"El pueblo" y los demás

Según el manual del presidente, no todos clasificamos para ser pueblo y menos para merecer alguna consideración.


Gustavo Nieto
mayo 18 de 2024
09:30 a. m.
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En el momento de decidir sobre qué escribir uno piensa siempre en no ser repetitivo, abordar un tema que atrape, tener argumentos y por supuesto ser medianamente creativo. Son muchas las noticias que rondan la cabeza de un periodista y que podrían representar interés para quien eventualmente tenga la generosidad de leer estas líneas.

En este país de escándalos de corrupción, ataques guerrilleros, robos en plena calle, crisis económica y uno que otro triunfo deportivo, no sería difícil tener sobre qué hablar. Sin embargo, es inevitable referirse a los días tan difíciles que estamos pasando y lo mucho que tiene que ver quien encabeza el Estado.

Tiene que ver porque no ha sido capaz de convertir en hechos lo que tanto pregona en sus discursos eternos, tiene que ver porque la inacción de su equipo de Gobierno es desesperante, tiene que ver porque se empecina en amenazar la Constitución y tiene que ver porque cada vez que escribe abre una caja de Pandora que solo produce dudas.

En otras columnas he escrito sobre la obsesión “tuitera” que domina al presidente y la ausencia de mensajes constructivos y optimistas, en resumen, palabras que sean de la talla de quien ostenta un cargo de esa dimensión. He escrito del revanchismo y la descalificación que caracterizan esos trinos que, además, contienen verdades a medias y muchos adjetivos mayoritariamente injustos. Refiero esto porque es evidente que gran parte de lo mal que nos sentimos muchos colombianos tiene que ver con esa nueva forma de gobernar que nos llena de desasosiego con todas sus consecuencias.

Ya casi son dos años de muchas redes y pocas obras. Dos años diagnosticando los problemas y señalando culpables, dos años de muchas quejas y pocas soluciones, dos años de casi nula ejecución presupuestal en los ministerios, de escándalos y recurrentes incumplimientos de agenda, pero eso sí, dos años de mucho verbo.

Y como si no fuera suficiente, ahora el mandatario decidió convertir sus llamados programas "con los barrios populares", en jornadas de incitación y amenazas.

"Si no pasan las reformas volverá el estallido social, así de simple", sentenció en Cali. ¿Cómo no sentir el tono de la amenaza? Sin más, nos advierte sobre el regreso de los buses del MIO quemados, las entradas de la ciudad bloqueadas, edificios incendiados, empresas amenazadas, todo porque según él, el Congreso no puede estar en desacuerdo con sus proyectos.

"Yo seguiría hasta donde el pueblo diga, si el pueblo dice más adelante, más adelante seguiré", advirtió desde Cartagena. Otra preocupante frase que nos remite de inmediato a una reelección, figura que no existe en la Constitución, pero en la que el mandatario insiste.

Más leña al fuego, más discursos en los que nos separa entre "el pueblo" y los demás. Según el manual del presidente, no todos clasificamos para ser pueblo y menos para merecer alguna consideración. Cómo sería de bueno que esa paz y reconciliación de la que tanto se ufana fueran de verdad el andamiaje de su proyecto. Pero literalmente todo es solo verbo.

Y mientras sube la intensidad del verbo, la economía se desbarata, su pobre crecimiento es alarmante, cifras que no se veían desde la pandemia dijo el presidente de la Asociación de Industriales, Bruce Mac Master. El líder de los comerciantes Jaime Alberto Cabal declaró en crisis el sector. Y el presidente dirá que son los "riquitos" quejándose, como si no fuera obvio que si las empresas se afectan los más perjudicados son los trabajadores, o sea, el pueblo.

Pero las quejas empiezan a llegar también desde la esquina del "pueblo". En un solo día los recicladores de Bogotá protestaron porque llevan meses rogándole a la ministra de Vivienda que los reciba para que escuche sus demandas sobre las bajas tarifas que les pagan y que no les permite sobrevivir; los indígenas de los resguardos “Honduras” y “Cerro Tijeras” bloquearon la vía Panamericana desesperados porque nadie les soluciona el aislamiento que padecen hace años tras la construcción de la hidroeléctrica La Salvajina y otros, esta vez de Patía, también bloquearon porque no tienen docentes para las escuelas que además están en pésimo estado; y los muchachos de los Consejos de Juventudes se le revelaron al presidente y no dudaron en increparlo por no escuchar sus peticiones y por la falta de acciones para ejecutarlas.

Sintomático de un país que ve pasar los días entre el desasosiego y la incertidumbre, con miedo porque nos quieren dividir entre "el pueblo” y los demás, aunque francamente no sé dónde terminan unos y comienzan otros.

Bien lo dijo el escritor Jorge Franco: “¿uno dónde averigua si clasifica como "pueblo"?, No más preguntas Señoría.

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