Deforestación en Guaviare: el millonario plan de bioeconomía para salvar la Amazonía
Frenar la deforestación en la Amazonía ya es una realidad en Guaviare.
Rafael Navas
10:30 a. m.
En un esfuerzo sin precedentes por proteger el pulmón del mundo, el departamento del Guaviare ha decidido cambiar el rumbo de su historia económica y ambiental. Con la reciente aprobación de la Política Pública para el Desarrollo Económico Sostenible con énfasis en Bioeconomía (PPDES+B) 2026-2036, la región asume el compromiso de convertirse en un modelo global de conservación. Esta iniciativa, formalizada a través de la Ordenanza 574 de 2026, representa una respuesta directa e institucional a las alarmantes cifras de pérdida de bosque que han afectado al territorio en los últimos años.
El desafío ambiental: ¿Por qué Guaviare necesita una deforestación cero?
Las cifras del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) y de las autoridades ambientales regionales encendieron las alarmas del país: solo en 2024, el Guaviare perdió 16.908 hectáreas de bosque nativo. Este desolador panorama, impulsado por actividades extractivas y dinámicas ilícitas, amenazaba la estabilidad ecológica de la puerta de entrada a la Amazonía colombiana. Con una extensión de 53.460 kilómetros cuadrados, el departamento no solo enfrentaba una crisis ecológica, sino también una profunda brecha social, con un índice de pobreza multidimensional que supera el 45% de sus más de 84.800 habitantes, según las proyecciones del DANE para este 2026.
Frente a esta realidad, la Gobernación del Guaviare, liderada por el Departamento Administrativo de Planeación, diseñó una hoja de ruta a diez años que demuestra que el desarrollo humano no tiene por qué ser sinónimo de destrucción ambiental. El gobernador del departamento, Yeison Ferney Rojas Martínez, enfatizó la trascendencia de este cambio de paradigma:
Hoy el Guaviare le está proponiendo al país y al mundo un camino distinto: demostrar que sí es posible generar desarrollo sin destruir la selva. Nuestra meta es clara: alcanzar la deforestación cero al 2036 y construir prosperidad a partir de nuestra biodiversidad.
Bioeconomía en Colombia: la ciencia detrás del rescate de la selva
La gran diferencia de esta estrategia radica en su sólido fundamento científico y en el apoyo de aliados internacionales de primer nivel. El proyecto cuenta con el financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la ejecución de la reconocida ONG suiza Swisscontact. Sin embargo, el motor del conocimiento proviene del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (SINCHI), el cual ha identificado en el territorio 68 especies nativas con alto potencial bioeconómico y 53 productos forestales no maderables listos para competir en mercados globales.
Frutos amazónicos, resinas, aceites y fibras naturales forman parte de esta oferta que busca conectar el comercio local con robustas cadenas de valor internacionales. La implementación de la bioeconomía no es un experimento improvisado; se apoya en 17 modelos de Sistemas Agroforestales ya validados por el Instituto SINCHI, los cuales demuestran que es completamente viable producir alimentos y materias primas de alta calidad mientras se regenera y conserva la cobertura boscosa. Al respecto, Enrique Maruri, director de Swisscontact Colombia, destacó el momento histórico que vive la región:
El Guaviare tiene hoy una oportunidad única: consolidar un modelo de bioeconomía donde la cooperación internacional, la ciencia y la política pública convergen para proteger la selva y generar desarrollo.
Chiribiquete y La Lindosa: los ecosistemas protegidos por la Ordenanza 574
El área de influencia de esta política abarca zonas de vital importancia para el planeta, incluyendo las inmediaciones del Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete y la Serranía de La Lindosa. Al consolidar un modelo de desarrollo climáticamente inteligente, la Ordenanza 574 busca blindar estos ecosistemas estratégicos frente a las presiones de la ganadería extensiva y la agricultura no planificada. El plan prioriza el ordenamiento territorial basado en evidencia científica y busca garantizar la seguridad jurídica sobre la tenencia de la tierra, un factor clave para desincentivar la quema y tala indiscriminada de bosques.
Este marco no solo responde a una voluntad política, sino también a un mandato legal. La Amazonía colombiana ha sido reconocida por las altas cortes como un "sujeto de derechos", lo que convierte la conservación del entorno natural en un imperativo jurídico. De este modo, cualquier proyecto de infraestructura o de reactivación económica en el Guaviare debe alinearse estrictamente con la protección de sus ecosistemas, convirtiendo la sostenibilidad en la regla general y no en la excepción.
Comunidades indígenas y campesinas: los verdaderos guardianes de la Amazonía
Para que la bioeconomía sea exitosa, la inclusión social es fundamental. La nueva política pública sitúa en el centro de la estrategia a las poblaciones que históricamente han habitado y custodiado el territorio. Comunidades campesinas, afrodescendientes, mujeres rurales y pueblos indígenas originarios, como las comunidades Jiw y Nukak, recibirán capacitación técnica y apoyo financiero para liderar la transformación productiva.
El plan contempla cerrar las brechas históricas de pobreza mediante una oferta de educación pertinente para la sostenibilidad, enfocada en la agroecología, el turismo de naturaleza y el fortalecimiento de la tecnología y trazabilidad de los productos locales. Asimismo, mediante la firma del 'Pacto Intergeneracional por la Vida', las autoridades locales buscan sembrar una conciencia ecológica duradera en los jóvenes, garantizando que el conocimiento ancestral y las prácticas de conservación se hereden de generación en generación.
Esta apuesta regional del Guaviare se alinea de forma armónica con las metas de bioeconomía de Colombia, las cuales proyectan que la economía de la biodiversidad podría llegar a aportar hasta el 3% del PIB nacional y generar más de 500.000 empleos verdes de cara al año 2030. Con este ambicioso laboratorio social y ambiental, el departamento no solo busca transformar sus propias fronteras, sino erigirse como un faro de esperanza y un modelo perfectamente replicable para otras regiones tropicales del planeta que luchan por prosperar sin destruir sus tesoros naturales.