Los tiempos aquellos

Apenas los niños de esta generación están empezando a disfrutar de las ventajas del mundo digital y la hipercomunicación y ya estamos cayendo en cuenta que, de pronto, todo tiempo pasado sí fue mejor.


Gustavo Nieto
mayo 11 de 2024
10:00 a. m.
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Si me preguntaran cuál es el invento más importante en la historia reciente diría sin dudarlo que el teléfono celular. Son más que evidentes sus beneficios en la vida moderna. No solo para facilitar las comunicaciones desde cualquier lugar y con quien queramos sino por todos los favores recibidos en información, correos, transacciones bancarias, fotografías, compras y quién sabe cuántas cosas más que los de mi generación aún no descubrimos de este aparato.

Negarse a este avance sería al menos testarudo. Reconozco haber caído en su trampa y sin darme cuenta encontrar en los videos de YouTube o las publicaciones de Instagram horas de distracción. Ni hablar de X que para los periodistas se convirtió en una fuente permanente para estar "dateados".

Ya el celular es una extensión del cuerpo y así como en un tiempo era imposible salir de casa sin las llaves o la billetera, hoy es inconcebible coger camino sin el celular.

¿Acaso hay una angustia más grande que perderlo? Aunque parezca exagerado, parece que no. El celular no es un artículo más, es todo, allí están las fotos familiares y las no tan familiares, los correos del trabajo, Google, películas, videos musicales, tus canciones preferidas, el registro de las compras habituales, las reservas aéreas, todo, literalmente todo.

Las actividades más íntimamente ligadas a la condición humana como ir al banco a hacer una consignación o, incluso, hacer el mercado parecen desvanecerse ante la facilidad de un clic. Y así crece una generación entera. A la mía le ha tocado ir acomodándose a una vertiginosa serie de cambios estructurales que a veces no entiendo cómo lo hemos logrado.

Pasamos del telegrama al correo electrónico, de la fotocopia al scanner, del teléfono público de monedas, al celular, del casete a Spotify, de la máquina de escribir, con "liquid paper" incluido, al computador. Demasiados cambios en 30 años y también demasiadas preguntas para los tiempos de hoy. Al punto que desde varios escenarios empiezan a cuestionarse los alcances del celular. Desde los colegios en Bogotá lanzan una alerta que no es menor y restringen su uso.

Apenas los niños de esta generación están empezando a disfrutar de las ventajas del mundo digital y la hipercomunicación y ya estamos cayendo en cuenta que, de pronto, todo tiempo pasado sí fue mejor. Los profesores advierten que los menores no están verbalizando porque en vez de hablar, envían emoticones para describir sus emociones. Tampoco escriben bien porque van al ritmo del lenguaje digital y menos hablan porque entre videojuegos no miran a nadie.

Esa remembranza recurrente de nosotros los nacidos en los sesenta que evocamos los recreos llenos de "picaditos" de fútbol, bolitas de cristal o la infaltable golosa, parece estar más cerca de lo que creíamos.

A mí no me tocó ruta escolar, pero escuchar que hay niños que viajan en el mismo puesto del bus y que en vez de conversar se chatean, es sorprendente. Ahí es cuando se extraña la caminada hasta el colegio dándole patadas a una naranja o saltando de charco en charco después de un aguacero.

Tiempos aquellos, tiempos en los que los papás no tenían que preocuparse por la llegada de sus hijos a casa y en la lonchera llevábamos mandarinas y, por supuesto, jugo de guayaba. Tiempos en los que había que ir a la biblioteca para investigar una tarea y las enciclopedias eran fundamentales en cualquier hogar.

Creería uno que ahora todo tan rápido y al alcance de un teclado sería un tema sin reversa, pero al parecer, no. A pesar de las obvias ventajas del mundo digital, hay amenazas que son imposibles no tener en cuenta.

Según un estudio de la Universidad de Hanyang de Seúl, la tecnología portátil y la facilidad de acceso a distintas plataformas de redes sociales están asociadas con elevados niveles de ansiedad y depresión. En Bogotá, siquiatras especializados en salud mental de niños aseguran que su cerebro, aún en formación, es más susceptible a los efectos de estos aparatos inteligentes. Según los expertos, hacen que los menores necesiten más la llamada "gratificación inmediata" y tienen menor tolerancia a la frustración y a la capacidad de socialización y empatía.

La sicóloga Annie de Acevedo no duda en afirmar que la pantalla desarrolla en los más pequeños el hábito de que todo lo que sucede es como aparece allí: fácil, rápido e inmediato. Y la vida no es ni fácil, ni rápida, ni inmediata.

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