Histórico colegio privado de más de cincuenta años de servicio en Bogotá, cierra sus puertas: esta fue la razón
Mediante un comunicado, el colegio explicó las razones de su cierre.
Noticias RCN
03:39 p. m.
Lo que comenzó como una preocupación tras la pandemia se ha convertido en una tendencia estructural que está redibujando el mapa escolar de la ciudad. Según cifras recientes de la Mesa Distrital de Rectores de Colegios Privados, solo para el inicio del año académico 2026, 35 instituciones adicionales han decidido cesar sus operaciones, sumándose a una lista que supera los 400 cierres.
En primer lugar, la caída en la tasa de natalidad es drástica; según la Secretaría de Educación, los nacimientos en Bogotá han disminuido cerca de un 45% en la última década. Las familias actuales son más pequeñas y muchas parejas jóvenes optan por no tener hijos, lo que ha reducido drásticamente la base de la pirámide estudiantil.
A esto se suma la presión económica. El reciente aumento del salario mínimo (proyectado en un 23% para este ciclo) ha desbordado los presupuestos de los colegios, especialmente de aquellos que atienden a los estratos 1, 2 y 3. Mientras los costos operativos suben, las pensiones están reguladas por topes que no permiten compensar el gasto, generando un déficit financiero insostenible y una creciente cartera morosa por parte de los padres de familia.
Histórico colegio cerró sus puertas tras 50 años
El rostro más doloroso de esta crisis se refleja en instituciones con décadas de tradición que hoy solo guardan pupitres vacíos. El caso más emblemático de este mes es el del Colegio María Santa Soledad, ubicado en el barrio Veraguas Central, localidad de Puente Aranda. Tras cincuenta años de labor ininterrumpida, el plantel cerró definitivamente sus puertas al iniciar este 2026.
Fundado con la misión de brindar educación de calidad en un sector que carecía de oferta pública en los años 70, el María Santa Soledad llegó a albergar a más de 550 estudiantes en su época dorada. Sin embargo, su exrector, Hugo Heredia, relató con nostalgia cómo la matrícula fue disminuyendo año tras año hasta volverse inviable.
"Poco a poco, las matrículas bajaban 20 o 30 cupos cada año. Al final, los costos fiscales, el arriendo del inmueble y el pago de docentes superaron la capacidad de ingreso", explicó el directivo.
El cierre de esta institución, reconocida por su enfoque inclusivo y su arraigo en la comunidad, deja un vacío no solo académico sino emocional en el suroriente de la ciudad. Los padres de familia, que recibieron la noticia con sorpresa y tristeza, se han visto obligados a buscar cupos a última hora, enfrentándose a una oferta privada cada vez más reducida o a un sistema público bajo presión.
