Opiniónnoviembre 17, 2022hace 13 días

El balance mediocre de la oposición

Los múltiples y justificados balances que se han hecho sobre los 100 días de Gustavo Petro, deben complementarse con un análisis sobre la oposición.

Mauricio Jaramillo opinión Mauricio Jaramillo, columnista de opinión de Noticias RCN.

Los múltiples y justificados balances que se han hecho sobre los cien días del gobierno de Gustavo Petro, deben complementarse con un análisis sobre el desempeño de la oposición.  Antes que nada, se debe recordar que tras al resultado de las elecciones, quien debía ejercer como líder, Rodolfo Hernández, terminó renunciando a su curul en la Senado – escañó que, por cierto, no puede llenarse con un reemplazo pues su mandato es intransferible-. Esto dejó los casi diez millones y medio de votos que consiguió en el aire, confirmando de paso, los riesgos de la personificación de la política y el establecimiento de partidos alrededor de una persona.

Ese fue el primer revés que ha tenido que enfrentar la oposición colombiana en estos primeros cien días de gobierno, por eso este periodo en que principalmente el Centro Democrático actúa como cabeza de la oposición no puede equipararse con el segundo de Juan Manuel Santos, pues esta vez le hacen contrapeso a su contradictor ideológico natural y a quien jamás pensaron que podía llegar al poder.  En ese periodo, la tarea fue mucho más clara pues, tenían un líder visible, Álvaro Uribe además de un objetivo despejado. Uribe se convirtió en interlocutor de quienes disentían del proceso de paz con las FARC y canalizaron todas sus movilizaciones al plebiscito de noviembre de 2016 que los catapultó a la presidencia dos años más tarde. Esta vez, la oposición parte en desventaja, primero por haber cometido el craso error, en el caso del Centro Democrático, de haber abandonado rápidamente en la carrera presidencial, candidatos de su entraña, con la falsa ilusión de que afuera, estaban quienes podían contener a Gustavo Petro. Hoy el CD como principal movimiento opositor paga caro haber desechado a Oscar Iván Zuluaga, a quien fueron invisibilizando hasta hacerlo renunciar, y posteriormente a Federico Gutiérrez al que “le soltaron la mano” en la primera vuelta dejando el destino de la derecha en manos de una candidatura improvisada e inflada a punta de redes sociales. La hoy oposición llegó a justificar la postura de Hernández de no asistir a los debates y a cambio de nada, entregó un mandato que comprobadamente el ingeniero despreció.

Por eso en estos primeros cien días, la oposición parece fragmentada, debilitada y sin un plan estructurado para hacerle contrapeso a un gobierno al que se le puede controvertir por varios desaciertos. Sin embargo, la oposición optó por otro camino. En lugar de visibilizar las contradicciones en el discurso en materia de transición energética y la falta de claridad sobre el rumbo con discusiones pedagogías y claras, ha privilegiado las teorías catastrofistas acerca de una salida masiva de capitales y una venezolanización incomprobable como poco posible de la política monetaria. A la administración actual hay que exigirle claridad acerca de la gradualidad de la transición energética y ecológica, pero con esta oposición resulta imposible pues ha dejado el tema del medio ambiente en manos del centro y de la izquierda.

En el colmo del delirio Mara Fernanda Cabal cataloga los Acuerdos de Escazú como una imposición del globalismo, noción vacía de la que poco se sabe y que nada dice al ciudadano de a pie, y Oscar Iván Zuluaga repite lo que en coro la oposición plantea: la renuncia de Irene Vélez, ministra de minas y energía como fórmula mágica para que frenar la devaluación del peso.

Ante el evidente error de determinados sectores del oficialismo de convocar a marchas en favor del gobierno, la oposición terminó jugando el peligroso juego de desacreditar a quienes salieron a manifestar simpatía por estos cien días de la centroizquierda. Ha sido patético ver a la oposición tratando de restarle puntos al gobierno o de controvertirlo haciéndole un minucioso conteo de las personas que asistieron al concierto de la banda Dr. Krápula, detalle menor que sigue banalizando la política.

Algo similar ha ocurrido con la reforma tributaria y la política de control del consumo de las drogas. La oposición, al mejor estilo de la demagogia que por hoy campea en EEUU y en Europa con efectos nocivos sobre temas que requieren la factibilidad científica, recurre a los eslóganes vacíos para afirmar que el gobierno persigue al salchichón y estimula la adicción por las drogas de entretenimiento.

Esta oposición fragmentada y que parece haber perdido la brújula, debe recordar que la izquierda ha ganado elecciones locales y una nacional haciendo una tarea opositora digna. La carrera de Claudia López, Gustavo Petro o incluso en el pasado de Lucho Garzón, se labró por controvertir, disentir y ejercer un estricto control político sobre los gobiernos de turno. En los mismos sectores de la derecha se suele repetir que su desempeño como congresistas -López y Petro- fue respetable. Si esta oposición desea volver a gobernar en el corto plazo, deberá corregir el rumbo y entender que sigue despilfarrando la oportunidad de controvertir con altura, y tarde o temprano, pagará las consecuencias en las urnas.    

 

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