Opiniónmayo 12, 2021hace un mes

Que no nos consuma la violencia

Aquellos que poseemos una fuerte esperanza y fe en este bello país, tenemos el deber de crear los mecanismos para una salida pacífica.

Por: Carlos Noriega*

Tristeza y lamentación, son palabras insuficientes ante el sentimiento causado por lo vivido en el país, en estos últimos dias. El odio, la muerte y la destrucción se han apoderado de toda forma de comunicación asegurando el ser consumidos, hasta las cenizas, por la violencia.

Pero todavía hay tiempo, y aquellos que poseemos una fuerte esperanza y fe en este bello país, tenemos el deber ineludible, de crear y ayudar a construir los mecanismos necesarios para una salida pacífica y negociada ante la barbarie que se vive en las calles. Por mi parte, expresare unos puntos cruciales que espero se tomen en cuenta para avanzar en el dialogo.

Lo primero es, QUIEN CON MONSTRUOS LUCHA, CUIDE DE CONVERTIRSE A SU VEZ EN UNO. Este frase, la escribió el famoso filósofo Friedrich Nietzsche en su obra; Más allá del bien y el mal. Y aunque es sabido lo críptico que son los escritos de este filosofo, por esta ocasión, la conclusión lógica más simple de esta frase, sirve perfectamente para el mensaje que quiero dejar.

Y es que ceder ante la violencia en búsqueda de justicia, aunque exista una justificación razonable e indiscutible, mancilla y desvirtúa el principio diferenciador entre la venganza y la justicia. Cuando la venganza usurpa el puesto de la justicia, arrastra a las partes al ciclo destructivo de pasar de víctima a victimario y viceversa. O como lo dice el conocido refrán viviremos en la ley del “ojo por ojo”.

Segundo, pensemos un poco ¿Quién gana con todo esto? ¿Es acaso el gobierno de Duque? ¿La policía? ¿Gustavo Petro? ¿Los jóvenes? ¿Los comerciantes? Todas estas preguntas son erróneas, la verdadera es ¿Quiénes perdieron? Y su respuesta es; TODOS. Son colombianos, los que lloran los muertos -tanto protestantes como policías- sufriendo en silencio entre el caos, el virus y la pobreza. Son colombianos, los que tienen que asumir con impuestos los daños a propiedad pública y privada, que agudiza la delicada situación socioeconómica. Son también colombianos, los que tienen que escarbar entre los escombros para reconstruir sus vidas.

No podemos seguirle el juego a los violentos y, para ello, debemos empezar por ser tolerantes ante la pluralidad de visiones políticas, económicas y sociales que existen. Además, debemos aprender a votar. Porque no podemos esquivar nuestra responsabilidad cuando hemos sido quienes han dado poder a quienes gobiernan. El voto, es la máxima expresión que la democracia posee, es la garantía de paz en las transiciones del poder público, es la mejor forma de mostrar nuestra indignación, la mejor forma de anunciar al mundo que queremos un cambio. Pero aún más importante que todo lo anterior, el voto, es la declaración más grande de paz y de renuncia a la violencia.

*Administrador de empresas y CEO del medio especializado digital El Bastión.

Por: Carlos Noriega
Google News Haz de Noticias tú fuente de información aquí