Colombianoviembre 15, 2021hace 11 días

La otra cara del huracán Iota: historias de quienes pusieron su vida al servicio de los demás

Los equipos de rescate fueron claves en la atención de la emergencia. Una socorrista relató su testimonio para Noticias RCN.

Los equipos de rescate fueron claves en la atención del huracán Iota. Foto: Cruz Roja.

Destrucción, necesidad y desolación. Ese era el panorama en el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina luego del paso del huracán Iota que arrasó con todo en la madrugada del 16 de noviembre de 2020. 

El fenómeno natural estaba causando estragos en varias islas del atlántico desde tres días antes, pero hasta el momento, no suponía mayor riesgo para el archipiélago colombiano, pero en cuestión de horas, pasó de ser categoría 2 a categoría 5 y en un parpadeo, se llevó todo lo que encontró a su paso. 

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Cuando salió el sol, el paisaje era completamente depresivo. Casas destruidas y miles de familias sin hogar. Incluso, los heridos no tenían dónde ser atendidos porque el hospital quedó en pérdida total. Las ayudas humanitarias también tardaron en llegar porque el aeropuerto quedó sin funcionamiento, así que debieron ser enviadas en barco, al igual que los rescatistas, desde la costa atlántica de Colombia. 

Claudia Suárez hace parte de la Cruz Roja Colombiana, de la seccional Cundinamarca y Bogotá, y estuvo dentro del grupo de socorristas que atendieron la emergencia. Claudia tuvo que viajar a Cartagena en avión y ahí desplazarse en barco hacia San Andrés, en un trayecto que duró dos días. 

"Fuimos el primer grupo que llegó. El panorama era desolador, realmente no quedó absolutamente. Se siente uno impotente porque esperábamos encontrar al menos una a vía u otras circunstancias, pero no fue así. En ese momento sentimos que no se iba a encontrar personas que estuvieran realmente bien, porque materialmente no quedó absolutamente nada. No había ni luz ni transporte, nada. Al llegar al centro de la Isla, logramos ubicarnos en el aeropuerto y lo limpiamos para podernos acomodar ahí. En el día se veía un panorama aún más preocupante, la gente salía temerosos de sus casas sin saber qué hacer. Empezamos a evacuar niños, mujeres embarazadas y personas de la tercera edad. Nosotros colocamos ahí en el aeropuerto un puesto de primeros auxilios y muchísima gente llegó. Pedimos verificación de contacto, así que pudieron llamar a sus familiares y disponerse para ir a San Andrés",  recordó Suárez para Noticias RCN. 

Los primeros días para Claudia y sus compañeros era de largos recorridos por lo largo y ancho de la Isla para atender a los damnificados. Las vías estaban afectadas del todo y la única forma para transportarse era caminando. En las visitas, fueron escuchando testimonios desgarradores, de familias que perdieron a seres querido, a pesar de que centraron su esperanza en Dios para salir adelante y poder seguir con vida. 

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"En Santa Catalina hubo otro caso de una familia que tuvo que amarrarse con una cuerda porque el nivel del agua era muy alto y eso evitaba que salieran volando. El padre de la familia quedó suelto para amarrar a los demás y recibió muchos golpes de objetos y terminó perdiendo la vida por los traumas generados. No obstante, la esposa nos decía que si no hubiese sido por él, todos en la familia habrían fallecido. Uno veía que los niños tenían como distraerse con la música y el baile. Duré cinco meses allá, aprendí mucho de cada uno, de sus historias y definitivamente son muy, muy fuertes. Al final terminé creando una familia", relató la rescatista. 

El huracán Iota no dejó muchas víctimas mortales en el archipiélago, por lo que la labor de Claudia y su grupo de la Cruz Roja no se centró en sacar a personas debajo de escombros, sino en ayudarlos a contactar con sus familiares, pues se perdió toda señal de celular e internet, por lo que dispusieron de teléfonos satelitales para llamar a sus allegados y darles un parte de tranquilidad en medio de la tragedia. 

"También nos encargamos de identificar a las personas hipertensas y con heridas de gravedad, ir reuniendo a las personas de la tercera edad y además, brindar la primer atención psicológica a aquellos que lo necesitarán y empezar a sacar un balance de heridos y fallecidos. Muertes solo tuvimos tres, afortunadamente. En las semanas posteriores, ayudamos en la adecuación de las viviendas y en suministrar alimentos a la población que quedó en la isla", agregó. 

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Para atender a los heridos graves se tuvo que armar un hospital de campaña en el patinódromo de San Andrés, pues el hospital oficial quedó completamente destruido con el paso del huracán, por lo que la exigencia de los socorristas fue mayor. A parte por la dificultad que se tenía por las vías sin comunicación y sin medio de transporte, Suárez y su grupo tuvieron que desplazarse barrio por barrio para hacer desde intervenciones y curaciones, hasta consultas psicológicas y distribución de agua para los isleños. 

Los días críticos fueron los primeros, Claudia relata que no habían nada de ayudas humanitarias, tampoco había agua y que la lluvia no dio tregua, lo que hizo aún más complicado el refugio para los que quedaron sin un hogar. Tuvieron que acogerse en carpas, pero el viento de las noches se llevaba todo de nuevo. Ya con el paso de los días comenzó el plan de la reconstrucción de las casas y de las vías. Con esto último, los socorristas pudieron desplazarse en carros para repartir alimentos y bebidas y demás implementos de necesidades básicas para los afectados.

Era tanta la cantidad de personas damnificadas, que las ayudas no dieron abasto. Con el tiempo, la presencia del Estado se fue organizando y los grupos de rescate pudieron llegar a cada zona y a cada barrio para atender a la población. 

El 18 de noviembre, el presidente Iván Duque afirmó que la reconstrucción del archipiélago tardaría 100 días, pero un año después, Claudia Suárez cuenta que todavía falta demasiado para que eso ocurra, pues aún hay personas que viven bajo una carpa ya que su casa no ha sido de nuevo construida. Todavía prevalece el miedo cada vez que llueve, pues los fantasmas de Iota rondan en los pensamientos de los isleños que, de vivir con esa alegría que caracteriza a la isla colombiana, pasaron a perderlo todo en una madrugada. 

No obstante, el panorama es esperanzador, al menos así lo ve la rescatista, quien viendo el retrovisor, asegura que hoy San Andrés luce con mucha más vida a pesar de su lenta reconstrucción. El paisaje ya no es gris y desolador como lo era antes, ahora ve fe en el corazón de las personas que ya agradecen el hecho de estar vivos y luchan día a día por recuperar su vida y claro, esperando la respuesta rápida del gobierno nacional para que la isla vuelva a ser el paraíso que siempre fue. 

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Por: Santiago Clavijo Merino / @santiagocm96

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