¿La tecnología incluye si no transforma?
En los últimos años, el sistema financiero colombiano ha acelerado su proceso de digitalización.
11:06 a. m.
Aplicaciones móviles, billeteras digitales, inteligencia artificial y procesos automatizados han ampliado la cobertura y reducido costos operativos. Hoy, realizar una transacción o abrir una cuenta puede tomar apenas unos minutos. Sin embargo, detrás de este avance surge una pregunta necesaria: ¿la tecnología está generando verdadera inclusión financiera o solo está cambiando las formas de exclusión?
La digitalización ha permitido importantes avances en acceso. No obstante, el acceso por sí solo no garantiza transformación. En Colombia, según el Índice de Pobreza Digital del Departamento Nacional de Planeación, cerca del 38 % de la población mayor de 11 años enfrenta limitaciones en conectividad, acceso a dispositivos o habilidades digitales. Para millones de personas, especialmente en territorios rurales y vulnerables, la tecnología no representa una oportunidad inmediata, sino una nueva barrera.
Incluso quienes logran incorporarse al sistema digital muchas veces lo hacen sin el acompañamiento necesario para tomar decisiones informadas. Una aplicación puede agilizar un trámite, pero no enseña a evaluar un crédito, a administrar un negocio o a planear financieramente. El riesgo es evidente: una inclusión superficial, donde existe acceso, pero no progreso real.
La brecha se profundiza cuando se observa el territorio. Las realidades productivas, los ciclos económicos locales y las condiciones sociales no son homogéneas. La tecnología, cuando se aplica sin contexto, puede desconocer estas diferencias y generar soluciones estandarizadas que no responden a las verdaderas necesidades de las personas. La inclusión financiera, para ser efectiva, debe comprender las particularidades del entorno y adaptarse a ellas.
En este sentido, la cercanía sigue siendo un factor irremplazable. Conocer a los clientes, entender su actividad económica, acompañarlos en la toma de decisiones y construir relaciones de confianza son elementos que ninguna herramienta digital puede sustituir completamente. La tecnología es una aliada poderosa, pero necesita integrarse a modelos que prioricen el acompañamiento y la comprensión del territorio.
El reto no es elegir entre eficiencia o humanidad, sino equilibrarlas. Apostar exclusivamente por la automatización puede ser rentable en el corto plazo, pero insuficiente para generar desarrollo sostenible. La verdadera inclusión financiera se mide por impacto: por su capacidad de fortalecer proyectos productivos, reducir vulnerabilidad y ampliar las oportunidades reales de las personas.
Colombia no necesita más plataformas desconectadas de su realidad. Necesita innovación con propósito, capaz de combinar tecnología, cercanía y conocimiento profundo de los territorios. Porque incluir no es solo permitir el acceso. Incluir es transformar.