Opiniónmarzo 14, 2022hace 2 meses

Volvieron trizas el habeas data

¿Cierto que ya hoy no lo despertó ningún candidato a prometerle la luna?

Luego de las votaciones de ayer, “la verdadera encuesta” como dicen algunos candidatos que siempre estuvieron condenados al fracaso en este intento democrático que algunas veces deja a uno que otro ardido, ya sea por la quemada tan brava o la piedra que le da no haber alcanzado lo que aspiraba, el país parece descansar de la saturación informática de tantos mensajes cruzados, sin saber siquiera cómo traducirlos en el voto que algunos colombianos, más de los que creemos, ayer lo dieron, pero aún no logran entender cómo.

Usted que me está viendo, ¿Cierto que ya hoy no lo despertó ningún candidato a prometerle la luna? No crea que dejó de ser “un cliente muy especial”, simplemente sus datos con absoluta seguridad se están migrando mágicamente para ofrecerle un paquete soñado, en alguna rifa que se ganó sin comprar la boleta. Y es que parece un chiste, pero según cálculos de consumo, los colombianos estamos en promedio en 33 bases de datos sin autorización. Un verdadero exceso, que sin duda abre las puertas peligrosamente a los anales peligrosos de la suplantación.

El tema de la fotocopia ampliada, los trámites telefónicos para activar líneas móviles, la huella que dejamos en documentos que no prosperan, el mail en la caja del almacén de ropa, el celular para pedir el taxi, e incluso las encuestas que hacen en algunas alcaldías para saber si uno iba o no a firmar una revocatoria, abren unas posibilidades “así de grandes”, para que los datos sensibles se multipliquen sorpresivamente y terminen vendiéndose por ahí en el centro de alguna ciudad principal.

Es que nosotros mismos, desde el “te lo paso, pero ni a bate le digas que yo te lo di”, la estamos embarrando en algo en lo que no hay que ser papistas, pero que francamente ya llegó a los límites desesperantes del acoso. No hay derecho que promotores de viajes turísticos, bancos, compañías de celular, marcas de juguetes, ojalá no solo para niños; nos despierten un sábado, a la hora que sea, a decirnos que somos los reyes del comportamiento crediticio. 

El colmo de lo huérfanos que estamos por la necesidad del rigor absoluto de la ley 1581 de 2012 es tal, que los comercios se sienten con el derecho de preguntarnos por qué no nos interesa atender su invitación a endeudarnos, no sin antes preguntarnos si conocemos a alguien especial para trasladarle la oferta.

Es impresionante la falta de rigor y vigilancia de esta ley. Parece que los mecanismos digitales no adoptaron una mejora estratégica con la pandemia, sino que por el contrario, se engordaron con la información de todos los colombianos, y, a lo que marque, disparan a diestra y siniestra publicidad no pedida, en muchos casos engañosa; recepción ilegal de datos amparados en estrategias infantiles de facturación o promociones, y peor aún, derecho paternal para preguntar por qué no nos interesa que se metan en nuestros oídos y en nuestros mensajes de celular, cuando se les pegue la gana.

Ojalá el próximo gobierno y los parlamentarios que se van a posesionar, le den el alcance real a una ley que la autoridad claramente no ha podido regular.

 

@donandreshoyos en Twitter

*Comunicador social y periodista, asesor de comunicaciones estratégicas, CEO MM&C y columnista.

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