Opiniónmayo 16, 2021hace 3 meses

Activistas vs políticos | Por: Carolina Fierro

Margarita Rosa es una gran activista pues posiciona y mueve opinión con el propósito de cambiar una política pública o pensamientos sobre un tema específico.

Por: Carolina Fierro*
@CaroFierroVal en Twitter    

A raíz de la polémica generada por Margarita Rosa de Francisco, sus columnas, renuncia y posible participación en política, estuve atenta a los tuits, comentarios y análisis de periodistas y líderes de opinión sobre el tema. Algunos, hasta llegaron a proponerla como fórmula vicepresidencial de Gustavo Petro, ya que es conocida, llama la atención y “arrastraría votos”. 

Es claro que una cosa es la popularidad de un personaje y otra su capacidad de gobernar. Y aunque hay bastantes casos en donde grandes políticos han logrado gobernar exitosamente, como el actor de cine Ronald Reagan quien en los años 80 fue presidente de Estados Unidos, no siempre una persona no política puede llegar a ser un gran político. 

Por esto es interesante tener clara la diferencia entre un activista y un político. Creo que Margarita Rosa es una gran activista pues posiciona y mueve opinión con el propósito de cambiar una política pública o pensamientos sobre un tema específico. 

Un político es alguien que busca ser elegido para un cargo público en nombre de una ideología general y una agenda específica sobre la que promete actuar. 

Un activista no es sinónimo de político. Aunque se puede llegar a mezclar y confundir las dos actividades y más ahora con las redes sociales como medio de difusión de ideas, los dos no son ni se comportan igual. 

Lo que sí puede pasar es que un activista se convierta en político y viceversa y cualquiera de las dos alternativas es sana para la democracia. Lo que no es sano es confundir las dos actividades para --en cualquier momento-- cambiar de rol, ya que una de las mayores diferencias entre estos es la rendición de cuentas. 

Los políticos deben y tienen que rendir cuentas y tienen un cronograma para el cumplimiento de programas, mientras que un activista no tiene fechas fijas establecidas para el cumplimiento de sus objetivos. Las puede autoimponer, pero si no las cumple puede modificar permanentemente sus calendarios teniendo en cuenta que sus luchas, muchas veces, dependen de las decisiones que tomen los políticos. 

La democracia necesita buenos activistas y buenos políticos. Los buenos activistas pueden lograr grandes e importantes cambios con su voz y sus tácticas de movilización. Los buenos políticos tienen la responsabilidad de cumplir su compromiso con la sociedad que los eligió. 

La combinación y la existencia de los dos es vital, lo que no se puede permitir es borrar por completo el límite que los separa para desaparecer las diferencias que tienen, que son las que precisamente los hacen complementarse mutuamente para sacar adelante los objetivos que se han propuesto.

*Politóloga
 

Por: NoticiasRCN.com
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