Opiniónnoviembre 24, 2022hace 13 días

Colombia y el diálogo en Venezuela, ¿funcionará?

No será fácil y el desafío es complejo, pues son varios los intentos de negociación que se han dilatado indefinidamente sin ningún resultado.

Colombia y el diálogo en Venezuela, ¿funcionará?Foto: Noticias RCN

Esta semana el gobierno colombiano anunció que los diálogos entre la oposición y el oficialismo venezolano serían reactivados luego de más de un año de suspensión. Se trata de una de las principales apuestas de la política exterior colombiana para incidir positivamente en el vecino y recuperar el protagonismo regional. No será fácil y el desafío es complejo, pues son varios los intentos de negociación que se han dilatado indefinidamente sin ningún resultado. Es más, en cada intento fallido se termina por deslegitimar el proceso de negociación. ¿Puede funcionar esta vez? ¿Por qué es importante la presencia colombiana?

El éxito de la negociación pasa indudablemente porque conduzca a resultados de cara a la organización de elecciones en 2025. La oposición vuelve a la mesa de negociación porque necesita recuperar el espacio político que fue perdiendo. Esta consiguió un apoyo internacional representativo, bajo la figura de Juan Guaidó, último presidente de la Asamblea Nacional o Congreso de esa fracturada oposición, pero cuyo poder se fue debilitando y desacreditando por falta de resultados, como por los escándalos de corrupción por un supuesto derroche de ingentes recursos que llegaron de la comunidad internacional.

En 2021, The Washington Post reveló el contenido de una investigación en la que se estimaban en 40 mil millones de dólares los recursos embolatados en el círculo de personas del denominado presidente interino. Con un apoyo internacional representativo y un Nicolás Maduro más aislado de lo que jamás estuvo Hugo Chávez, la oposición no pudo convertir esa presión en hechos concretos, entre otras cosas, porque al igual que la comunidad internacional, subestimó la fuerza del oficialismo.  

¿Por qué este diálogo es distinto a otros del pasado?  Han sido varios los intentos y no todos han fracasado. En 2015 y en una parálisis política, no tan profunda como la actual, los oficios de Brasil, Colombia, y Ecuador derivaron en la convocatoria de elecciones legislativas, las últimas en las que la oposición participó masivamente y, por ende, legítimas. Ese 6 de diciembre la oposición consiguió una mayoría calificada y confirmó la peor derrota del chavismo en las urnas junto al referendo constitucional de 2007 que el propio Chávez calificó como “victoria de mierda” para la disidencia. Sin embargo, la colectividad opositora nunca supo como administrar esa mayoría. Se dedicó a buscar la salida de Maduro con argumentos reforzados y luego el mandatario respondió con la insólita convocatoria de una constituyente que significó el cierre de espacios deliberativos y el abandono de cualquier formalidad democrática. 

Por intermediación de Mia Mottley, premier de Barbados, se intentó negociar en 2019, pero aquello fue estéril, pues Maduro exigía a la oposición cesar el apoyo a las sanciones económicas, algo que jamás sucedió. Dos años mas arde y por intercesión de Andrés Manuel López Obrador y del gobierno de Noruega, este último un constante patrocinador del diálogo, volvieron a la mesa, pero en octubre de ese año el oficialismo se retiró por la extradición de Alex Saab hacia EE. UU. y la negativa de esa administración a incluirlo como negociador.  

Dos lecciones quedan del repaso. Primero, la comunidad regional ha sido clave para relanzar los procesos de diálogo y aunque los fracasos no sean pocos, existen indicios y antecedentes que hacen pensar en su viabilidad. Segundo, esta vez a diferencia del pasado reciente, Colombia participa, lo que significa un impulso representativo pues tiene influencia tanto sobre el oficialismo con quien mantiene relaciones cordiales, como en la oposición venezolana, que no olvida el gesto de Petro de negarse a deportar a los presos políticos en territorio colombiano ante el pedido de Diosdado Cabello.

Nada permite asegurar que el diálogo funcionará, pero se pude establecer que su éxito dependerá al menos de tres factores. El apoyo de EE. UU. a la transición, pues buena parte de las sanciones contra la industria petrolera y los activos estatales dependen de su voluntad política. La transición más urgente en Venezuela es económica y sin el levantamiento de sanciones difícilmente se puede pensar en un sistema viable; la convocatoria de elecciones con garantías a la oposición y para ello, será indispensable la liberación de presos políticos cuyo número se calcula en unas 300 personas; y como consecuencia de lo anterior, en algún momento se deberá avanzar en la reconciliación. En varias ocasiones, Venezuela ha contemplado la creación de una comisión de la verdad, al menos desde 2002 a raíz del intento de golpe contra Chávez y luego por la violencia en las protestas contra y desde manifestantes en 2011 y 2016. Todas han fracasado por no ser suficientemente incluyentes. El aporte de Colombia desde su experiencia puede ser valioso. 

No hay fórmulas mágicas, pero en este momento existen estímulos clave para avanzar en la negociación. El gobierno necesita urgentemente que se levanten las sanciones y salir del aislamiento para continuar con la reactivación económica. A la oposición le urge recuperar protagonismo para incidir en la realidad política venezolana, luego de años de intrascendencia. Por mínimos chances que tenga de prosperar, cualquier diálogo que aspire a una reconciliación y a detener la tragedia venezolana se justifica.

 

Mauricio Jaramillo Jassir

Profesor Universidad del Rosario

@mauricio181212

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