Opiniónnoviembre 23, 2021hace 8 días

Colombia, una tómbola sin ventaja

Colombia, el país en donde se volvió paisaje ver cómo estudiantes promisorios en innovación tienen que salir a vender arepas para llevar sus inventos a la Nasa.

Colombia, el país donde se nos volvió paisaje ver cómo estudiantes promisorios de la innovación tienen que salir a vender arepas para llevar sus inventos a la Nasa, mientras otorgamos esquemas de seguridad a cualquiera para almorzar en la G.

Mucho se habla de la necesidad de renovación y cambios sociales que necesita el país en todas partes. Unos hablan de economía, de infraestructura, de salud; otros de empleo, de educación, de sostenibilidad y mil vainas más en los que evidentemente también estamos jodidos. Pero ¿Qué pasaría si todo esto se arreglara y las prioridades siguieran beneficiando a unos pocos excesivamente más que a los que verdaderamente lo necesitan?

Con esto, lejos de ser una opinión populista que pretende todo regalado para todo el mundo. ¡Nada más alejado de eso! Quiero dejar ver cómo mientras no se prioricen los temas en el país, nunca vamos a poder arreglar este sancocho.

Cómo es posible que todavía leamos historias de deportistas promisorios que tienen que dedicarse a otras vainas porque no les alcanza para comprarse los tenis que necesitan para entrenar, mientras vemos cómo algunos dirigentes son cuestionados por presuntamente plagiar la tesis de su grado; no se entiende cómo emprendedores que se raparían en cualquier otro país, tengan que salir a vender arepas para poder conseguir plata para figurar. (No es la arepa, no es la venta en la calle. Ustedes saben a qué me refiero), mientras vemos cómo se les otorgan beneficios ilógicos a personas que sin justificación desangran un presupuesto que debería tener quién lo merezca.

Es que hombre, acá inauguramos 20 veces el mismo túnel que aún no funciona del todo, con pancarta, casi que papayera y concierto en la frontera, mientras miles de niños no saben qué es una clase de matemáticas; le ponemos avión al fiscal para que comisione, mientras miles de adultos mayores se mueren de hambre en las calles, esperando que cada cuatro años un político se tome un tinto y la foto con ellos para darles visibilidad.

Y ojo que no estoy hablando de los ya taladrados y embolatados 70 mil millones, o de los 50 billones de la corrupción, o del billón de pesos a los que asciende el gasto para proteger a algunos ciudadanos mientras tuitean; no, acá estoy hablando de las vainas simples que pasan todos los días. 

Como decía Nohemí Sanín, de Luis, de Andrea, de Pablo, de Juan; de miles de personas que no tienen acceso a los medios para salir a decir que tuvieron que endeudarse para pagar sus propias deudas, mientras la “Colombia profunda” - término más horrible - y la no profunda, ve cómo la tómbola siempre se vuelca hacia el amigo del amigo que, sin méritos, necesidades y justificaciones, le adjudican un ápice de un presupuesto que debería estar destinado para verdaderos fines.

Esto en Suiza sería un escándalo, acá tristemente no pasará de ser una postura romanticona de un país donde todavía nos quitamos el sombrero para saludar a los doctores que, sin doctorado, se benefician sin justificación de premios que deberían ir para otras necesidades.

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