Opiniónoctubre 15, 2021hace un mes

La vacuna contra la soledad

¿En condiciones afectivas paupérrimas de los jóvenes actuales es posible que estudiantes aprendan el arte de conectarse con otros, antídoto contra la soledad?

Miguel de Zubiría*

@migueldezubiria en Twitter

¿Es necesaria y posible una vacuna contra la soledad? Necesaria definitivamente, pues la soledad está escalando sin pausa a niveles que en el pasado reciente nadie siquiera imaginó. Los datos del Instituto de la Soledad la ubican en alta o muy alta para el 49% de los jóvenes. Mientras el gran estudio, varias veces citado de la Universidad de Harvard nos recuerda que la principal y definitiva fuente de las felicidades humanas son los vínculos y las relaciones de calidad, intensidad y variedad. De allí que las personas solitarias se pierden la fuente primaria de las felicidades humanas, ni más ni menos. La soledad es todo menos un asunto menor.

¿Pero es posible diseñar una vacuna y un antídoto eficiente contra esta epidemia de la modernidad? Causada por enormes cambios en la estructura de las familias, que en un par de siglos pasaron de ser extensas, de reunir hasta 100 parientes campesinos apegados a la tierra por muchas generaciones a los núcleos fragmentados actuales, demasiados de ellos habitados por una mujer y su hijo único. ¿En tales condiciones afectivas paupérrimas es posible que nuestros estudiantes aprehendan el milenario arte humano de conectarse con los otros?

Es una labor casi que imposible, porque todas las circunstancias están en contra. Aun así ¡hay que intentarlo! Es la meta auto propuesta del Instituto Colombiano de la Soledad: diseñar una posible vacuna y antídoto psicológico contra la soledad, por ende, promotor de las necesarísimas felicidades vinculares.

Te invito a pensar esta situación. Qué pasaría si los estudiantes de un colegio o universidad destinan sólo tres horas totales a:

  • Descubrir los beneficios para ellos de crear y alimentar buenos vínculos e interacciones
  • Analizar los vínculos característicos de la infancia, la juventud, la adultez y la vejez, para entender la estructura interna de cualquier vínculo humano, a fin de cuantificarlo.
  • Aprender a radiografiar cada uno de sus vínculos actuales. A diagramarlos, dibujarlos, y sacar las conclusiones personales del interconocimiento.

Descubrirían el valor inmenso de los buenos vínculos. Los conceptualizarían y conocerían su yo relacional número dos. A fin de mejorar los vínculos que lo requieran y omitir o eliminar aquellos que les producen más sufrimientos, tensiones o malestar que bien-estar.

Sólo se requeriría invertir tres horas de clase. ¡El problema es que aún no existe tal –necesarísimo- profesor de auto conocimiento, ni menos de interconocimiento!

Si sería el diseño básico de una posible poderosa vacuna y antídoto contra uno de los males irresolubles del siglo XXI, cuando tenemos todo menos lo fundamental: con quienes compartir nuestra existencia: la trágica soledad.

Psicólogo afectivo, profesor de autoconocimiento*

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