Deshonestidad intelectual

A pesar de sus conocimientos y experticia, el ministro de Hacienda, Germán Ávila, y el codirector del Banco de la República, Cesar Giraldo, repiten un discurso que ellos saben que no es cierto, pero que es necesario para los fines políticos del Gobierno.


Juan David Galindo
febrero 02 de 2026
06:39 p. m.
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No hay nada que me genere más indignación que personas con conocimientos académicos que olvidan sus bases técnicas y terminan vendiendo sus posturas por fines económicos o políticos. Este es el caso del actual ministro de Hacienda, Germán Ávila, y del codirector del Banco de la República (nombrado por Petro), Cesar Giraldo.

Ávila es economista de la Universidad Nacional y ha sido muy cercano a Petro desde hace décadas, por lo que todos sabíamos que su nombramiento obedecía más a una persona que siguiera órdenes y justificara las nefastas medidas económicas del Gobierno, y no alguien técnico que cuestionara las propuestas de Petro, como le sucedió a Ocampo, Bonilla y en cierto caso hasta a Guevara. Ávila fue el ministro que rompió la Regla Fiscal (algo que sus predecesores no quisieron hacer) sin justificación alguna y elevó el endeudamiento a tal punto que en 2025 Colombia va a ser el segundo país del mundo con el déficit fiscal más alto: 7,5% del PIB.

El ministro de Hacienda es tan “obediente” que no sabe cómo moverse para justificar las medidas del Gobierno. Desde la semana pasada, y ante la expectativa de que el Banco de la República subiera la tasa de interés de intervención para contrarrestar los efectos inflacionarios del aumento del salario mínimo del 23,7%, Ávila se ha dedicado a repetir el libreto de que las tasas más altas van a generar una mayor inflación cuando él perfectamente sabe que eso no es cierto. Pero claro, como ese es el discurso del Presidente para justificar y culpar a alguien (en este caso al BanRep) de la inflación y el alza de precios que vamos a ver este año por las medidas del Gobierno, Ávila como buen súbdito solo calla y repite.

En gobiernos anteriores, el Ministerio de Hacienda era el encargado de aterrizar las ideas de la Presidencia y en muchas ocasiones se llevaban a cabo peleas internas por temas controversiales y poco populares como los precios de los combustibles, el salario mínimo o las reformas tributarias. En más de una ocasión Alberto Carrasquilla, exministro de Hacienda de Duque y Uribe, tuvo confrontaciones con Alicia Arango, exministra de Trabajo de Duque, por el aumento del mínimo, pues Carrasquilla, como buen técnico, sabía que los incrementos desmedidos le iban a generar presiones inflacionarias; mientras que Arango pedía un “ingreso más digno para los trabajadores”. Este tipo de situaciones no suceden en este Gobierno, pues todos los ministros están “alineados” a justificar las ideas de Otro y el que no lo hace, simplemente sale del Gobierno (o si no pregúntenle a Cecilia López, Alejandro Gaviría o Jorge Iván González)

El caso de Cesar Giraldo es mucho más decepcionante. Giraldo es economista de la Universidad de los Andes, tiene una Maestría de la Universidad Nacional y un doctorado en economía de la Universidad de París. Cualquiera que viera los diplomas diría que es más que una autoridad para temas económicos y así era, hasta que dejó a un lado su tecnicidad con el fin de justificar las medidas del Gobierno.

Días antes de la primera reunión del año de la Junta Directiva del Banco de la República, Giraldo publicó un artículo en la página del Ministerio de Hacienda (a pesar de estar bajo el periodo de silencio que establece la norma del Emisor) en el cual aseguraba que el aumento desproporcionado del salario mínimo no influye en la inflación. Giraldo hizo mil maniobras para justificar su teoría, pero los mismos datos que recopiló La Silla Vacía muestran que los cálculos que pidió el codirector probaban todo lo contrario.

“Intenté hacer la regresión en diferencias (práctica común para ‘parchear’ la estacionariedad), obteniendo el resultado contrario no deseado desde nuestra postura: una relación directa, según la cual un aumento del 17,04% del salario mínimo real generaría un aumento de 9,62 puntos porcentuales en la inflación”, dice La Silla Vacía citando uno de los documentos de cálculos que solicitó Giraldo para su artículo en defensa del aumento del salario mínimo del 23,7%.

En reunión de la Junta de enero, en la que el Banco subió 100 puntos básicos su tasa de interés de intervención desde el 9,25% hasta el 10,25%, cuatro codirectores votaron a favor de esta subida, mientras que uno votó por la estabilidad de las tasas y dos por que se redujeran. ¿Quiénes habrán sido los que votaron por la reducción de las tasas a pesar de que Colombia está en el top 10 de países con inflaciones más altas del mundo? No se me haría raro que hubiesen sido Ávila y Giraldo.

El malestar de Ávila en la rueda de prensa luego de la reunión de la Junta era más que notorio y volvió a repetir el discurso de que toda la inflación que iba a ver el país en este 2026 iba a ser culpa del aumento de las tasas de interés por parte del Banco de la República. Afortunadamente aún hay funcionarios técnicos (no vendidos) como el gerente General del Banco de la República, Leonardo Villar, quien fue el encargado de hablar y tomar decisiones desde la tecnicidad y el conocimiento.

“En la opinión de la mayoría de la Junta, una política monetaria contractiva (aumento de tasas) ayuda a bajar la inflación, no a subirla. En eso, debo decir por mi experiencia y mi contacto con bancos centrales del mundo entero… es una práctica general que cuando se quiere bajar la inflación se haga una política monetaria más restrictiva, mientras que cuando se bajan las tasas de interés típicamente aumenta la inflación. Eso es un conocimiento generalizado…”, dijo Villar en la rueda de prensa.

Da tristeza que técnicos respetados con largas carreras y trayectorias profesionales destacadas caigan en el mismo lodazal que los influencers bodegueros de cualquier corriente política: vendiendo sus opiniones al mejor postor.

El fanatismo y el activismo son tal que estoy seguro de que si Petro dijera de 2 + 2 = 5, Ávila saldría a confirmar la teoría del Presidente y Giraldo escribiría un paper asegurando que no hay pruebas que confirmen que 2 +2 siempre va a ser 4 y que en unos casos puede llegar a ser 5. En esos tiempos estamos.

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