¡No son jóvenes viejos, señor presidente!

Esta, señor presidente, es una juventud ávida de respuestas y soluciones y que espera que el Estado la tenga en cuenta.


Nancy Velandia
mayo 18 de 2024
09:00 a. m.
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No ha sido una, sino varias las veces que los consejeros de juventud se han quedado esperando que el presidente saque tiempo para ellos. Los colombianos hemos visto cómo él ha dejado plantados a alcaldes y gobernadores, a empresarios, cafeteros, magistrados y hasta a los delegados de la Comisión Interamericana de los Derechos humanos (CIDH). En fin, la lista es larga, pero ¿a los jóvenes también?

Sí. Efectivamente, lo ha hecho. Y después de varios intentos, estos jóvenes consejeros, elegidos por voto popular, lograron el tan esperado encuentro, al que también asistieron beneficiarios del programa “Jóvenes en paz” y algunos de la primera línea. Llegaron llenos de expectativas al Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella; y lo que planearon como una cita tranquila terminó en arengas y quejas, pero, sobre todo, en reclamos por parte de los jóvenes al presidente de la República.

Algunos manifestaron que han enviado derechos de petición y que no les han contestado, que llevan ocho meses buscando al Ministerio del Interior y ahí tampoco han obtenido respuesta.

Apenas lógicos sus reclamos. Es evidente que lo que piden son respuestas concretas a un Gobierno que, en palabras de ellos mismos, ha demostrado desinterés por sacar adelante las agendas nacionales que de los jóvenes.

La mayoría de los asistentes hacía parte del Consejo Nacional de Juventud, conformado por 49 miembros. Son jóvenes con autonomía, con criterio y con templanza que se niegan a quedarse de brazos cruzados, como simples observadores, a esperar que pasen los días sin que les cumplan en un país, donde una cuarta parte de la población es joven.

Entre todos los reclamos el que más causó reacción en el presidente Petro fue el de William Molina, consejero Nacional de Juventudes de Santander, quien, sin tapujos, señaló al mandatario que todo se ha quedado en discursos populistas.

Fueron varios los muchachos que se pusieron de pie, alzaron su voz y le reclamaron al Gobierno atención, acción y menos cháchara. La desconexión del presidente logró lo impensado: que una parte importante de los jóvenes, que se convirtieron en su base y fuerza popular, hoy se sientan decepcionados.

Lo que les sorprendió al inicio del encuentro fue no solo el discurso destemplado del presidente Petro, sino la antipática retórica de llamarlos “jóvenes viejos”, y lo que impactó aún más fue lo que vino después: el llamado de atención de parte de la vicepresidenta Francia Márquez, de la también cabeza del nuevo Ministerio de Igualdad que, en mayo de 2023, desde Cali, con micrófono en mano, gritaba: ¡qué viva la primera línea!

Sí, esa misma primera línea que no gritó, sino que quemó palacios de justicia, alcaldías y estaciones de Policía. Esa primera línea que no construyó, sino que destruyó por días enteros las ciudades y que se negaba a cualquier tipo de diálogo.

Entonces ¿por qué con unos sí y con otros no? Tal vez algunos no lo sepan, pero muchas de estas personas viajaron horas y horas enteras desde sus territorios; muchos llegaron desde Guainía, Vaupés y Vichada – por cierto, departamentos con mayor proporción de personas jóvenes -. Vienen de regiones que están llenas de muchachos que no les importa no estar entre los afectos de ningún político, pero que sí le apuestan, genuinamente, a construir y representar a sus comunidades.

Se equivocan quienes a estas alturas creen que se gobierna solo con los afines, que se oye solo al que dice lo que el Gobierno quiere oír y se equivoca el que cree que exigirle acción al presidente es denigrar de él, como le reprochó la vicepresidenta al consejero William Molina.

De manera que todas esas voces que se hicieron sentir con fuerza no eran de “yupicitos” ni “blanquitos de Chapinero” como caricaturiza el presidente cuando intenta subestimar esas conciencias que dicen lo que el Gobierno no quiere oír. Tampoco vienen de envalentonados que se esconden tras una capucha y en vez de lanzar propuestas lanzan piedras y bombas incendiarias.

Esta, señor presidente, es una juventud ávida de respuestas y soluciones y que espera que el Estado la tenga en cuenta, tanto como a aquellos que se están beneficiando del programa “Jóvenes en paz” y que reciben dinero por “no matar”.

Colombia tiene cerca de 12 millones de jóvenes a los que no solo hay que oír, sino que también hay que dejar de tratarlos como niños que se tragan entero discursos anticuados y llenos de clichés, ¡no! Hay que cumplirles y darles herramientas participativas y poder de decisión porque fueron ellos quienes más creyeron en el cambio.

Estos muchachos encuentran en sus propios territorios decenas de obstáculos, no se convierta en uno más, presidente.

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