Un dólar más barato no garantiza una economía más competitiva
Por Juan David López, socio de Comercio Exterior en Baker McKenzie Colombia
05:53 p. m.
La caída del dólar tiene efectos distintos según el lugar que ocupe cada empresa en el comercio internacional. Para un importador puede representar un alivio en sus costos; para un exportador, una presión sobre sus márgenes. Pero quedarse en esa diferencia deja por fuera una pregunta de fondo para Colombia: ¿está aprovechando el país esta coyuntura para fortalecer su capacidad productiva y competir mejor en los mercados internacionales?
La apreciación del peso ha sido uno de los movimientos económicos más notorios de 2026. La tasa representativa del mercado pasó de $3.757 a comienzos de enero a niveles cercanos a $3.175 en octubre. El cambio tiene consecuencias concretas para quienes compran y venden en el exterior, aunque el resultado depende de la estructura de costos de cada negocio, sus condiciones comerciales y las decisiones que tome frente a este escenario.
Para los importadores, por ejemplo, la reducción del precio del dólar puede abaratar la compra de materias primas, maquinaria, tecnología e insumos. La oportunidad está en lo que hagan con ese margen: invertir en equipos, modernizar procesos o mejorar su productividad. Si el beneficio se concentra en comprar más bienes terminados en el exterior, el efecto sobre la capacidad de producción nacional será muy distinto.
Los datos del comercio exterior ayudan a poner esta discusión en contexto. En agosto de 2026, las importaciones colombianas crecieron 31,7 % frente al mismo mes de 2025, mientras las exportaciones aumentaron 15,1 %, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Las compras externas sumaron US$7.702,5 millones y el déficit comercial llegó a US$2.770,4 millones.
Estas cifras no permiten atribuir el comportamiento del comercio únicamente a la apreciación del peso. Sí invitan, sin embargo, a examinar qué está comprando Colombia en el exterior y qué capacidad obtiene a cambio. Importar tecnología, equipos e insumos que permitan producir más y mejor puede fortalecer a las empresas; aumentar las compras sin desarrollar capacidades propias plantea un escenario diferente. La composición de esas importaciones importa tanto como su crecimiento.
Del lado exportador, el efecto de la tasa de cambio se siente de otra manera. Cuando una empresa recibe sus ingresos en dólares, pero paga buena parte de sus costos en pesos, la apreciación de la moneda reduce el valor de esos ingresos al convertirlos a moneda nacional. El impacto final depende también de los insumos importados, los acuerdos con los compradores y la posibilidad de ajustar precios sin perder competitividad.
Sectores como el café, las flores y el banano enfrentan esta presión junto con sus costos laborales, logísticos y de producción. Analdex ha advertido sobre las consecuencias de la apreciación del peso para la rentabilidad y sostenibilidad de las operaciones exportadoras. En estas condiciones, aumentar las ventas al exterior no necesariamente se traduce en mejores resultados: el volumen puede crecer mientras el margen de cada operación se reduce.
Tampoco sería acertado concluir que Colombia necesita un dólar más alto. Una depreciación encarece las importaciones, la tecnología y las obligaciones financieras denominadas en moneda extranjera. Para las empresas, la prioridad debería ser reducir su exposición a cambios bruscos y construir operaciones capaces de sostenerse cuando la tasa de cambio deja de jugar a su favor.
En este punto, las decisiones de política económica también cuentan. Con el inicio de un nuevo ciclo de gobierno, las expectativas fiscales, el comportamiento de la inversión y la percepción de riesgo seguirán influyendo en el entorno cambiario, junto con los factores internacionales. Las empresas necesitan incorporar esa incertidumbre en sus decisiones, mientras el país requiere condiciones que favorezcan la inversión, amplíen la oferta exportable y permitan vender productos con mayor valor agregado.
La coyuntura actual puede facilitar la modernización de equipos, la incorporación de tecnología y la reducción de algunos costos. Pero también deja al descubierto las limitaciones de los negocios cuya rentabilidad depende en exceso de una tasa de cambio favorable. La diferencia está en cómo se aprovecha el momento: comprar más barato puede ser una ventaja temporal; producir mejor y desarrollar una oferta diferenciada puede convertirse en una fortaleza duradera.
Colombia no puede controlar todos los factores que mueven el dólar, pero sí puede trabajar en las condiciones que determinan qué tan bien compiten sus empresas. La productividad, la innovación, la diversificación de los mercados y la capacidad de ofrecer bienes y servicios de mayor valor son parte de esa tarea.