Una consulta entre tres

“Cuando el resultado es previsible desde el diseño mismo del mecanismo, la consulta pierde su sentido”


Juan Carlos Bolívar
febrero 13 de 2026
12:42 p. m.
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El 8 de marzo, además de elegir la nueva composición del Congreso de la República, Colombia votará consultas presidenciales. En el tarjetón aparecen tres bloques claramente diferenciados. La Consulta de las Soluciones, la Gran Consulta por Colombia y el Frente por la Vida. Tres consultas en el papel y una sola consulta real en términos democráticos.

Las consultas no fueron diseñadas como vitrinas individuales ni como mecanismos para reforzar candidaturas ya consolidadas. Su sentido es otro. Permiten que varios precandidatos que comparten un espacio político compitan en condiciones relativamente equivalentes para que los ciudadanos definan quién los representa mejor. La consulta es un filtro competitivo, no una formalidad.

Cuando uno revisa el tarjetón con detenimiento entiende la diferencia. En la Consulta de las Soluciones aparecen únicamente dos nombres. Claudia López y un único contendiente, el verdadero NPC. No es una coalición amplia ni un grupo numeroso de aspirantes que se estén midiendo en igualdad. Es un escenario binario donde el nivel de reconocimiento, trayectoria y posicionamiento es abrumadoramente desigual. Más que una competencia abierta, parece una ratificación con acompañamiento.

En el bloque del Frente por la Vida ocurre algo similar. Allí figuran cinco nombres, entre ellos Roy Barreras. Pero no estamos ante una convergencia diversa de liderazgos nacionales con fuerzas políticas equiparables. Es un grupo donde tres de los candidatos que se están midiendo hacen parte del partido político de Roy, no hay mucho que agregar. La consulta no genera incertidumbre real sobre el resultado y refleja el cinismo de un personaje que se burla del sistema democrático cada que tiene la oportunidad.

Distinto es el caso de la Gran Consulta por Colombia. Nueve precandidatos, provenientes de distintas corrientes y movimientos, compitiendo entre sí. Algunos con trayectoria reconocida, otros emergentes. Algunos con estructura, otros construyendo desde abajo. Es la única donde la pregunta es genuina. Allí, aunque hay un “favoritismo estructural” hacia Paloma Valencia, no hay un ganador cantado. Hay disputa interna, hay riesgo político, hay posibilidad real de que el voto ciudadano incline la balanza. Esa diferencia no es menor.

La esencia de una consulta presidencial no es llenar un tarjetón con fotos. Es generar competencia auténtica. Cuando el resultado es previsible desde el diseño mismo del mecanismo, la consulta pierde su sentido y se convierte en una herramienta de validación anticipada.

La democracia interna exige incertidumbre. Exige que los candidatos tengan que convencer, debatir, disputar apoyos. No simplemente confirmar lo que ya está decidido en el imaginario colectivo. El 8 de marzo veremos tres bloques en el tarjetón. Pero solo en uno la ciudadanía decidirá entre opciones que realmente están compitiendo. Solo en uno el resultado no está escrito de antemano. Por eso, aunque aparezcan tres consultas, en esencia solo hay una.

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