Más incautaciones y menos Estado
La producción potencial de cocaína en Colombia crece más rápido que la capacidad del Estado para interceptarla
11:50 a. m.
Hay una cifra que el Gobierno repite como mantra: “las incautaciones están en máximos históricos”. Cada rueda de prensa la exhibe como si fuera un trofeo, como si decomisar más cocaína fuese equivalente —de manera automática— a una política antidrogas exitosa. Ese razonamiento no solo es pobre sino profundamente engañoso. Por esta razón, con Alejandro Gaviria trabajamos un paper sobre coca y cocaína en Colombia que ordena los datos, los pone en contexto y desmonta una narrativa oficial que el Gobierno ha convertido en cortina de humo.
El problema no es que se incauten más toneladas. El problema es saber qué está pasando al mismo tiempo. Las cifras son claras: la producción potencial de cocaína en Colombia crece más rápido que la capacidad del Estado para interceptarla. En términos simples: se incauta más, pero se pierde terreno. Hace una década, el país lograba decomisar cerca de la mitad de lo que producía. Hoy, con récords celebrados en televisión, apenas logra una cuarta parte. El porcentaje cae mientras el volumen total se dispara. Eso no es éxito: es un desfase estructural.
Aquí está el truco narrativo del Gobierno: mostrar toneladas absolutas y esconder los indicadores relativos. Es como celebrar que se sacó más agua de un bote que se hunde… sin mencionar que el agujero es cada vez más grande. La interdicción —hay que decirlo con claridad— no es inútil. De hecho, es una de las herramientas más costo-efectivas para afectar la oferta exportable. Pero convertirla en el eje discursivo de la política antidrogas es confundir actividad con impacto. Incautar no es sinónimo de controlar. Decomisar no equivale a gobernar.
El documento muestra algo aún más incómodo para el Ejecutivo: el crecimiento del negocio no está explicado solo por más hectáreas sembradas, sino por más productividad. Hoy una hectárea produce mucha más cocaína que hace veinte años. Mejores técnicas, relocalización hacia zonas de alto rendimiento y enclaves armados consolidados han hecho el negocio más eficiente. El Estado persigue cargamentos; los grupos ilegales optimizan cadenas productivas.
El relato oficial necesita esas cifras porque no tiene control territorial que mostrar. No puede exhibir presencia estatal sostenida en las regiones cocaleras, ni sustitución funcional, ni economías legales viables, ni gobernanza. Entonces muestra toneladas. Es un recurso político entendible, pero analíticamente indefendible. Hay otra trampa conceptual: presentar la interdicción como sustituto de la erradicación o del desarrollo alternativo. No lo es. El Paper es claro: sin control territorial, sin Estado que permanezca, sin integración económica regional, ninguna combinación de drones, decomisos o anuncios rimbombantes va a cambiar la tendencia.
Y aquí viene lo más incómodo: la llamada “Paz Total” no creó este problema, pero sí lo agravó. La señal fue clara en muchas regiones: menor presión, mayor margen de maniobra, más consolidación de enclaves productivos. No por ingenuidad, sino por una terrible lectura política que subestimó cómo reaccionan economías ilegales altamente adaptativas. Por eso insistir en incautaciones como prueba de éxito no es solo un error técnico; es una decisión política consciente. Sirve para titulares en RTVC, para construir un relato de control, para esconder una verdad incómoda: la capacidad del Estado crece más lento que el negocio que dice combatir.
Esta investigación no propone soluciones mágicas ni revive nostalgias de aspersión o guerra frontal. Lo que hace es más básico —y más urgente—: exigir que evaluemos la política antidrogas con indicadores que midan la realidad, no la propaganda. Que miremos proporciones, tendencias, productividad y territorio. Que dejemos de aplaudir cifras aisladas y empecemos a preguntarnos qué está funcionando y qué no.
Mientras sigamos celebrando incautaciones como si fueran victorias estratégicas, el país seguirá perdiendo una guerra que no se enfrenta con toneladas, sino con más control territorial. Y esa es una derrota no se tapa con comunicados de prensa y menos con alocuciones presidenciales. Por lo pronto, los invito a leer este documento que brinda información clara y detallada sobre el problema los cultivos ilícitos en Colombia. El Paper ‘Coca y Cocaína en Colombia’ lo pueden encontrar en la página oficial de la Fundación Colombia Tiene Futuro.