¿El turno de Colombia?

Por Jaime Trujillo, Socio Principal de M&A, Baker McKenzie


Baker McKenzie
junio 24 de 2026
07:08 p. m.
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Ya estamos viendo, y es probable que en los próximos meses sigamos viendo, una reacción positiva de los mercados financieros al resultado de las elecciones presidenciales en Colombia. Parte del capital que permaneció al margen durante los últimos años le está apostando a activos en Colombia. Estos movimientos son importantes y generan optimismo, pero no deben confundirse con la inversión de largo plazo que es necesaria para transformar la capacidad productiva de nuestro país.

La inversión que realmente cambia una economía tomará más tiempo. No porque Colombia haya dejado de ser un mercado atractivo, sino porque ese tipo de inversión necesita respuestas a preguntas que todavía están por resolverse.

Las inversiones de largo plazo se diseñan alrededor de hitos políticos relevantes, porque los inversionistas prefieren incorporar esa información antes de avanzar hacia decisiones concretas. La experiencia demuestra que muchas oportunidades de inversión no desaparecen durante esos períodos de espera; simplemente posponen el momento de ejecutarse hasta contar con mayor claridad.

Los próximos cuatro años representan precisamente ese momento para Colombia. El país no necesita convencer al mundo de que tiene potencial. El verdadero reto es convertir ese potencial en operaciones concretas, proyectos financiados y capital comprometido.

El problema de Colombia nunca ha sido la falta de oportunidades. Ha sido la dificultad para convertirlas en inversión real. Durante años hemos tenido proyectos atractivos, empresarios sólidos y sectores con enorme potencial. Lo que con demasiada frecuencia ha faltado son las condiciones para que ese interés se traduzca en cierres efectivos.

La primera señal que leerá el mercado no proviene del gobierno entrante. Proviene de la calidad de la transición institucional. La forma en que se reconozcan los resultados y se entregue el poder enviará un mensaje sobre la fortaleza de las instituciones colombianas. No es un detalle protocolar. Es uno de los elementos que define a las democracias liberales y un indicador de estabilidad que los comités de inversión incorporan en sus análisis.

La segunda señal sí dependerá del nuevo gobierno. La consistencia entre un discurso favorable a la inversión y las primeras decisiones económicas será determinante. La gobernabilidad, los nombramientos en posiciones clave, el manejo del frente fiscal, la claridad regulatoria en sectores intensivos en capital y la capacidad de ejecutar decisiones difíciles serán mucho más relevantes que cualquier mensaje de optimismo.

Los sectores donde veo mayor potencial de movimiento tienen algo en común: todos requieren inversiones intensivas en capital y horizontes de ejecución de largo plazo. Precisamente por eso, son especialmente sensibles a la estabilidad regulatoria y a la confianza institucional.

La infraestructura de transporte necesita inversión para cerrar brechas logísticas que ningún ciclo político puede seguir aplazando. El sector energético requiere capital privado para avanzar en su transición y desarrollar proyectos que ya existen, pero necesitan reglas claras para ejecutarse. En salud, la consolidación del sector probablemente continuará como respuesta a los desafíos financieros y operativos que enfrenta el sistema. En vivienda, un entorno de menores tasas de interés y restablecimiento de incentivos gubernamentales podría reactivar proyectos que llevan meses esperando mejores condiciones.

En todo caso, es necesario mantener una perspectiva más amplia. La desaceleración de la inversión en Colombia nunca respondió exclusivamente al ciclo político local. Factores geopolíticos (Ucrania, Gaza, Irán), las altas tasas de interés, los aranceles y el reordenamiento de las cadenas globales de suministro afectaron la inversión en todo el mundo. Algunos de esos factores seguirán presentes y sería un error pensar que un cambio de gobierno, por sí solo, modificará esa realidad.

Pero sí hay algo que puede cambiar: la disposición de los inversionistas para volver a evaluar oportunidades. Cuando el riesgo local disminuye, el balance entre riesgo y oportunidad empieza a moverse. Y es precisamente ahí donde aparece la ventana para Colombia.

En M&A existe una máxima sencilla: las mejores oportunidades rara vez esperan a que desaparezca toda la incertidumbre. Los inversionistas toman decisiones cuando consideran que el riesgo ya puede medirse y gestionarse, no cuando deja de existir.

Ese podría el verdadero turno de Colombia. No demostrar que es un país sin desafíos, sino que es un país capaz de ofrecer reglas estables, instituciones sólidas, seguridad y capacidad de ejecución para que las inversiones se materialicen.

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