Opiniónabril 22, 2022hace 5 meses

Fui infeliz en mis colegios

Lea la investigación que se le hizo a más de 1.300 estudiantes.

Miguel de Zubiría. Creador de Pedagogía conceptual y de Psicología afectiva. Premio Nacional de Psicología 2021.

1. Valórate

Toma una hoja y responde cada pregunta con un número entre 0 (nada) y 10 (Al máximo). Sé lo más honesto posible.

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¿Eres o fuiste feliz en tu colegio o universidad?

____ con tus compañeros    

____ con tus profesores

____ en tu colegio o universidad

____ como estudiante

¿Hay o hubo tensiones, molestias, malestares o sufrimientos?

____ con tus compañeros

____ con tus profesores

____ con tu colegio o universidad

____ como estudiante

Estas preguntas recogen buena parte del significado de ser feliz en el colegio o universidad. Como ves, no se limitan a las notas o calificaciones, incluyen otros aspectos centrales de la vida escolar.

Las primeras cuatro preguntas condensan el grado de bienestar psicológico que lograste. Cuando superan el número siete son respuestas positivas. Menores de seis indican presencia o presencia alta de in-felicidad escolar. Lo cual le ocurre a un número enormemente grande de jóvenes. En nuestros estudios a uno de cada tres, es decir, un 32% para una suma de millones en nuestro país.

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2. Fui infeliz escolarmente

En verdad fui in-feliz y por muchos años, en muchos colegios y en varias universidades. Mis respuestas hacia mis quince años serían las siguientes: A pesar de ser el tema de mi vida entender las felicidades, las infelicidades y los sufrimientos de nuestros jóvenes, hasta muy recién vine a comprender los porqués. Describirlo me tomo un par de minutos. Siempre supe que era infeliz y sufría mucho, pero no el por qué. Este simplísimo cuadro explica las causas.

¿Eres feliz?

       __8__ con tus compañeros

       __5__ con tus profesores

       __2__ en tu colegio

       __2__ como estudiante

       4.25  Poco feliz

¿Hay tensiones, molestias, malestares o sufrimientos?

   __2__ con tus compañeros

   __7__ con tus profesores

   __8__ con tu colegio

   __9__ como estudiante

         7   Alto sufrimiento

Las causas, dos fundamentales. La primera, mi baja felicidad escolar, 4.25 o poco feliz, en el límite de in-feliz. La segunda más preocupante y dolorosa mi alto sufrimiento escolar durante tantos años. Tal vez fue lo peor de todo. Ni yo, ni mis padres, y menos mis profesores o directores de curso entendieron los porques. Y allí están a la mano. Pero nadie se tomó el trabajo de ayudarme a descubrirlos.

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3. Como uno de tres

En una reciente investigación que realicé con una gran muestra de 1.300 estudiantes me alivió saber que mi situación de infelicidad escolar es más común de lo que yo jamás pensé. Le ocurre prácticamente a uno de tres (32%). Increíble.

Mi mala suerte comenzó en el prescolar. Fui de los primeros estudiantes del país en ingresar a un preescolar porque en ese lejano entonces, el colegio comenzaba con el uso de razón; a los 7 años; no antes. Obtuve el primer lugar del jardín preescolar. Aunque mis padres estaban felices y orgullosos por tener a su hijo mayor en el nuevo experimento de la educación preescolar, pienso que originó mis problemas, pues pensé que el colegio grande eran rondas, juegos, gratas interacciones con los compañeros, colorear… pasarlo bien.

No ocurrió así. Desde el primer día en el colegio nos colocaron a cada uno en un puesto fijo y arbitrario. Desde entonces hasta el final del año debíamos permanecer en silencio e inmóviles durante una hora completa, que para un niño de siete años es una eternidad. Peor para mí que venía de un preescolar donde siempre jugábamos, nos movíamos, disfrutábamos con alegría.

En la primera semana del colegio grande mientras la profesora nos hablaba de algo supuestamente muy importante recordé mi querido preescolar y me reí. ¿Cómo se llama usted? “No sabe acaso que al colegio no se viene a reír sino a obedecer. Espéreme en la puerta hasta cuando suene el timbre, De Zubiría”.

Allí comenzó mi calvario. Adicionalmente, venía de una familia ultraliberal en donde diez niños hablaban y discutían durante las comidas, en ocasiones por horas. Algo totalmente inconcebible para la vieja tradición del páter familis sentado en la cabecera de la mesa y los demás en silencio. En el colegio, cuando intenté preguntar algo me silenciaron, cada vez con mayor rudeza; nunca entendí el por qué. En cuarto de primaria me expulsaron del colegio más liberal de la época, el Gimnasio Moderno, por desacato a la autoridad, problemas de conducta y académicos. Mis padres y yo quedamos aterrados.

Pasé al Refous, un colegio muy exigente. También me expulsaron. Mis desconcertados padres optaron por la solución extrema la Academia Militar San Jorge. Allí obtuve de nuevo el primer puesto del curso. Tanto me desconcertó que fui al director académico a decirle que había un error en mi libreta, pues yo no podía ser el mejor. Consultó y me felicitó: “Si, usted es el mejor”. Ese hecho que pudo salvarme me condenó, pues comencé a emplear lo poco que me quedaba de inteligencia para evadir las normas militares. Al finalizar el año me sorprendieron fugado de la Academia. A mis breves trece años me quitaron el cinturón y los cordones y me encerraron en un frío y horrible calabozo de un metro por tres metros durante 72 horas ¡o tres días con sus frías noches! Solo eran tres tablas y una micro ventana de metal. Para mí que soy claustrofóbico una tortura completa. Era la razón para eliminar el cinturón o los cordones: evitar los intentos de suicidio.

A las siete horas escuché la voz iracunda de mi padre gritando a todo pulmón. Me sacaron del calabozo y de la Academia. Ingresé al San Viator, entonces un colegio muy liberal. Para resumir la historia diré que por gran suerte ingresé a este colegio de la época. Sin embargo, cada año debí habilitar varias materias y pasar raspando.

Comencé música y fue terriblemente tedioso para mí que era ya músico de un conjunto de rock, desde mis catorce años. Me presenté a un conservatorio en Buenes Aires a estudiar composición musical y fui rechazado. Mi padre me insistió en estudiar medicina y en tercer semestre perdí el cupo por tocar en un programa de televisión con mi conjunto de rock. Iba de fracaso en fracaso, sin remedio.

Pasé a antropología. Allí me sentí mucho mejor, había mucho mayor coincidencia con mis intereses. En tercer semestre cerraron la universidad. ¡Mi suerte comenzó cuando me matriculé a Psicología!

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