Colombia cambió de presidente, pero la polarización sigue sólida

Colombia cambió de presidente. Pero tengo la sensación de que todavía no ha logrado cambiar de conversación.


Andrés Hoyos
septiembre 07 de 2026
06:52 p. m.
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Se fue Gustavo Petro de la Casa de Nariño y llegó Abelardo de la Espriella con la promesa de hacer exactamente lo contrario: recuperar la autoridad, enfrentar a los grupos criminales, ordenar la casa y, sobre todo, pasar la página de cuatro años que dejaron al país profundamente dividido.

Pero hay algo que resulta paradójico: Petro ya no gobierna y, sin embargo, sigue estando en el centro de la conversación política.

Y aquí aparece la pregunta que deberíamos hacernos: ¿De la Espriella llegó a gobernar Colombia o llegó, principalmente, a derrotar políticamente a Petro?

Porque una cosa es corregir los errores de un gobierno anterior y otra muy diferente es convertir al gobierno anterior en la explicación permanente de todo lo que ocurre.

Petro hizo política con Uribe. Su gobierno encontró en el uribismo buena parte de sus enemigos y de sus argumentos. Ahora pareciera que estamos frente al mismo espejo, pero al revés: el nuevo gobierno corre el riesgo de construir su identidad alrededor del antipetrismo.

Y eso sería una lástima.

Porque Colombia votó por un cambio. No votó necesariamente para seguir cuatro años más atrapada en la misma pelea.

La discusión sobre seguridad es necesaria. Nadie puede pedirle al Estado que sea débil frente a los criminales. ¡En hora buena cada derrota que tengan los delincuentes! El país necesita recuperar territorios, proteger a sus ciudadanos y devolverle autoridad a la Fuerza Pública.

Pero también necesitamos preguntarnos cómo se ejerce esa autoridad. Y es justamente para que vuelva a ser malo ser delincuente, para que quienes hagan las cosas mal tiemblen frente a una justicia que hoy da risa.

La autoridad del Estado no necesita espectáculo. Necesita resultados.

Y aquí es donde está el verdadero desafío de De la Espriella, que hoy cumple un mes en el cargo: demostrar que puede gobernar sin vivir permanentemente en campaña contra Petro.

Porque sería muy fácil gobernar mirando hacia atrás. Es mucho más difícil construir hacia adelante.

El país no necesita otro presidente dedicado a demostrar que el anterior estaba equivocado. Necesita un presidente capaz de demostrar que él puede hacerlo mejor.

Al final, el verdadero éxito de De la Espriella no será conseguir que los colombianos acepten que Petro se equivocó.

Será conseguir que, dentro de cuatro años, Colombia haya dejado de hablar de Petro.

Ese día sabremos que realmente pasamos esa vergonzosa página.

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