Opiniónagosto 24, 2021hace 5 meses

La vergonzosa “maña” de usar a los niños como comodín político

Si hay algo peor y más condenable que los robos descarados de los fondos públicos, es que se amparen en los niños para usarlos con mañas delictivas.

@donandreshoyos en Twitter e Instagram*

Y es que no son solamente los 70 mil millones que suenan por estos días. A diario en Colombia se oyen historias de alimentos que se pudren, hospitales que se cierran, jardines infantiles que se les otorgan a uniones temporales que no tienen ni idea de educación, brigadas de salud que nunca llegan, millonarias escuelas que no tienen siquiera un tablero; y peor aún, licitaciones que defienden a capa y espada para llevar salvación a las zonas vulnerables del país, cansadas ya que las usen y volteen a ver solamente cuando se avecina el manjar de los votos.

Por fortuna los habitantes de la periferia nacional ya son conscientes que por esta época empiezan a tomar la habitual relevancia y visitas ilustres que, en el afán electoral, tejen las acostumbras promesas que siempre han oído en la misma cancha de fútbol que sin cancha, si van a reconstruir “para dar mejores condiciones de vida a la juventud promisoria de” cualquier zona a la que van y se mandan el mismo discurso.

Es que parece un formato al que solo le cambian el sitio donde se tiran las promesas y lo rematan diciendo que “es por el bien de los niños y estas generaciones venideras a las que” le sueltan descaradamente la responsabilidad del cambio social y político que ellos están ayudando a manchar. Se lavan las manos sin filtro alguno y casi que cantan que es más de lo mismo, en el único objetivo de beneficiar sus bolsillos a costa de lo que sea, para que sean ellos, “las futuras generaciones” las que arreglen el problema cuando ellos ya estén en alguna isla paradisiaca disparándose algún aperitivo.

Históricamente ha sido muy jodido y casi que romántico pedir que no exista corrupción, más en un país con tantas necesidades humanas y vitales como las tiene Colombia. Es que no estamos hablando de construir una biblioteca más moderna, una carretera más amplia, o una cerca con más arbolitos; estamos hablando de niños que mueren de hambre o se intoxican porque no les llega comida o peor aún les llega podrida, como resultado de contratos millonarios justamente para que no pase eso.

Los gobiernos de turno ya no saben qué más inventar: conectividad para los niños, educación para los más vulnerables, seguridad para las zonas apartadas, comedores comunitarios para la primera infancia, salud y calidad para todos, y una serie de habladurías y pretensiones maquiavélicas que nunca llegan al fin que se propusieron.

Ya va siendo hora de que los objetos misionales de las contrataciones y sus fines de verdad sean vigilados con seguimiento riguroso y bajo órdenes de cumplimiento esos descaches “de buena fe” sean asumidos individualmente por quienes desfalcan a la nación. No es justo que además de utilizar a los niños para las excusas delictivas, seamos todos los colombianos los que tengamos que pagar esos “errores” millonarios de los que se benefician los mismos de siempre.

*Comunicador social y periodista, Asesor de comunicaciones estratégicas, CEO MM&C y Columnista

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