La microempresa no pide más leyes, pide las correctas

Karol Valderrama no le pide al nuevo Congreso que le regale nada. No quiere una exención, ni un subsidio, ni una palmadita en la espalda.


Lina María Montoya Madrigal
julio 27 de 2026
10:31 a. m.
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Quiere algo más sencillo de nombrar, aunque no siempre fácil de lograr, que la traten de manera diferente a como se trata a una gran empresa. Lo que ella reclama, y lo que yo quiero traducir aquí, es que nadie está pidiendo dádivas ni la eliminación de impuestos, sino una relación justa y equilibrada con un Estado que hasta ahora le ha pedido mucho y le ha devuelto poco. Porque la mujer que convirtió un estudio de arquitectura en Itagüí en un motor de empleo para carpinteros, electricistas, maestros de obra, arquitectos y contadores en cuatro ciudades del país no solo sostiene la economía de los territorios, también genera empleo técnico y profesional de verdad. Y lo único que pide a cambio es un Estado aliado. Ese es, resumido en una sola idea, el reclamo de toda una economía que Colombia todavía no termina de ver de frente.

Porque hablamos de emprendimiento como si fuera un eslogan, pero rara vez hablamos de lo que viene después, y es el momento en que una persona decide, contra toda lógica financiera, formalizar lo que construyó con sus manos. Ahí es donde el discurso se desinfla. Juan David Rendón lo sabe bien. Lleva quince años convirtiendo la adrenalina en empresa a través de Club Paintball Medellín, y hoy genera empleo directo e indirecto en el Valle de Aburrá.

Pero cuando decidió constituirse legalmente, descubrió una verdad que pocas veces se dice en voz alta: las obligaciones tributarias y administrativas que debe asumir un micronegocio son, en la práctica, casi las mismas que enfrenta una empresa cien veces más grande. Su historia confirma algo que yo misma he constatado una y otra vez, en Colombia sobra el discurso que invita a emprender; lo que falta es que el Estado deje de comportarse únicamente como el que exige, para convertirse en el que estimula.

Con el nuevo Congreso instalado desde el pasado 20 de julio, ese es el punto de partida que no podemos seguir postergando. Las personas primero, y las cifras como prueba de que no son casos aislados. Juan David y Karol ya decidieron jugársela por la legalidad y se encontraron con un sistema que no fue diseñado para recibirlos. Y detrás de ellos hay una economía entera que lo confirma con números.

Y no son casos aislados. Son 1,7 millones de historias iguales a la de ellos, repartidas por todo el país, sosteniendo el empleo de 15,3 millones de colombianos. El 60 % de quienes emprenden en Antioquia son mujeres como Karol. La mayoría, como Juan David, se topan con una ley pensada para otra escala. Por eso solo 3 de cada 10 microempresas colombianas llegan vivas a los cinco años, y casi la mitad de las que cierran terminan de vuelta en la informalidad de la que tanto trabajo les costó salir. Esa no es una estadística de fracaso empresarial. Es una estadística de diseño legislativo.

Lo he dicho antes y lo repito hoy, con el nuevo periodo legislativo apenas comenzando, el reto no es crear más leyes, es crear las leyes correctas. Normas que entiendan que un micronegocio no tiene la misma capacidad de respuesta que una gran empresa y que, precisamente por eso, necesita reglas diferenciadas —no una réplica reducida de las cargas que asumen los grandes—. En los últimos cuatro años vimos 108 proyectos de ley tocar, de un modo u otro, a la microempresa. Solo 13 llegaron a convertirse en ley. La mayoría se quedó en el camino. Esa dispersión ya no es una opción, es el síntoma de que la microempresa no ha sido, en serio, una prioridad.

Por eso, desde Interactuar, no venimos a esta nueva legislatura con una lista de peticiones más. Venimos con una invitación directa para que se sienten con nosotros, con el sector privado y con los gremios, a construir junto a Juan David, junto a Karol y junto a los miles que representan, una hoja de ruta legislativa que ponga a la microempresa donde siempre debió estar —en el centro de la economía—. Que formalizarse abra mercados en vez de cerrar puertas. Que el crédito llegue acompañado de formación y no solo de intereses. Que el Estado sea, por fin, un aliado real y no solo una fuente de trámites.

Ellos ya tocaron la puerta. La pregunta que le queda al nuevo Congreso es si finalmente va a abrirla.

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