Opiniónmayo 28, 2022hace 3 meses

La carbono neutralidad agrícola

No olvidemos que para asegurar la sostenibilidad el único futuro certero que tenemos es mañana y no dentro de unos meses o años.

Por: Augusto Solano*

Ante el cambio climático la FAO asegura repetidamente que ningún otro fenómeno impactará con tanta fuerza las zonas rurales y los sistemas alimentarios del planeta. Según una investigación de la Alianza Global para el Futuro de los Alimentos, “…cambiar las formas de producción y consumo en la agricultura podría reducir las emisiones globales de gases de efecto invernadero en más de 10 gigatoneladas anuales”.

El estudio, realizado en 14 países -incluido Colombia-, determinó que disminuir la huella de carbono global de este sector, supondría una reducción de mínimo un 20% del total que el mundo requiere para evitar la catástrofe.

Colombia cuenta con un importante recorrido para alcanzar este objetivo. Según el World Energy Council, entre 108 países, nuestra nación posee la novena matriz más sostenible y ante el denominado trilema energético (seguridad del suministro, equidad social y mitigación del impacto ambiental), ocupa la posición número 35. Además, el 70 % de la energía que genera proviene de recursos hídricos, lo que le asegura bajas emisiones en generación de energía eléctrica, 0,20 toneladas de CO2 por MWh producido, casi 5 veces inferior a lo emitido por Estados Unidos para generar 1 MWh.

Nuestro país cuenta también con una de las normativas más avanzadas de América Latina en cuanto a proyectos de mitigación del cambio climático se refiere y con importantes beneficios tributarios para incentivar el uso de energías limpias, la reconversión y el uso eficiente de la energía. Se destacan los bonos de carbono, establecidos en 2017 por el decreto 926 de Minhacienda, el cual permite a las empresas la no causación del impuesto al carbono (creado en 2016), con la compensación de dicho gravamen.

Igual importancia supone la competitividad de su ubicación geoespacial, ya que la distancia entre los puertos del Pacífico y el Atlántico hacia otros puertos del mundo, permiten asegurar bajas emisiones de CO2 en sus procesos de transporte.

Por otra parte, el lanzamiento de la estrategia “Colombia Carbono Neutral a 2050”, con acciones que ya se adelantan y otras a mediano y largo plazo, es una hoja de ruta que nos permite trabajar por una economía baja en carbono.

Hay que tener en cuenta que Colombia aporta el 0,6% de las emisiones mundiales de gases efecto invernadero, pero es uno de los 20 países más amenazados por el cambio climático. El Gobierno se comprometió a reducir el 51% de su huella de carbono para el 2030 y alcanzar el carbono neutralidad para el 2050 el carbono neutro.

Con la finalidad de cumplir estas metas en el sector agrícola, gremios y empresas deben impulsar la generación de modelos de economía circular, la construcción de indicadores, los sistemas de certificación y la innovación.

Desde que se comienza a implementar un proceso de economía circular, por más pequeño que este sea, se alcanzan impactos que contribuyen significativamente en la reducción de las emisiones. Armonizar el uso de fertilizantes producidos a partir de materiales reciclados u orgánicos y la gestión para cerrar el ciclo de envases, empaques y residuos de manejo especial y diferenciado como computadores, pilas y baterías de plomo, son tan solo dos muestras de ello.

En cuanto a la generación y evaluación de indicadores, medir es conocer. Aquí juegan un papel muy importante los gremios que deben unir y educar bajo este propósito a los productores, grandes y pequeños. Tenemos que saber el estado actual de la huella de carbono de las diferentes actividades agrarias, cuantificarlo y analizar sus riesgos y oportunidades. Solo así se podrán desarrollar los correspondientes planes de mitigación y plantear objetivos coherentes y alcanzables para el futuro inmediato.

Por su parte, los procesos de certificación, a través de los sellos de calidad otorgados por terceros independientes, son garantía de comercio justo, manejo ambiental sostenible, transparencia laboral, enfoque de género, responsabilidad social y sanidad de los productos. Además, representan ventaja sobre la competencia porque atraen a los consumidores que cada vez son más conscientes y exigentes.

Finalmente, la innovación es fundamental para encontrar nuevas formas de producir. Cualquier estrategia sectorial que busque la reducción sustancial de las emisiones nocivas, exige medidas, no solo para implantar las tecnologías de baja emisión que ya están disponibles, sino también para promover la creación de las nuevas que se necesiten. La innovación también implica el manejo de energías limpias, la gobernanza del agua y el diseño de políticas institucionales y públicas para responder al cambio climático.

No cabe duda de que el desafío es grande y urgente. Se puede decir que los anteriores son parte de los principios rectores de la agricultura del futuro, pero, no olvidemos que, para asegurar la sostenibilidad, el único futuro certero que tenemos es mañana y no dentro de unos meses o años.

Manos a la obra.

 

*Presidente de Asocolflores y CECODES.

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