Celebrar la IA también significa protegerla

La verdadera ventaja competitiva no estará en decidir si adoptar o no inteligencia artificial, sino en construir organizaciones capaces de utilizarla de forma responsable y segura.


Ignacio Triana
julio 24 de 2026
10:07 a. m.
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El pasado 16 de julio se conmemoró el Día de la Apreciación de la Inteligencia Artificial, una fecha que invita a reconocer una de las tecnologías más transformadoras de nuestra época. En pocos años, la IA dejó de ser una promesa para convertirse en una herramienta cotidiana que acelera la innovación, democratiza el acceso al conocimiento y aumenta la productividad de millones de personas y organizaciones.

Hoy cualquier profesional puede redactar un documento complejo, analizar grandes volúmenes de información, desarrollar código o resolver problemas especializados en cuestión de minutos. Esa capacidad de ampliar el talento humano explica por qué la inteligencia artificial se ha convertido en un activo estratégico para empresas de todos los sectores. Sin embargo, toda tecnología que multiplica capacidades también multiplica responsabilidades.

La conversación alrededor de la IA suele centrarse en sus oportunidades, pero con menos frecuencia hablamos de una realidad igual de importante: la inteligencia artificial también está reduciendo las barreras de entrada para el cibercrimen.

Un reciente análisis de TrendAI™ Research, la división de investigación de amenazas de Trend Micro, demuestra hasta qué punto este cambio ya está ocurriendo. Durante semanas, los investigadores analizaron las interacciones entre un ciberdelincuente y un asistente de inteligencia artificial. El resultado fue revelador: cerca del 90 % del trabajo técnico fue realizado por la propia IA. El atacante simplemente describía el objetivo en lenguaje natural, mientras la herramienta escribía código, corregía errores, configuraba infraestructura y proponía mejoras de manera autónoma.

Más allá del caso particular, el hallazgo refleja un cambio estructural. Durante décadas, desarrollar un ataque sofisticado requería conocimientos altamente especializados y años de experiencia técnica. Hoy, ese conocimiento comienza a estar encapsulado dentro de modelos de inteligencia artificial capaces de ejecutar tareas complejas a partir de instrucciones sencillas. En otras palabras, el reto ya no es únicamente que existan ciberdelincuentes más sofisticados, sino que ahora existen más personas con la capacidad de ejecutar ataques que antes estaban fuera de su alcance.

Esta nueva realidad modifica la forma en que las organizaciones deben entender el riesgo digital. Durante mucho tiempo existió la percepción de que solo las grandes corporaciones eran objetivos atractivos. Sin embargo, la automatización impulsada por IA está eliminando esa lógica. Cuando los ataques pueden desarrollarse, adaptarse y reconstruirse en minutos, cualquier organización conectada a internet sin importar su tamaño o industria, puede convertirse en un objetivo potencial.

Esto exige un cambio de mentalidad. La ciberseguridad ya no puede verse únicamente como una función tecnológica o como una inversión destinada a cumplir requisitos regulatorios. Debe convertirse en una capacidad estratégica del negocio, tan relevante como la continuidad operativa, la gestión financiera o la reputación corporativa.

Paradójicamente, la misma inteligencia artificial que facilita nuevos riesgos también representa una de las mejores herramientas para enfrentarlos. Hoy las plataformas de seguridad más avanzadas utilizan IA para identificar comportamientos anómalos, anticipar amenazas y responder a incidentes con una velocidad imposible para un equipo humano trabajando de forma aislada. La verdadera ventaja competitiva no estará en decidir si adoptar o no inteligencia artificial, sino en construir organizaciones capaces de utilizarla de forma responsable y segura.

Celebrar la IA significa reconocer el enorme potencial que tiene para transformar industrias, impulsar la productividad y acelerar la innovación, pero apreciarla de verdad también implica entender que cada avance tecnológico trae consigo nuevas responsabilidades. En última instancia, el futuro no pertenecerá a las organizaciones que simplemente incorporen inteligencia artificial, sino a aquellas que logren generar confianza alrededor de ella y en la economía digital, la confianza seguirá siendo el activo más valioso de todos.

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