La prioridad es su salud | Por: María Fernanda Navia C.

En esta etapa escolar la virtualidad no es la mejor herramienta, aunque las instituciones educativas lo han dado todo para lograrlo.


María Fernanda Navia
enero 31 de 2021
06:00 a. m.
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Por: María fernanda Navia C.*
@MafeNaviaC en Twitter

Es un derecho de cada familia decidir sobre la educación de sus hijos, partiendo de que los padres, familiares o cuidadores, quieren lo mejor para los más pequeños.  

Frente a este tema que por estos días genera tanta controversia y confusión, en todos nosotros, debemos tomar en cuenta todos los aspectos que están en juego.

La primera pregunta que nos hacemos todos y que, a simple vista, pareciera muy sencilla de responder es: ¿qué está primero, su salud o su educación? La respuesta pareciera obvia, ¡por supuesto que su salud! La vida de nuestros hijos está por encima de todo y su salud y su bienestar lo defenderemos a capa y espada.

La cosa es, que la solución a esta pregunta no es tan obvia ni tan fácil, tiene muchos factores a tener en cuenta y el más importante de ellos es que su ‘salud mental, emocional y su desarrollo’ son parte esencial de su vida. 

Un 51 por ciento de los padres están de acuerdo y desean el retorno de sus niños a las aulas; entienden que los pequeños, en plena etapa de desarrollo de su lenguaje, del desarrollo de sus habilidades psicosociales, algunos en proceso de lectoescritura y habilidades básicas e iniciales de matemáticas, necesarias para la vida, se vieron frenados radicalmente tras el cierre de las aulas.

En esta etapa escolar la virtualidad no es la mejor herramienta, aunque las instituciones educativas lo han dado todo para lograrlo. Sin embargo, es una realidad que los periodos de atención de los niños en edad prescolar, frente a una pantalla, son cortos y es difícil mantenerlos motivados a distancia.

Aunque no podemos desconocer los esfuerzos que se han llevado cabo hasta el momento y que la virtualidad nos dio no solo una gran ayuda sino nuevas opciones, no es el escenario ideal para los procesos de educación.  

Por otra parte, un 49 por ciento de los padres prefiere que sus hijos se queden en casa. Llenos de temor por el virus, no les parecen suficientes las medidas de bioseguridad implementadas por los jardines y colegios.

Algunos han intentado seguir con su educación en casa, otros los dejan al cuidado de terceros por la necesidad de trabajar, lo cual pone en riesgo en algunos casos su seguridad. Sus ingresos se disminuyeron de tal manera que no pueden costear la educación, otros no tienen acceso a internet ni a dispositivos y algunos han optado por desescolarizarlos del todo y esperar a que ‘todo pase’.

Si nos remitimos a los hechos y a las cifras, ahí podemos encontrar muchas respuestas: lo primero, es que la evidencia del primer ejercicio de alternancia que se llevó a cabo desde mediados de octubre del año anterior y hasta mediados de diciembre con los protocolos más estrictos, nos mostró que el ambiente escolar sí es un ambiente seguro para los niños.

Y es incluso más seguro para ellos asistir a sus clases, ya que --por otra parte-- según un informe de la Veeduría Distrital las cifras en cuanto a violencia y abuso aumentaron desde que comenzaron los aislamientos.

Los niños en casa están sufriendo de ansiedad, en ciertos casos mal nutrición, se están volviendo introvertidos, temerosos. Su desarrollo físico también se está viendo afectado por el sedentarismo, lo cual es grave para su desarrollo neurológico, psicomotor. Es decir, para la evolución de sus habilidades cognitivas.  

Un grupo de padres de familia y educadores se han unido y han creado un movimiento llamado ‘La revolución de los columpios’ que busca defender los derechos de los niños, el derecho a su educación, a su desarrollo, a su nutrición, puesto que estos derechos se están viendo vulnerados con las decisiones de mantener cerradas las instituciones educativas.

Y han hecho un llamado a la Alcaldía y a las autoridades pertinentes para que sea prioridad la reapertura. 

Si la Unicef tiene como propósito velar porque los niños tengan oportunidades de aprendizaje, crezcan física y mentalmente sanos, vivan protegidos de todo tipo de violencia, explotación y maltrato, y han sido ellos mismos quienes han pedido a los gobiernos el regreso a las clases, ¿que nos detiene?  

Comencé este artículo expresando que es decisión de cada familia y que los padres solo queremos lo mejor para nuestros pequeños, basándonos en los argumentos correctos y si nuestro entorno familiar lo permite.

Sin embargo, si las autoridades no nos abren el camino los niños seguirán en casa con su desarrollo detenido, lo cual tendrá consecuencias futuras en la salud mental, física y emocional de las nuevas generaciones. 

Y concluyo mi artículo citando un parágrafo de la Unicef sobre los derechos de los niños:

“Las medidas, o la falta de medidas, de los gobiernos tienen consecuencias más graves para los niños que para cualquier otro grupo de la sociedad”.

“Prácticamente todas las esferas de la política gubernamental –desde la educación hasta la salud pública– afectan a los niños en algún grado. Las políticas miopes que no toman en consideración a los niños tienen consecuencias negativas para el futuro de todos los miembros de la sociedad”.

*Periodista y presentadora

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