Opiniónfebrero 19, 2022hace 6 meses

Promover un ciudadano coherente y consecuente

Los empresarios cuentan con unos consumidores que comienzan a darse cuenta de que es imperante un esfuerzo colectivo de autorregulación para sobrevivir.

Luego de vivir lo que esperamos haya sido el pico más fuerte de la emergencia sanitaria, y de escuchar los análisis de las alarmantes noticias sobre el planeta emanadas el pasado noviembre desde la COP26 de Glasgow, nadie puede negar que existe una preocupación latente en todos los rincones del mundo por trabajar unidos en la construcción de un nuevo futuro como especie.

Bajo la anterior perspectiva, se busca con urgencia la transformación del estilo de vida del ser humano hacia una sostenibilidad económica, social y medioambiental, que vaya mucho más allá del papel y los acuerdos políticos. Por todas partes se habla de que es el momento de construir realidades colectivas, que nos permitan asimilar otros comportamientos para enfrentar estos tiempos inciertos y los dilemas que sabemos debemos superar con apremio.

En la actualidad, nadie niega la necesidad de cambiar la forma en que producimos y consumimos. De acuerdo con el “IV Estudio de Marcas con Valores: La Era de las Consecuencias”, los aspectos que más diferencian y evidencian el nuevo estilo de consumo son la sensibilidad medioambiental a la hora de la movilidad, la búsqueda proactiva de productos más éticos y sostenibles y la predisposición a pagar algo más por ellos.

El anterior estudio español, publicado anualmente y reconocido a nivel internacional por su aporte a la investigación de las organizaciones como agente clave para la transformación social, también asegura que “…el consumidor sigue siendo el que era en muchos aspectos, por lo que no se evidencia un cambio radical de hábitos de consumo, pero sí una transformación vital en el que el nuevo estilo de vida consciente trasciende el mero acto de compra”.

Los resultados del anterior documento serán aprovechados -positiva o negativamente- por publicistas, comunicadores y expertos en mercadeo para desarrollar estrategias que permitan impulsar, aún más, el concepto de sostenibilidad para conquistar nuevos clientes. Sin embargo, estas conclusiones lo que en realidad deben ser, es un punto de inflexión para los líderes empresariales y sus equipos directivos.

Aquí ya no hay excusas, la ONU anunciará en marzo, durante su próxima sesión del Consejo de Derechos Humanos, que anualmente mueren 9 millones de personas prematuramente en el mundo por la polución y las sustancias tóxicas, una cifra superior incluso a las muertes por Covid-19 (5.8 millones). En la mayoría de las naciones la pobreza, la desigualdad y el hambre siguen creciendo y los desastres naturales no dan tregua.

Por años, los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales y hasta las mismas empresas se preguntaron ¿Cómo lograr que la población tenga una verdadera consciencia ambiental? Y ahora nos encontramos que, por el Covid y la vivencia individual de la crisis del planeta, las personas por sí solas, sin tal vez comprender toda la dimensión de lo que implica, están dando los primeros pasos para crear una cultura ciudadana mucho más que ambiental: una cultura de la sostenibilidad.

No se puede negar, históricamente el empresariado orientó sus esfuerzos a una producción desenfrenada con el único objetivo de generar más ganancias económicas. Se dedicó a influir en los hábitos de consumo de los ciudadanos para vender más, creó una cultura individualista en la que la acumulación de bienes es la única representación del éxito personal, y el desarrollo social y el respeto medioambiental siempre ocuparon un segundo plano.

Los empresarios deben reinventar el modelo y ahora cuentan con unos consumidores que comienzan a darse cuenta de que es imperante un esfuerzo colectivo de autorregulación para sobrevivir, buscar el bienestar colectivo y consolidar una perspectiva de colaboración que permita superar los individualismos.

Una economía y una sociedad totalmente descarbonizadas antes del año 2050 es un objetivo muy ambicioso y solo se alcanzará con la participación de la sociedad en su conjunto, y aquí la educación en sostenibilidad juega un papel muy importante.

De acuerdo con el estudio de Marcas y Valores, aunque no hayan cambiado su forma de comprar, el 82% de las personas dicen admirar a quienes ya ejercen un consumo consciente, fenómeno que deben aprovechar las organizaciones, apoyando una nueva forma de producir e impulsando, desde todos sus canales de publicidad, comunicación y relacionamiento con los clientes, la creación de un ciudadano coherente y consecuente con la realidad que vivimos.

Es ahora y no mañana cuando debemos crear ese nuevo ciudadano con libertades suficientes para tomar decisiones, que de no aparecer nos llevará con seguridad a que las empresas se queden sin clientes a quien vender.

Finalmente, cabe decir que en nuestro país estamos cerca de elegir a quien manejará las riendas de nuestra nación durante los próximos cuatro años, esa decisión marcará nuestro futuro inmediato y debe también regirse por las propuestas que, frente a la sostenibilidad y la libertad de elección contemple, asegurándonos ciudadanos autónomos que puedan pensar para cambiar la realidad.

Google News Haz de Noticias tú fuente de información aquí

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del usuario a través de su navegación. Si continúas navegando aceptas su uso. Políticas de cookies

Con su manifestación expresa de la aceptación del mensaje de información y autorización que se despliega al inicio de su navegación en el portal, así como con su navegación a través de la misma, RCN asume que usted acepta de previa, expresa e informada el uso de cookies. Sin embargo, la solicitud de aceptación de la presente política se desplegará en la parte inferior o superior del portal y en cada inicio de sesión o navegación con el objeto de que usted tenga un conocimiento claro e informado del presente contenido.