Estrés crónico: la alarma que no se apaga y pone en jaque la salud física y mental
El estrés crónico puede convertirse en un factor de riesgo que impacta el corazón, el sueño, el peso, la memoria y el estado de ánimo.
Noticias RCN
10:58 a. m.
El organismo humano está diseñado para activarse frente a una amenaza. Ante una situación percibida como peligrosa, el cerebro pone en marcha un sistema de alarma que libera hormonas como la adrenalina y el cortisol.
Estas sustancias aceleran el ritmo cardíaco, elevan la presión arterial y aumentan la energía disponible. Es lo que comúnmente se conoce como respuesta de “lucha o huida”.
El problema surge cuando esa reacción deja de ser puntual y se convierte en permanente. Aunque hoy no enfrentamos depredadores como en la antigüedad, sí convivimos con presiones diarias: cargas laborales, responsabilidades económicas, cuidado de la familia y exigencias sociales. El cuerpo puede interpretar estos retos como amenazas continuas y mantenerse en modo de defensa.
Cuando la alerta del cuerpo permanece encendida
Cuando el sistema de estrés permanece activo por mucho tiempo, casi todos los procesos corporales pueden verse alterados. Se incrementa el riesgo de ansiedad, depresión, trastornos digestivos, dolores de cabeza, tensión muscular y problemas de sueño. También se asocia con enfermedades cardiovasculares, hipertensión, aumento de peso y fallas en la concentración y la memoria.
Claves prácticas para manejar el estrés de forma saludable
No todas las personas reaccionan igual ante los factores estresantes. La genética y las experiencias de vida influyen en la intensidad de la respuesta. Ante un mismo hecho, alguien puede mantenerse sereno mientras que otro experimenta una fuerte sobrecarga emocional. Por eso, el manejo del estrés debe entenderse como un proceso personal.
Según especialistas, adoptar hábitos protectores es un primer paso. Dormir bien, mantener una alimentación equilibrada y realizar actividad física regular ayudan a estabilizar las respuestas del cuerpo. Algunas técnicas de relajación, como la respiración profunda, la meditación o el yoga, también contribuyen a reducir la activación sostenida.
Otras estrategias útiles incluyen escribir un diario, fortalecer los vínculos sociales, dedicar tiempo a pasatiempos y al humor, y organizar mejor las tareas diarias para evitar la sobrecarga. Buscar apoyo profesional es igualmente válido cuando la tensión se vuelve difícil de controlar.
Gestionar el estrés no elimina los desafíos de la vida, pero sí cambia la forma de enfrentarlos. El resultado puede traducirse en mayor bienestar, mejor calidad de vida y una protección real para la salud a largo plazo.

