El mundo al revés
No puede ser que ahora le estén echando la culpa a Transmilenio por el asesinato de uno de sus vigilantes, por parte de una pareja de desadaptados.
05:13 p. m.
La biología nos dice que la diversidad de genes hace seres más fuertes y es la diversidad de ideas la que hace que una sociedad avance hacia el desarrollo. Eso sí, esa premisa es válida cuando las ideologías, por diferente que sean, apuntan a lo mismo: más riqueza y más desarrollo.
Lastimosamente, en los últimos años, y con el auge de las redes sociales, hemos visto el surgimiento de ideologías que no pretenden avanzar sino que su único fin es destruir: no quieren que haya desarrollo, se oponen a cualquier proyecto o iniciativa que busque mejorar la calidad de vida y buscan constantemente desestabilizar el sistema.
Un ejemplo de lo anterior es lo que hemos visto estos días en redes sociales luego del asesinato de Cristian Garzón, el joven de 27 años que murió luego de recibir dos puñaladas mientras cumplía su trabajo como guarda de seguridad de Transmilenio: evitar los colados. Es ridículo que haya centenares de personas, y hasta exfuncionarios del gobierno anterior, culpando a la empresa y a la Alcaldía por la muerte de Garzón y no a los desadaptados criminales que querían colarse en el sistema.
Toda esta problemática surge de un odio irracional a Transmilenio el cual fue planteado por un sector político que tiene como ideología el subdesarrollo, el atraso y la pobreza. Transmilenio lleva 26 años operando y logró transformar la movilidad en Bogotá. Si bien la capital debió desarrollar a la par Transmilenio con el Metro, lo cierto es que el sistema ha sido un éxito en temas de cobertura y reducción de tiempos de desplazamiento.
Ahora bien, por supuesto que el sistema no es perfecto y enfrenta problemáticas como la alta congestión en horas pico y la inseguridad. El primero de estos problemas no es único de Transmilenio y le sucede a todos los sistemas públicos de transporte de las ciudades más importantes y pobladas del mundo. Todos hemos visto los videos de acomodadores empujando a la gente para que entre a los vagones en Japón situación a la que afortunadamente no hemos llegado acá.
El problema de la inseguridad tiene otros matices de los cuales Transmilenio no es responsable. La empresa no es la culpable de la falta de cultura de los habitantes de Bogotá, ni de la informalidad laboral del país que lleva a los vendedores ambulantes a tomarse los vagones para pregonar sus productos, ni de los enfermos que acosan a mujeres, ni de los colados que no son capaces de pagar $3.550 por pasaje.
El caso de Cristian Garzón es consecuencia de una de esas problemáticas, pero lo más preocupante, es que este hecho aberrante sea justificado, y hasta celebrado, por cierto sector político. Que la culpa es de Transmilenio por el precio del pasaje, que es de la Alcaldía por poner guardas de seguridad que impidan que la gente se cuele, que la responsabilidad es de la empresa porque el sistema es “feo, violento e inhumano”, como dijo el más reciente exministro de educación. ¿En qué momento pasamos de convertir al victimario en víctima? Vuelvo y pregunto ¿por qué Transmilenio es culpable de la falta de cultura de sus usuarios? No deberíamos preguntarnos mejor ¿por qué una persona mata a otra por evitar pagar $3.550?
Hemos normalizado tanto la corrupción en nuestro país, que nos parece más grave cobrar un pasaje que colarse. Incluso, estamos tan podridos por dentro que cuando estos guardas de seguridad, o algún ciudadano con conciencia, les hace reclamo a los colados, estos se enojan y agreden a quienes los increpan desenlazando en casos tan lamentables como el de Christian Garzón.
Hasta tal punto ha llegado el cinismo de cierto sector que para evitar los colados piden que Transmilenio sea gratis. ¡Qué gran idea! y por qué entonces para acabar con la hambruna no hacemos que todos los alimentos sean gratis, para acabar con la indigencia damos casas gratis, para mejorar la salud hacemos que todos los servicios médicos sean gratis y listo, vivimos en la “utopía” comunista que quieren tantos en nuestro país, pero que ha fracasado siempre en la historia.
Lo peor de todo es que nos quejamos de la corrupción de los políticos y de las clases altas de este país, pero celebramos a los colados o a los vándalos que dañan la propiedad pública cada vez que pueden. Corrupción es corrupción sin importar el nivel socioeconómico en el que se aplique y como sociedad debemos rechazarla de la misma manera.
Si personalmente no ponemos nuestra parte y obedecemos las reglas, tan sencillas como pagar un pasaje de Transmilenio, nunca vamos a poder avanzar como sociedad, pero también hay que señalar y castigar socialmente a quienes promueven la desobediencia, el incumplimiento de las leyes y el infringir las normas.
Ojalá el caso de Christian Garzón nos haga reflexionar sobre los puntos en los que estamos fallando como sociedad y nos una en rechazo a la violencia que otros celebran y promueven. Seguramente el tema de Transmilenio será usado en campaña para las elecciones de alcaldes y gobernadores que se avecinan el próximo año y es cuestión de todos nosotros elegir entre quienes promueven el odio, la violencia, el resentimiento y la lucha de clases; frente a quienes quieren trabajar por un mejor país.