La educación no es un derecho | Por: Michael Sandoval

Que eso sea así no nos convierte en los malos del paseo. Por el contrario, nos posibilita abrir el debate y ser más conscientes de cómo podemos ayudar.

5 Dic 2020 6:00Por: Noticiasrcn.com

Por: Michael Sandoval*
@Libertariosed en Twitter

Decir esto en Colombia es casi un sacrilegio porque inmediatamente te van a situar del lado de Voldemor. Pero ¿qué pasaría si en verdad no fuera un derecho? ¿Qué pasaría si eso que exigimos como derecho lo que hace es esclavizarnos? ¿Es moral la solidaridad a punta de pistola?

Como ya lo diría el filósofo alemán Arthur Schopenhauer “Lo que más odia el rebaño es a aquel que piensa de modo distinto; no es tanto la opinión en sí, como la osadía de querer pensar por sí mismo, algo que ellos no saben hacer”.

En este artículo vamos a mostrar por qué la educación no es un derecho y que eso sea así no nos convierte en los malos del paseo. Por el contrario, nos posibilita abrir el debate y ser más conscientes de cómo podemos ayudar a mejorar la calidad educativa de los menos favorecidos.

En contra de lo que nos hicieron repetir como loritos desde pequeños, la educación no es un derecho, es un bien económico, eso quiere decir que cumplen con 3 características:

  • Es un recurso escaso
  • Satisface las necesidades y los deseos de los consumidores
  • Requiere de inversión parar su ejecución

Este concepto erróneo de la educación como derecho y no como bien económico surge de un malentendido fundamental de lo que constituye un derecho, específicamente el énfasis excesivo de los derechos positivos sobre los derechos negativos.

El Profesor Aeon Skoble hace un excelente trabajo para romper las diferencias entre los derechos positivos y negativos:

Los derechos positivos son aquellos donde le digo al Estado que te obligue a pagar mis cuentas. No solo sobre la educación de mis hijos, sino también los abortos que me quiera practicar o la operación de cambio de sexo que en algún momento alguien se quisiera hacer. Es decir, tramitar privilegios de una parte de la población sobre otra.

Es, en consecuencia, un trato desigual ante la ley. En otras palabras, que doña María, que tiene un puesto de arepas y que en este momento está siendo perseguida por la Alcaldesa de Bogotá por el terrible delito de usar un cilindro de gas, debe comprar menos harina porque debe financiar la operación de alguien en Chapinero que se auto percibe como un transcamello. Eso sería esclavitud en contra de doña María y a favor del transcamello.

Por otro lado, los derechos negativos solo refieren a que otros se abstengan de interferir con tus acciones. Es decir, nadie tiene derecho a quitarte la vida, la libertad o tu propiedad privada.

Pero esta visión no les gusta a los políticos de la justicia social porque allí no se puede seguir dando carne de burro, como lo hacía el programa de alimentación escolar en Bucaramanga, en cabeza del señor Fernando Trujillo Gómez.

En el mundo de los derechos negativos no hay negocio socio y eso es muy malo para los políticos, porque recordemos que --en todo mercado donde la firma de un político represente dinero-- habrá corrupción y ahí está la verdadera ganancia de los políticos.

Quiero dejarlos con tres reflexiones:

1. Esta semana se aprobó el presupuesto de educación en 47 billones de pesos. Eso no fue solidario, te la quitaron a punta de pistola vía impuestos, se la entregaron a los políticos, que se la entregan a los gobernadores y alcaldes que se robarán más o menos, en cada contrato educativo, el 25 por ciento que es lo que tienen estipulado como si fuera parte del protocolo para luego devolvértelo en un servicio de pésima calidad.

Si eso es así, ¿no sería mejor evitarle a nuestro dinero todas estas vueltas?

Por qué no mejor quitan impuestos, quitan burocracia, el dinero vuelve a los bolsillos de los colombianos y la solidaridad vuelve a ser voluntaria y no impuesta.

2. En la tierra de los servicios gubernamentales, la incompetencia se recompensa con mayores presupuestos, y mayores privilegios burocráticos. Por otro lado, la libre empresa responde a los consumidores que tienen el poder de cerrar las organizaciones si sus servicios no están a la altura.

El concepto de que la educación debe disfrutar de un monopolio gubernamental ejemplifica la arrogancia de los actores políticos que piensan que las personas libres son incapaces de llevar servicios educativos al libre mercado.

Shakira, por ejemplo, es el caso perfecto de cómo un benefactor social puede entregar educación de buena calidad a los menos favorecidos, sin correr el riesgo de que sean intoxicados con carne de burro en el proceso.

3. ¿Todavía crees en la verdad inamovible de que la educación es un derecho?

“Lo que más odia el rebaño es a aquel que piensa de modo distinto; no es tanto la opinión en sí, como la osadía de querer pensar por sí mismo, algo que ellos no saben hacer”.

 

* Pedagogo en emprendimiento infantil y juvenil

 

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