Opiniónagosto 31, 2021hace 2 meses

La candidatura de Alejandro Gaviria

Al parecer, Gaviria tomó el camino de la izquierda en la política colombiana y ese será el legado del presidente Duque para su partido, el que lo eligió.

@josetorresf en Twitter*

Resulta refrescante en cierta manera la candidatura de Alejandro Gaviria, quien goza de una trayectoria académica relevante y ocupó importantes cargos públicos. Él mismo afirma pertenecer a una élite académica y haber sido investigador de la problemática social.

Después de ocupar por dos años la rectoría de la Universidad de los Andes, decidió lanzarse a la presidencia con un ideario de 60 puntos sobre sus creencias en materia política, las cuales, según él mismo, no configuran un plan de gobierno. 

En su comunicado de despedida de la comunidad uniandina afirma, con franqueza, que su labor en la Universidad quedó trunca. Renunciar en esas circunstancias le hace un flaco favor a su universidad.

Desde hace muchos meses se rumoreaba su candidatura y la pregunta forzosa es la de si su foco estaba puesto en la candidatura o, por el contrario, en la rectoría. Lo que queda claro es que Gaviria sentó un mal precedente, el de convertir a ese prestigioso centro académico, que aparece como 5º en el último ranking latinoamericano publicado, en una plataforma política.

Viene a la memoria el mal que le hizo a la Fiscalía General de la Nación la candidatura de Alfonso Valdivieso, quien la usó como base de lanzamiento de su campaña presidencial, al igual que la conducta de Mockus al renunciar a la Alcaldía de Bogotá con un propósito similar. 

Es una incógnita la posición que asumirá la Iglesia Católica frente a un candidato que se presenta como ateo, como defensor del aborto y del derecho a morir dignamente. Conocida es la posición de algunos prelados que se muestran más interesados por la cuestión social, tomando parte activa en ella, que por la religión misma.

La condición de académico, por buena que sea, no es garantía de una Presidencia eficaz, pues el ejercicio de esta requiere una capacidad de gestión y de liderazgo superiores. Gaviria ha aludido a una reforma de la salud, pero lo cierto es que ocupó durante el gobierno de Santos el ministerio de salud y, por razones que no entramos a calificar, no hubo reforma de fondo del sector, no obstante que Santos tenía mayorías en el Congreso de la República y lo controlaba.

Evidentemente, hubo tiempo suficiente para estructurarla y presentarla, pero no sabemos si por falta de voluntad política o por las dificultades inherentes al cargo, ello no se hizo.

Como ministro logró la reducción de los precios de algunos medicamentos, pero se le critica severamente la ausencia de resultados positivos con ocasión de la intervención de varias EPS -Caprecom, Saludcoop y Medisalud-.

Gaviria se atribuye haber salvado el sistema de salud de lo que dice era una quiebra casi inevitable, pero no existe consenso sobre la gestión por él adelantada y antes, por el contrario tiene importantes contradictores de su gestión.

Gaviria fue defensor del Acuerdo de Paz y abanderado de la prohibición del uso del glifosato. El resultado fue la explosión de los cultivos de coca, que llevaron al país a ser considerado como el mayor productor de cocaína del mundo y, peor aún, con las secuelas que ha dejado el narcotráfico como combustible para las “disidencias” de las Farc, el ELN y para el vandalismo practicado en las marchas. Colombia se quedó con el pecado y sin el género pues no se ha avanzado en la sustitución de cultivos de coca ni en darle a los campesinos que la cultivan, alternativas de vida. 

Una cuestión que ronda en el ambiente es su cercanía con el presidente Duque y, particularmente, si Gaviria es el candidato de su preferencia. El enroque de la renuncia de la esposa de Gaviria a la junta del Banco de la República y su inmediato reemplazo por Carrasquilla, parecerían indicar que ya estaba todo ello previsto. Coincide con Duque en la alusión al centro: Gaviria habla de centro unificador y el presidente Duque de centro extremo -cualquier cosa que sea lo que ello signifique y que no hemos podido descifrar-. 

También resulta curioso, por decir lo menos, que aun cuando Gaviria menciona que no tiene el propósito de impedir la llegada de nadie al poder, sus primeras declaraciones parecen contradecirlo pues simultáneamente afirmó que la agenda de largo plazo del Centro Democrático quedó atrás, que no es lo que el país quiere, que menos lo que necesita y que jamás votaría por María Fernanda Cabal.

Resalta sobremanera que no se expresó en términos similares respecto de Gustavo Petro, con quien dice haber hablado sobre las ideas liberales, y que tampoco haya dejado la puerta abierta a otros candidatos del CD, como Oscar Iván Zuluaga, cuyas calidades están fuera de toda duda.

El New York Times aseguró en muy reciente artículo que la actuación de Duque podría provocar un giro a la izquierda de la política colombiana, en las próximas elecciones presidenciales. Tal parece que Gaviria va por ese camino y que ese será el legado del presidente Duque para su partido, el que lo eligió, que bien maltrecho queda. Gaviria no tiene votos ni sex appeal político y ser buen técnico no es suficiente para llegar a la presidencia o para manejar las barras bravas de la política.

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