Todo es economía
Las protestas en Europa responden a estados que están al borde de la quiebra por un gasto excesivo.
05:16 p. m.
Todos vimos el fin de semana un sinfín de imágenes de protestas, desmanes y vandalismo en las principales ciudades de Europa, lo que nos hizo cuestionarnos ¿qué es lo que está sucediendo?
Más allá de los intereses políticos de grupos radicales, o de la proliferación de la migración musulmana hacia países como Francia, España, Alemania e Italia, las protestas tienen como trasfondo un desbalance fiscal que impide que se mantenga el estado de bienestar que se implementó desde finales de la Segunda Guerra Mundial.
Nosotros como latinos siempre hemos admirado lo “avanzado” de la sociedad europea, no solo en temas culturales y cívicos, sino económicos: en especial la cobertura en salud, los bajos costos de la educación superior, la calidad de la educación pública y de la vida misma. Si bien como latinos hemos imitado algunas de las políticas anteriormente mencionadas, nos hemos dado cuenta lo costosas que son, por lo que no se ha podido implementar en la región un estado de bienestar en plenitud.
Son precisamente esos costos los que hacen que el modelo social europeo hoy esté al borde del precipicio. Tomemos como ejemplo a Francia, país donde las protestas fueron más violentas y donde se vio más gente en las calles durante el pasado fin de semana. Francia es el país de la OCDE que más gasto público hace con 31,6% del PIB (el doble de Colombia que apenas llega al 15,2% del PIB). Entre los subsidios que entregan los franceses, se encuentra un ingreso mínimo vital, ayudas para pagar el arriendo, primas para trabajadores de bajos salarios, subsidios por vehículos, transferencias directas por cada hijo que tengan, subsidio de desempleo, etc. Al sumar todas estas ayudas, una persona puede estar recibiendo alrededor de $2.000 euros mensuales en ayudas, lo que hace que el gasto del país en protección social ascienda a $77.000 millones de euros al mes (más de $300 billones al mes).
Este gasto que ha venido implementando Francia en los últimos años se ha ampliado porque gran parte de las ayudas se han expandido debido al incremento de la migración. Toda esta mezcla de factores ha hecho que se proyecte que el déficit fiscal de Francia cerrará el 2026 en 5,4% del PIB, cuando el límite establecido por la Unión Europea es del 3%. Antes esta situación, el gobierno francés ha planteado una serie de recortes de gasto para hacer de las finanzas más sostenibles y he ahí el problema… alguna vez un exviceministro de Hacienda me dijo la siguiente frase: “es más fácil imponer un nuevo impuesto que quitarle un subsidio a alguien”.
La crisis fiscal y el exceso de gasto público, al igual que en Colombia, generan un impacto en la inflación que ha hecho que el indicador en ese país llegue al 3,10% en septiembre, cifra históricamente alta para los promedios que se manejan en Francia. Esa mezcla de mayores precios y recorte de gasto generó el malestar que se ha exacerbado ahora en la calles, por parte de una sociedad que se acostumbró también a pedir mucho y producir poco.
Lo cierto es que la sanidad de las finanzas públicas y una economía estable es lo único que permite sostener en el tiempo un programa social tan ambicioso como el estado de bienestar europeo. A lo largo de los años los franceses se enfocaron en dar y gastar, pero nunca en volver el sistema sostenible y ahora que deben tomar decisiones impopulares para evitar una crisis mayor, vemos cómo la sociedad occidental tambalea y cómo movimientos religiosos (islamistas) radicales se aprovechan del caos para ganar cada vez más terreno.
La situación es complicada, pero cada vez queda más claro que la única forma de reducir la desigualdad y ayudar a los que más necesitan es teniendo una economía estable, sostenible, que genere riqueza y que dicha riqueza se traduzca en mayores oportunidades para los más marginados.
En Colombia apenas estamos dando la discusión de la sostenibilidad de nuestras finanzas y cabe la pena preguntarnos ¿qué camino vamos a tomar? Uno de asistencialismo disfrazado que da votos, gana elecciones pero compromete el futuro del país (como en Francia); o uno de estabilidad fiscal, con tal vez menos ayudas sociales hoy, pero más recursos y obras que mejoren la calidad de vida de las generaciones futuras.