Tengo más de 30 años y sigo jugando videojuegos, ¿y qué?

Crecer puede cambiar la forma en que juegas, pero no tiene por qué quitarte las ganas de hacerlo.


Ingrid Jaramillo
octubre 29 de 2026
10:51 a. m.
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¿Alguna vez alguien los ha hecho sentir ridículos por seguir jugando videojuegos después de los 30? Como si fuera una afición exclusiva de los niños o algo menos importante que cualquier otra forma que tenga un adulto de desconectarse un rato de la realidad.

Tengo 32 años, soy mujer y juego videojuegos. Lo digo con orgullo porque, desde que tengo uso de razón, han sido parte de mi vida. Eso sí, hay algo que cambia con los años: las responsabilidades se vuelven más serias y el tiempo empieza a escasear.

Ya no llego a casa después de una larga jornada de trabajo con la misma energía para encender la consola o el PC, jugar unas partidas con mis amigos o continuar esa aventura que me tenía atrapada. La vida se pone pesada y, por momentos, parece que ella misma me dijera: ¡Hey, para! Esto ya no es para ti

¿Pero les digo algo? Aunque me ha pasado en los últimos años, siempre vuelvo. Puede sonar cliché, pero las personas solemos volver a los lugares donde fuimos felices. A veces es por nostalgia; otras, por buscar esa misma sensación que encontramos cuando descubrimos un juego que nos atrapó por primera vez. Sea cual sea la razón, yo sigo disfrutando de sentarme a jugar y olvidarme un rato de todo lo que tengo pendiente.

Sin embargo, para algunas personas, disfrutar de esta afición parece algo negativo. Jugar videojuegos todavía es motivo para que te pongan la etiqueta de “vago”, como si dedicarle tiempo a algo que te gusta dijera todo sobre quién eres. Y la verdad es que muchos gamers mayores de 30, como yo, tenemos nuestras responsabilidades y buscamos la manera de conservar un espacio para jugar. No tendríamos que demostrar que somos autosuficientes o que tenemos una carrera profesional para que nuestra afición sea tomada en serio.

En mi caso, me encanta poder combinar mi profesión, la comunicación social, con mi pasión por los videojuegos. Nunca se me pasó por la cabeza que terminaría llevando este hobby a ese punto. Amo escribir sobre videojuegos, contar mi experiencia con ellos y conectar con personas que se sienten identificadas con lo que comparto. Es bonito descubrir que algo que me ha acompañado durante tantos años también puede formar parte de mi vida profesional.

Quizá alguien se pregunte por qué una periodista de 32 años dedicaría parte de su tiempo no solo a jugar videojuegos, sino también a escribir sobre ellos. ¿No es suficiente con jugarlos? ¿No hay cosas más importantes que hacer?

Y es precisamente ahí donde quiero detenerme. No pretendo convencer a nadie de que jugar videojuegos nunca es una pérdida de tiempo. Cada persona decide cómo utiliza su tiempo libre. Lo que sí me gustaría es que pudiéramos mirar esta afición sin reducirla a los prejuicios de siempre, porque quienes disfrutamos del gaming sabemos lo que significa para nosotros, incluso cuando no tenemos que explicárselo a nadie.

No importa si eres menor o ya pasaste los 30: cumplir años no significa que tengas que dejar atrás las cosas que te gustan. El gaming también tiene un espacio profesional gracias a los esports y los torneos, pero no hace falta competir ni ganarse la vida con esto para disfrutarlo. Una afición no tiene que convertirse en un trabajo para tener un lugar en tu vida.

A lo que quiero llegar es que los gamers ya hemos tenido que lidiar con suficientes prejuicios por el hobby que elegimos, o que nos eligió, como para seguir cargando con calificativos como "vagos" o "inmaduros". Una partida no define a una persona, del mismo modo que leer un libro o disfrutar de una película tampoco dice todo sobre quien lo hace.

Yo tengo 32 años, trabajo y tengo otras responsabilidades. También sigo disfrutando de los videojuegos. Puede que ya no juegue durante tantas horas como antes y que haya días en los que ni siquiera encienda la consola, pero eso no significa que haya dejado de ser gamer.

Y, sinceramente, no creo que tenga que hacerlo. No necesito que jugar videojuegos sea productivo ni que me deje alguna enseñanza cada vez que me siento frente a una pantalla. A veces, simplemente, quiero jugar porque me gusta. ¿Y qué tiene de malo eso?

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