Opiniónabril 16, 2022hace 4 meses

Nuestro futuro común

Es la inconciencia y la indiferencia el único esfuerzo que ha sostenido realmente la humanidad y que ahora la lleva a un punto sin retorno.

Es increíble que muy pocos -niños, jóvenes, adultos o viejos- no se asombren al leer en las redes sociales o ver en las noticias que un lago en algún lugar del mundo se ha quedado sin agua, que día a día aumenta el volumen del mar o que a 2050 los incendios forestales se acrecentarán en un 30%. Hoy se pasa de largo a la siguiente historia en Instagram o a la publicación del influencer al que se quiere dar like.

Sin embargo, el desarrollo sostenible se ha convertido en un concepto altamente utilizado por la academia, los gobiernos, el empresariado y la sociedad civil, aunque la gran mayoría, y muchos de quienes con orgullo lo utilizan, aún desconocen con exactitud qué es y cuál es su importancia.

En 1987, Gro Harlem Brundtland, ex primera ministra de Noruega en 3 oportunidades y exdirectora general de la OMS, advirtió al mundo acerca del desastre social y ambiental que vivimos actualmente y, lo que es más grave, de la catástrofe que está por ocurrir y que para muchos es irreversible.

En ese año se presentó ante la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de la ONU, el informé “Nuestro Futuro Común”, conocido más tarde como “Informe Brundtland”, el cual enfatizó que el camino elegido por la humanidad estaba dejando cada vez más personas en la pobreza, aumentando la inequidad social y arrasando con los recursos naturales. 

Este informe utilizó por primera vez el término desarrollo sostenible y en su presentación Brundtland aseguró que “Muchas cuestiones críticas de supervivencia están relacionadas con un desarrollo desigual, la pobreza y el crecimiento de la población. Todo ello crea una presión sin precedentes sobre las tierras, aguas, bosques y otros recursos naturales del planeta”.  

Hace más de 3 décadas Brundtlan clamó por un crecimiento económico, sostenible social y medioambiental. Las amenazas y tareas comunes que definía como prioritarias siguen siendo en la actualidad las mismas. Es alarmante, por decir lo menos, que muchos políticos, empresarios y ciudadanos aun no tengan conciencia sobre lo que por mucho tiempo han escuchado y sin vergüenza alguna han evadido.

Se dice que la pandemia evidenció las desigualdades económicas y sociales en el planeta y demuestra el abuso indiscriminado de los recursos naturales, y yo me pregunto ¿no fue esto lo que claramente expuso el documento Brundtland?

Es la inconciencia y la indiferencia el único esfuerzo que ha sostenido realmente la humanidad y que ahora la lleva a un punto sin retorno. Urge que retomemos los diagnósticos científicos, juiciosos y documentados, que desde hace más de 30 años nos anuncian una crisis en todo el ecosistema del ser humano.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible, para mí, grandes herederos del documento Brundtland, son con claridad el camino posible. La pregunta es entonces: ¿Están dispuestos los gobiernos, las empresas, y los ciudadanos a correr el costo económico, social y ambiental que se requiere para cambiar a hombres y mujeres educados durante miles de años sobre la base del individualismo y el interés propio?

Ni el vidente más poderoso podría dar la respuesta, pero si comenzamos un ejercicio serio en el que cada persona, al menos, comprenda a cabalidad qué significa la equidad, respetar al otro y cuidar el medio ambiente, con seguridad comenzaremos a caminar el sendero correcto.

Lo cierto es que la catástrofe anunciada en 1987 no fue ni es ciencia ficción, es una realidad que está ocurriendo. Por eso no me canso de realizar desde este espacio un llamado a que entre todos labremos eso que Brundtland definió como “Nuestro Futuro Común”.

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