Opiniónseptiembre 09, 2023hace 17 días

Si Petro no sabe gastar, no le den de más

"Les ha quedado grande echar a andar su revolución. El bus del cambio se quedó varado sin salir del garaje".

Mateo CardonaFoto: Noticias RCN

Llegamos al primer año del gobierno del Pacto. Les tocó administrar el primer presupuesto organizado por ellos, el de la vigencia 2023. Van nueve meses y las cifras de ejecución son escandalosas. No han usado los recursos públicos al ritmo normal de una administración. Algunos ministerios como Agricultura, Ambiente, Comercio, Deporte, Cultura, Hacienda, Interior, Justicia, DNP, Dapre, Cancillería, Transporte, y Vivienda, tenían al finalizar julio una ejecución por debajo de 22%. Ahora presentaron el proyecto de Presupuesto para 2024 por 502 billones, incrementando el gasto de inversión en un exagerado 32% respecto del presupuesto de este año.


Los términos ‘apropiaciones’, ‘ejecución’, ‘compromisos’, o ‘regla fiscal’, pueden ser confusos o ignorados por la mayoría de ciudadanos, pero hay que tratar de explicar su importancia para entender la gravedad de lo que ocurre cuando gobiernan populistas sin aptitudes gerenciales, y sin experiencia. Se dedican a dar discursos para emocionar a sus votantes, pero desprecian la evidencia, trivializan a los técnicos y reprochan la construcción sobre lo construido.
Petro lleva un cuarto del tiempo para el que fue elegido y ya observamos que su Presidencia será una fotocopia ampliada de lo que fue su Alcaldía de Bogotá. En 2015 denunciaba una concejala que, al 30 de septiembre, tres meses antes de terminar su gobierno, solo había ejecutado el 57% del presupuesto de inversión para el cuatrienio. Coincide con las cifras y la alarma que puso más adelante la Veeduría Distrital de ese momento, dirigida por Adriana Córdoba, en la que señalaban que la ejecución de esa Administración había sido la más baja de los últimos años.

Eso, sumado al contraste entre las promesas de campaña, y los resultados tangibles, permite aseverar que el incumplimiento fue mayúsculo. El costo de esa gestión fue que terminó su periodo con solo 30% de aceptación de los bogotanos. Sin contar los gastos irresponsables y sin fundamento prometidos en campaña, hay que recordar cómo hicieron una reforma tributaria que aumentaría el recaudo con el pretexto de financiar programas sociales.

Muchos pensábamos que, bajo la lógica politiquera, el gobierno iba a utilizar ese ‘chorro’ de recursos para ganar espacios en las elecciones regionales de octubre; pero no ha sido así. Y no es que se hayan vuelto éticos de repente, o que no quieran que la chequera del gobierno interfiera en las urnas. Es que simplemente no han podido. No saben por dónde comenzar. Les ha quedado grande echar a andar su revolución. El bus del cambio se quedó varado sin salir del garaje. Los tres años faltantes no serán muy diferentes.

¿Para qué se hicieron elegir si no tenían la preparación? Hace algunos días el presidente Petro conminó a su gabinete a subir las cifras de ejecución en un mes; el que no lo logre se va. Lo que pareciera una buena instrucción de un jefe preocupado por las cifras, viene con un altísimo riesgo de corrupción y politiquería. Van a correr a gastar plata, contratando a la carrera o entregando subsidios de forma desordenada y sin planificar.  Imaginemos a los políticos tradicionales que hoy ejercen como ministros, con la necesidad de gastar en el menor tiempo posible.

A veces uno se pregunta si es mejor que se dediquen a gobernar de verdad, o que pasen sin pena ni gloria. Sabiendo que la moderación desapareció, el arduo trabajo del Gobierno Petro, implica que harían hasta lo imposible por sacar adelante sus peligrosas reformas cargadas de mucha doctrina y poca evidencia.

De la mano de los debates sobre la ejecución presupuestal, empezó la discusión pública sobre el presupuesto de la Nación para 2024. La sorpresa: En inversión será 32% superior al del 2023. Una lectura dramática para cualquier liberal es que tendremos un estado mucho más grande; es decir, más plata de nuestros impuestos para pagar burocracia, eventos públicos, gasolina, tiquetes, hoteles y logística para que los funcionarios proclamen discursos en costosas tarimas. De inversión real, poco. De productividad nada. 

Las críticas a ese proyecto de presupuesto no han faltado y con justa razón. Expertos han alertado que ese presupuesto de 2024 está desfinanciado en cerca de 30 billones y amenaza con incumplir la regla fiscal. Una irresponsabilidad. ¿Con qué cara les incrementaría el Congreso en ese tamaño el cupo de gastos cuando en su primer año han demostrado una incapacidad histórica?

El Congreso en la discusión del Presupuesto debería responsablemente darle un mensaje contundente al Gobierno: Demuestre que usted sabe administrar, y ahí sí, le doy más.

por:Mateo Cardona Hurtado

Mateo Cardona Hurtado

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