Liderar antes de decidir
¿Dónde se están tomando realmente las decisiones que sostienen este país? No siempre en una sala de juntas.
10:15 a. m.
Muchas de las decisiones más importantes se toman en el lugar donde se ejecutan: en una finca, en una vereda, en una tienda de barrio, en una peluquería o en una cocina donde la conversación ocurre sin prisa. Se toman en medio de la realidad, no desde la distancia.
En una de esas conversaciones, un campesino me habló de lo frágil que puede ser el equilibrio en la vida. Me explicó que allá no hay espacio para improvisar, que cada decisión pesa durante meses. Sin embargo, esa misma realidad lo obligaba, muchas veces, a tomar decisiones en el día a día sin toda la información o las herramientas necesarias. No porque quisiera improvisar, sino porque no había otra opción. Porque se trataba de sobrevivir.
Esa conversación me dejó una inquietud que no es menor: ¿es realmente responsabilidad de quienes viven en esa fragilidad tomar mejores decisiones, o es también responsabilidad de quienes tenemos otra formación diseñar mejores condiciones para que esas decisiones sean posibles?
En ese momento confirmé algo en lo que creo profundamente: liderar no es reaccionar cuando el problema estalla; es haber pensado con cuidado antes, cuando todavía existe la posibilidad de elegir.
Durante años se nos enseñó que el buen líder es el que responde mejor bajo presión. Pero en contextos como el colombiano, dentro y fuera de las ciudades, esa idea resulta insuficiente. Los líderes que realmente transforman no son los que llegan a apagar incendios, sino los que entienden el terreno antes de dar el primer paso. No es casual que una idea atribuida a Sun Tzu siga vigente siglos después: la verdadera batalla se gana antes de librarse. En Colombia, para millones de personas, esa no es una metáfora: es la única forma de sostenerse.
Porque la incertidumbre no es exclusiva de la ruralidad. Está en el campo, pero también en la economía urbana independiente: en quien vive de su cosecha y en quien vive de sus ventas diarias. No hay ingresos garantizados, ni calendarios estables. Hay factores que escapan al control: el clima, los precios, la competencia, la demanda de un día para otro. Más del 80 % de las personas en zonas rurales viven en la informalidad, según el DANE, pero esa misma fragilidad se replica en buena parte de quienes trabajan por cuenta propia en las ciudades.
En medio de ese contexto, millones de familias toman decisiones todos los días con niveles de riesgo que, en otros entornos, serían impensables. Se financian como pueden: con préstamos informales, con favores, o con mecanismos como el “gota a gota”, que terminan profundizando su vulnerabilidad. No es una elección libre; es, muchas veces, la única opción disponible.
Frente a esta realidad, hablar de liderazgo con propósito deja de ser un discurso y se convierte en una responsabilidad concreta. Es estar presentes, entender, acompañar y sostener en el tiempo, tanto en el campo como en los barrios donde se mueve la economía diaria.
La evidencia es clara: la inclusión financiera puede ser un motor para reducir la pobreza. Ocurre cuando hay cercanía, cuando alguien escucha antes de ofrecer, cuando comprende que detrás de cada decisión hay una familia organizando su vida alrededor de recursos escasos.
Liderar en este contexto no es imponer dirección, es construir confianza. Es entender que los modelos estandarizados difícilmente funcionan cuando se desconoce la realidad de las personas.
Hoy todo se mueve rápido: la tecnología avanza, la economía cambia, las reglas evolucionan. Pero en medio de esa velocidad, el mayor riesgo sigue siendo el mismo: decidir sin comprender. La sensibilidad no es debilidad; es una forma de inteligencia estratégica. Porque las soluciones que no nacen de la realidad rara vez logran sostenerse en ella.
Tal vez ahí está una de las lecciones más importantes del liderazgo: comprender que la verdadera fortaleza no está en reaccionar mejor que otros, sino en prepararse con humildad, escuchar con atención y actuar con propósito, mucho antes de que llegue la crisis.