel de por vida y en el mismo pabellón de los violadores es que deberían tener estos desvergonzados promotores de tantas muertes, hambre y atraso.

Por: Andrés F. Hoyos E.*
@donandreshoyos en Twitter

Entre las blandas y folclóricas razones de olvido que se dan en Colombia a los casos de corrupción, se encuentran los desenlaces más vergonzosos de un karma con el que hemos convivido en toda la ciega existencia de nuestra justicia, carente de mano dura, realmente dura, para las insaciables sanguijuelas que se nutren con los recursos de todos.

No es un tema nuevo hablar de los casi 50 billones de pesos anuales que la maldita corrupción le roba al país, mientras tantos colombianos son olvidados en la tramitología de la cédula ampliada al 150 por ciento y decenas de maratónicos obstáculos por los que tienen que pasar para irse a morir en la fila de una EPS. Mientras los ladrones se inventan obras de infraestructura millonarias que terminan chocándose contra alguna montaña.

A diario pensamos en que cada emergencia que tiene el país habría podido evitarse si los gobernantes de turno hubieran hecho la tarea para la cual fueron contratados.

Recientemente vimos lo de San Andrés, Chocó, Antioquia, y varios municipios devorados por la ola invernal, como otro caso más, en donde la ciudadanía, que paga impuestos, mueve renta, dinamiza recursos y vota, ha tenido que salir solidariamente a llenar el vacío que dejan los asesinos de los propios recursos que deberían estar destinados para proteger a la gente.

Y es que es claro que nadie puede anticiparse a un desastre natural ni a una catástrofe, pero esa no puede ser la excusa eterna de todos los gobernantes para regatear opinión mientras los corruptos se conduelen desde el teclado de su celular, pagando condenas en su casa por cárcel, construida ladrillo a ladrillo con la vergonzosa y descarada omisión de la estratificación que da nuestra justicia a los doctores “que se equivocaron”.

Cárcel de por vida y en el mismo pabellón de los violadores es que deberían tener estos desvergonzados, (los corruptos), promotores de tantas muertes, hambre y atraso en tantas regiones que deberían estar plagadas de prosperidad y desarrollo para sus habitantes. 

No es entendible que Buenaventura, el puerto de desarrollo más importante de Latinoamérica, tenga los niveles de pobreza tan alarmantes y penosos con los que año a año bate su propio récord. 

Pero no solo Buenaventura; Quibdó, Bosconia, Nuquí, Leticia, Ciénaga, sufren los casos sonados de detrimento de los recursos. La corrupción acá se descaró hace mucho y a punta de firmas y estatutos no se está logrando nada.

Hoy somos el segundo país más inequitativo después de Haití y nuestro índice de percepción de la corrupción publicado por Transparencia Internacional nos da 37 puntos sobre 100, en donde 0 es el infierno y 100 son economías decentes como Dinamarca, Nueva Zelanda y Finlandia.

Mejor dicho, por este lado solo nos gana Venezuela, en donde nos atienden en equidad porque todo el mundo está igual de jodido. 

Ya estuvo bien de dilatar la responsabilidad de nuestra justicia, dedicada a consentir con complicidad los excesos abominables de los corruptos. Válido que la ciudadanía apoye, que done, que se conduela y que multiplique cada esfuerzo para ayudar, pero no es el deber ser que mientras todos corremos a tapar los vacíos que deberían estar cubiertos, los responsables de esa falta de recursos estén viendo para dónde agarran a esperar al niño Dios.

*Comunicador social y periodista. Asesor de comunicaciones estratégicas y columnista

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