Opiniónnoviembre 25, 2023hace 3 meses

La Mesa Ancha

¿No es mejor ver al presidente conversando con quienes mueven la economía que imaginarlo aislado y más radical que nunca?

La Mesa AnchaFoto: NoticiasRCN.com

Cuando hace unos meses surgió la idea de abrir un espacio en el sistema informativo de Noticias RCN en donde tuvieran cabida  distintas voces, con opiniones diferentes sobre el país,  se quería cumplir con la obligación  inaplazable de enviar un mensaje de respeto y tolerancia en medio de nuestra convulsionada realidad y demostrar con hechos que no solo en RCN sino que en general en cualquier escenario, es posible expresarse, así sea en direcciones opuestas, sin que eso signifique un ataque.  

El experimento ha sido un éxito, pero más allá de la satisfacción profesional de lograr una conversación civilizada sobre los temas álgidos, la frustración viene de ver que en otros espacios, por el contrario, la radicalización y el tono de la confrontación sube a niveles alarmantes.  

Nos preguntamos cada día si es una vana ilusión creer que el país pudiese ser una gran Mesa Ancha, que nuestros dirigentes fuesen capaces de abrir espacios mínimos de convivencia para trabajar en objetivos comunes, para darles tranquilidad a los ciudadanos y sobre todo para que de una vez por todas se instale en el país una forma de hacer las cosas que de verdad signifique dejar la guerra en todas sus formas.   

Los acontecimientos de los últimos días parecen abrir una pequeña esperanza de que esto puede ser posible. Una reunión con algunos de los empresarios más importantes y el tinto con el expresidente Uribe podrían ser los primeros pasos para que desde arriba nos enseñen cómo resolver las diferencias o por lo menos plantearlas, sin que signifique ceder o menos aún agredir.  

Desde las redes sociales no han faltado quienes califiquen estos hechos como otro engaño de Petro, una patraña para hacernos creer que cambió. Yo digo que más allá de especular sobre las supuestas oscuras intenciones del presidente, los hechos están ahí y poner en duda los efectos positivos de ese par de encuentros es al menos mezquino. 

En tres días, solo tres días y con dos gestos sencillos, se envió un mensaje poderoso al país. Dos gestos que es mejor que pasen a que no pasen. 

¿No es mejor ver al presidente conversando con quienes mueven la economía que imaginarlo aislado y más radical que nunca? ¿Acaso no es constructivo ver a los dos líderes de la política nacional, tan distantes como distintos, tomándose un tinto? 

Estos dos hechos no van a solucionar los problemas del país, claro que no, es que no se trata de eso; desde mi punto de vista que sucedan ya es importante.  

Aquí nadie ha claudicado en sus convicciones, nadie se inventó estos encuentros para hacer rendir al otro, se trata de escuchar y tal vez de esa conversación pueda salir un resultado positivo y si no, por lo menos hemos actuado con un mínimo de civilidad. 

Ojalá el ejemplo cunda y esa Mesa Ancha sea el reflejo de una sociedad tolerante. Ahora que se instalan nuevos poderes regionales y el mapa político cambió, hay una oportunidad para reducir tensiones y trabajar por el bien de los ciudadanos.  

Se podría empezar, por ejemplo, porque desde Palacio les dieran una llamada a algunos de los mandatarios locales para felicitarlos por su triunfo en las urnas, ese sería un gesto simple pero muy valioso.  

Serviría que desde las distintas orillas se disminuyeran los adjetivos y se aumentara la empatía.  

Necesitamos una mesa en la que quepamos todos porque es increíble que un país que ha padecido guerras, narcotráfico, secuestro, corrupción, con miles de muertos como consecuencia, no tome de una vez por todas la decisión de poner en su agenda la conversación como punto de partida de cualquier discusión civilizada.  

Es increíble que los reportes de prensa desde el Congreso de la República no hablen de la intensa discusión entre unos y otros sobre un proyecto, sino que registren cómo la "mermelada" logró cambiar el rumbo de una iniciativa sin que se debata nada. Las famosas "votaciones en bloque" con las que deciden el futuro de todos.  

Y todos tan tranquilos, mientras seguimos la guerra en Twitter, que nos deja esa morbosa sensación de triunfo, entre otras cosas, porque el otro no tiene la posibilidad de la defensa y así es muy fácil ganar.  

Yo prefiero el alivio de esta semana, que sé, muchos sintieron por cuenta de dos conversaciones tan elementales como esperanzadoras. Prefiero creer que se pueden repetir, que pueden cambiar los protagonistas y, por qué no, que algún día tengan resultados. Prefiero pensar lo impensable y ver el país como una gran mesa en la podamos sentarnos y hablar.  

Existe la posibilidad de que esta sensación sea "flor de un día" y que mañana estemos "en las mismas", pero hay un problema para quienes nos ilusionaron y es que nos quedó gustando y es probable que no nos conformemos con menos y ese, señores, sí sería el verdadero cambio.  
 

por:Gustavo Nieto

Gustavo Nieto

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