Opiniónseptiembre 25, 2021hace un mes

Cultura, cambio comportamental y desarrollo sostenible

Sin integración y cooperación cultural cualquier intento de desarrollo fallará.

 

Cultura como palabra se relaciona con una gran variedad de disciplinas y actividades humanas, y como concepto, a veces pareciera que pretende abarcar mucho.

La cultura es un elemento fundamental que se involucra a diario en múltiples campos de estudio como la economía, la política, la historia y la comunicación, entre otros; pero no es en sí una disciplina o ciencia social. Es tal vez por esa noción tan amplia que supone la cultura que no se incluyó como uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.

Sin embargo, estamos en mora de brindarle la atención que se merece y darle el lugar que le corresponde cuando hablamos de ese plan de acción que las diferentes naciones están adelantando a favor de las personas, el planeta y la prosperidad.

Ese todo complejo, y a veces etéreo, que supone la cultura es imposible de desligar de cualquiera de los 17 ODS. Cultura y desarrollo son palabras que no se encuentran a menudo en el mismo contexto, sin embargo, la primera es un elemento fundamental en el progreso de las personas y sus comunidades, es decir en el logro de la segunda.

El éxito de la Agenda 2030 supone una nueva forma de relacionarnos con el planeta, consolidar la igualdad entre los seres humanos y establecer prácticas económicas equitativas que produzcan solo lo suficiente. Eso es inviable sino se produce lo que popularmente se conoce como cambio de estilo de vida y de comportamientos.

Más allá de discusiones teóricas o científicas sobra la dimensión de la cultura, lo que debemos buscar frente a la sostenibilidad es su relación con el diario qué hacer de las personas, con sus maneras de relacionarse y con la construcción y defensa de valores, tradiciones, hábitos, patrones y conocimientos.

Solo por colocar un ejemplo, imaginemos cómo acabar con el hambre sino enseñamos a las personas a no desperdiciar comida, a alimentarse sanamente, a producir mediante prácticas agrícolas resilientes y a cambiar su concepción frente al campo. Esto, además de inversiones económicas, capacitación, apoyo técnico y alianzas, requiere cambios de comportamientos y de construcción de contextos sobre los que los procesos de desarrollo han de tener lugar.

Si entre otras cosas, no utilizamos la cultura, vista como ya lo hemos mencionado desde el comportamiento y relacionamiento social, no lograremos interpretar la realidad de las personas y las comunidades para hablar y comprometernos con lo mismo.

Son muchos los que han propuesto incluir a la cultura como un cuarto pilar de la sostenibilidad. Eso es casi imposible, pero si podemos tener en cuenta 3 aspectos fundamentales sobre el fenómeno cultural que implica el desarrollo sostenible.

Propiciar en las comunidades la creación de valores, significados y propósito en la vida. 

Integrar la cultura como enfoque en cada plan gubernamental de sostenibilidad. 

Reconocer que las campañas de información y sensibilización para el cambio comportamental son importantes frente a los pilares económico, social y ambiental, pero también insuficientes. 

Para que la sostenibilidad sea una realidad, debemos crear una perspectiva cultural sostenible, la cual alcanzaremos únicamente con acciones en formación y acompañamiento de largo aliento a toda la ciudadanía en general, y a las comunidades en particular, asegurando así su participación cívica.

 

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