Opiniónnoviembre 03, 2022hace un mes

Volatilidad del dólar, ¿hay responsabilidad política?

Uno de los temores con la elección de Gustavo Petro consistía precisamente en una fuga de capitales y en la reducción de la inversión extranjera.

Volatilidad del dólar, ¿hay responsabilidad política?Foto: NoticiasRCN.com

Jamás en la historia de Colombia se había visto tanta preocupación por la volatilidad del dólar. Uno de los temores con la elección de Gustavo Petro consistía precisamente en una fuga de capitales y en la reducción de la inversión extranjera, producto de cambios drásticos en las reglas de juego y la desconfianza por parte de sectores que temían una intervención agresiva del Estado en la economía. Petro consiguió que, José Antonio Ocampo, asumiera la cartera de Hacienda y con ello, buena parte de las dudas se disiparon y hasta el momento, no ha habido anuncios que sugieran ni nacionalismo económico ni demagogia en política, social, fiscal o de cara a la inversión extranjera. Tampoco asoman amenazas a la independencia del banco central. Petro gobierna, como sus homólogos progresistas Gabriel Boric, Alberto Fernández y Xiomara Castro, bajo la figura de unidad nacional que incluye a un centro caracterizado por la moderación.  

Los antecedentes de Pedro Castillo en el Perú, cuando resultó inesperadamente elegido, son claros como aleccionadores. Como candidato habló de nuevas reglas de juego para la inversión extranjera y propuso un esquema de economía popular. Apenas se supo de su elección y a pesar de la moderación, el sol se devaluó frente al dólar casi un 9% y de forma precipitada varios peruanos sacaron su dinero del país previendo una crisis económica severa. El escenario recordó un episodio similar cuando fue elegido Ollanta Humala en 2011, cercano a Hugo Chávez en campaña, por lo cual las especulaciones acerca de un viraje calcando el proyecto venezolano no faltaron. Sin embargo, fueron rápidamente disipadas. Castillo ha enfrentado varias crisis políticas, pero ha mantenido la moderación en materia económica. Hasta ahora, Perú no ha sido castigada por las agencias calificadoras de riesgo. Más que el discurso del gobierno sobre inversión, preocupa la inestabilidad política que arrastra el país desde la elección de Pedro Pablo Kuczynsky en 2016.  

En Argentina, en 2019, cuando Mauricio Macri perdió las primarias y se sabía que era muy probable la elección de Alberto Fernández, el peso se desplomó respecto del dólar en un 25% y la Bolsa de Buenos Aires sufrió una caída histórica del 38%. Todo basado en la expectativa de un nuevo gobierno peronista y sin que este hubiese anunciado ningún tipo de radicalismo. Estos casos muestran que, en el último tiempo, se asiste a una sobrerreacción de los mercados frente a la expectativa de la llegada de gobiernos progresistas. Colombia no ha sido la excepción. Desde que fuera elegido el progresismo, varios representantes de la oposición se apresuraron a alarmar acerca de una subida del dólar producto de la salida de inversión extranjera y la salida masiva de capitales. Margarita Restrepo, del Centro Democrático, trinó el 9 de agosto que “muchos están pensando en sacar sus capitales del país” (la misma que trino en medio de la elección que la derrota de Petro era inminente) y Nancy Patricia Gutiérrez, funcionaria del gobierno Duque, en junio denunciaba que la inestabilidad del dólar era producto de que no se sabía a ciencia cierta en que consistiría el cambio. La oposición juega con las expectativas frente al dólar, una estrategia poco ética, además de riesgosa para el conjunto de colombianos.  

Si bien el gobierno ha tenido desaciertos por los cambios en el discurso sobre la matriz energética, buena parte de la volatilidad se explica por la coyuntura internacional marcada por las perspectivas de recesión en EEUU, el incremento de las tasas de interés en ese país, la desaceleración de la economía por la guerra en Ucrania y la búsqueda masiva de dólares como activo refugio. La situación golpea a varios Estados, incluso del norte industriado como Japón, tercera economía del mundo que vive su peor devaluación en 32 años. En intento desesperado acaba de abrir sus fronteras a 68 países para acceder a divisas por vía de turismo. Y, en Reino Unido, la libra sufre su peor caída en 37 años. 

Nada exime al gobierno de la responsabilidad, pero se debe recordar que los mensajes de calma a mercados y a la inversión han sido claros. Aunque la oposición siga insistiendo en que habrá cambios en las reglas de juego -se ha llegado incluso a hablar de que se aprobaría una nueva Constitución- no parece haber voluntad para semejantes saltos al vacío, menos aún, en un ambiente internacional de incertidumbre y contracción. La reacción de los mercados pone en el debate la dificultad para determinar dónde está la frontera entre la irresponsabilidad de los gobiernos para hacer cambios en el modelo y lo que podría ser un chantaje que vulnera su soberanía para decidir el rumbo de su economía. 

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Mauricio Jaramillo Jassir
Profesor Universidad del Rosario
Twitter: @mauricio181212

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