Regulación urgente para los amenazantes de las redes | Por: Andrés F. Hoyos E.
Estamos olvidando la enorme responsabilidad que tenemos al denunciar, criticar u opinar, sin tener que caer en los excesos macabros de violentar la integridad.
10:30 p. m.
Por: Andrés F. Hoyos E.*
@donandreshoyos en Twitter
Estamos olvidando la enorme responsabilidad que tenemos al denunciar, criticar u opinar, sin tener que caer en los excesos macabros de violentar la integridad de nuestro contradictor. La fiscalía debe reaccionar con rigor.
Recientemente la autoridad en Colombia para la protección al consumidor estableció una nueva dinámica algo papista para blindar las estrategias comerciales de los influencers bajo etiquetas visibles de publicidad que informen cuándo el producto del que hablan tenga un vínculo comercial que no sea del todo orgánico en su divulgación y bueno, ya ustedes conocen la historia. Algo excesivo a mí modo de ver, pero bienvenido siempre todo lo que sea para claridad y protección de los consumidores.
Este llamado de la Superintendencia debería ser replicado con extrema urgencia, en un entorno vital, que más que blindar los derechos de alguien, proteja las vidas de los ciudadanos, víctimas huérfanas de los excesos macabros de quienes irresponsablemente cuelgan lápidas a diestra y siniestra con la versatilidad y berraquera detrás de un teclado.
Esta semana no más, el representante de una agremiación quién sabe si en su entender y de forma simpática, para él, asemejó a un opinador de oposición con un indeseable ex cabecilla de una de las guerrillas que más daño le ha hecho al país.
El señor José Felix Lafaurie en un comportamiento reiterado, ha llamado la atención de la opinión pública nacional debido a que no es la primera vez que él y su señora bautizan de forma temeraria a quienes no piensan como ellos.
De lado y lado, ya no hay pudor a la hora de disparar calificativos sin límites razonables de sátira o humor; el sano trino que además de denunciar, refiere condiciones propias de un comportamiento comprobado, de contexto o visible, pero que no compromete con sindicaciones la vida o la integridad de esa persona, o incluso su familia.
Y es que la única sanción no puede ser un tibio retracto frente a irresponsabilidades vergonzosas y temerarias que encienden aún más un debate cargado de los más escasos argumentos, cual enredo de jardín infantil en el que sale victorioso el que grite más duro: “lero lero”.
Se necesita con urgencia un ordenamiento condenatorio que castigue esos excesos que comprometan la vida, la integridad y la honra de esa persona, y sin ser papistas, ahora sí, en algo tan delicado como lamentable, que insisto, comprometa la integridad de alguien.
El humor, la sátira, la denuncia y la indignación, no pueden dejar de existir como una herramienta cívica para resaltar posturas, planteamientos o sucesos.
Es muy necesario en una democracia que se está acostumbrando a jugaditas rastreras aparentemente normalizadas justamente por los vacíos interpretativos de nuestras leyes, pero lo que corresponde a la vida, debe de ser el bien supremo que defienda nuestra justicia y raramente en eso también está quedada.
*Comunicador social y periodista. Asesor de comunicaciones estratégicas y columnista