Opiniónagosto 13, 2022hace 6 meses

¿Y ahora qué? 

Todas las políticas públicas tienen procesos de corto plazo que generan traumatismos a la sociedad, más cuando estas buscan o tienen carácter estructural.

Alexander RíosFoto: NoticiasRCN.com

Es curioso como en Colombia la frase “reforma tributaria” se volvió paisaje cada dos años -o menos – por ello no fue sorpresivo el hecho que el primer día del nuevo gobierno se radicara, la tan ya citada y debatida en redes, “reforma tributaria para la igualdad y la justicia social”. Tal como lo prometió el hoy presidente durante toda su campaña, esta sería una reforma de corte “progresista” con enfoque en cerrar las brechas sociales e incentivar la transición energética de nuestra economía sin descuidar la sostenibilidad y estabilidad de las finanzas públicas. Suena deseable, pero en alguno de estos objetivos simultáneos existe un sofisma por lo menos en el corto plazo. 

Dicho esto nos queda preguntarnos: ¿Qué más viene en materia legislativa desde el nuevo gobierno? Podemos comenzar por una reforma, quizá conjunta, entre lo pensional y lo laboral, tema de urgencia para comenzar a subsanar el déficit del régimen público de pensiones. En este mismo sentido podemos anticipar, la ampliamente mencionada en tiempo de campaña, reforma agraria que buscará en línea con la actual tributaria, volcar los esfuerzos productivos al agro y menos a la actividad extractivista. Finalmente, las reformas en salud y educación son otras de las grandes promesas de campaña. 

Ahora bien, todo esto parece ser al fin la solución a la problemática social y económica que vive nuestro país; sin embargo, pecamos generalmente por buenas intenciones, pero ignoramos casi que de inmediato los posibles resultados. Esto se debe a que el común de las personas ignora que toda política económica tiene mecanismos de transmisión paulatinos hacia la economía real. No por decretar una política que indique que el hambre se terminará esto pasará de facto, aplica para cualquier fin. 

Todas las políticas públicas tienen procesos de corto plazo que generan traumatismos a la sociedad, más cuando estas buscan o tienen carácter estructural. Cada sector económico, estrato, población o etnia tiene intereses diversos y por tanto reaccionarán diferente a la mecánica de incentivos bajo las cuales se estructuran las políticas públicas. Y acá viene mi punto, pasaremos del sobre diagnóstico, extensamente documentado, a la sobre ejecución, lo que podría causar que se abran las puertas del oportunismo político de la mano de la incertidumbre fiscal, y en este sentido no nos podemos equivocar, el mundo nos observa a través de las calificadoras de riesgo que ya advirtieron sobre la endeble situación fiscal que vive Colombia derivado de los efectos postpandemia. 

La construcción y ascenso de Roma fue lento y tardío; no obstante, bastó una noche para que casi toda fuera destruida por las llamas. Menciono esto justamente porque los vientos de cambio parecen colocar premura en la presentación y ejecución de reformas legislativas, lo que sin duda representa una carga directa al erario además de las externalidades negativas propias de cada sector, grupo o etnia, como se dijo anteriormente. 

Lo que se plantea en el gobierno entrante, sin duda alguna, representará un cambio estructural en las dinámicas económicas de nuestra economía, por ello el riesgo de sobreactuar no es bajo. Cambios drásticos tienen consecuencias por lo menos drásticas, es allí donde se hace un llamado a la prudencia política y al debate riguroso. No por hacer algo rápido implica que se hizo bien y bajo esta lógica los comunes “fast track” o “carácter de urgencia” juegan en contra de los intereses de toda la sociedad colombiana. 

Para finalizar, jamás sobra recordar que en el mundo de la política -al igual que en el de las inversiones- existen restricciones económicas y los gobiernos no son ajenos a esta realidad. Si bien las políticas publicas buscan atacar muchas de las problemáticas sociales como el desempleo, la informalidad, la pobreza y demás, estas mismas problemáticas actúan en el corto plazo como restricción, pues en el afán de mostrar acciones frente a estas afectaciones sociales pueden generarse efectos colaterales, indirectos o directos que podrían agravar la situación. 

Quedará para la posteridad que el gobierno entrante será bien apodado “el gobierno del cambio”, pero lastimosamente en la realidad económica, tal como en la vida, los cambios pueden ser para bien o para mal. Solo el tiempo lo dirá.

 

 

@inverxia_co
Economista, analista económico.

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