Fin a la informalidad Influencer | Por: María Fernanda Navia C.

Aquí lo que se busca es la afinidad de intereses, por esto es muy importante el cuidado por la credibilidad que tiene este nuevo comunicador de hoy.


María Fernanda Navia
octubre 04 de 2020
06:04 a. m.
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Por: María fernanda Navia C.*

@MafeNaviaC en Twitter

Los Influenciadores tarde o temprano se iban a tener que regular. Esta actividad, entre más regulada y responsable sea mejor se va a percibir como una nueva forma de profesión. Algunos de inmediato brincarán y me dirán: ¿profesión? ¿estás loca? pero si no han tenido una preparación académica, pero si no hacen nada. ¡Es tan fácil!

Tan fácil es hablar sin conocer. Este tema, que se ha suscitado alrededor de la publicidad y el mercadeo en las redes sociales esta semana, tiene mucha tela por cortar.

Para comenzar aclaremos que, para estos influenciadores, además de tener un talento innato para comunicarse y un carisma especial que se requiere para conectarse con su audiencia, deben tener conocimientos en producción y realización de videos y fotografías.

Lo que requiere una planeación de su contenido, una creación de un libreto, una pre y postproducción, manejo de iluminación, creación de un escenario en muchos casos y --por su puesto-- la creación de ese mensaje con el que deben persuadir a su audiencia.

Estos influenciadores, con algunas excepciones, tienen carreras técnicas o profesionales o una escuela de vida, que les permiten estos conocimientos, sumados al talento y creatividad que les mencione antes. No cualquiera se levanta un día y dice: ¡hoy me convierto en influencer! 

Con lo cual me parece sumamente importante e interesante que la Superintendencia de Industria y Comercio, SIC, por fin haya puesto sus ojos sobre ellos, porque en la medida que los regulen, también su trabajo se va a percibir con mayor seriedad y respeto, incluso por parte de las empresas que los contratan y las agencias de comunicaciones y relaciones públicas que los contactan.

Las audiencias de seguidores reales y orgánicas son construidas y alimentadas diariamente a partir de un trabajo hecho con dedicación, constancia y disciplina, y esto se percibe en la calidad de sus contenidos periódicos, planeados estratégicamente y bajo cronogramas estrictos. 

Estos inluencers, que al final de cuentas son personalidades que comunican y persuaden a un público, son el mejor canal actual para llegar a las masas con un mensaje. Esa es la realidad de hoy, la más eficaz, veloz y medible.

Cuando les hablo de seguidores reales, es porque algunas personas en redes sociales, en su afán de crecer rápidamente han tenido la posibilidad de comprar paquetes de seguidores, que se encuentran en Bangladesh, Vietnam, Indonesia entre otros países de Asia. Es decir, seguidores falsos, que no van a consumir las marcas a las que les hacen publicidad.

Este tipo de práctica no es honesta, responsable ni ética. Básicamente porque las empresas que puedan contratar contenidos con estas personas no están llegando a su audiencia ideal, a la que realmente esperan, y esto también debe ser regulado.

Según estas regulaciones, el influenciador debe tener también la seguridad de que el producto o servicio que recomienda tiene los permisos, las licencias, o es algo seguro para su público. Esto también es parte esencial de su labor, es parte de su responsabilidad.

No todos los influenciadores llegan a todos los públicos, existe lo que se llama el ‘engagement’ que es esa conexión que tiene el generador de contenido con su audiencia y su capacidad real de influir en ella.

Por esto es que una persona puede tener 10.000 o 15.000 seguidores y llegar a un mercado que le interesa el segmento de las marcas de lujo, o el de las marcas deportivas, o de la industria de la moda, o el caso de los que tienen millones y llegan a un público con distintas capacidades adquisitivas o distintos intereses, un público masivo, lo que no siempre asegura una publicidad efectiva. 

Aquí lo que se busca es la afinidad de intereses, por esto es muy importante el cuidado por la credibilidad que tiene este nuevo comunicador de hoy, porque en su voz tiene una enorme responsabilidad con su mensaje, ya que su mensaje es muy persuasivo para una audiencia que le cree fielmente y por lo cual lo sigue. Esto no se puede vulnerar ni arriesgar. No solo por las multas que a partir de ahora serán impuestas sino principalmente por respeto a esta audiencia. Y esto es lo que de ahora en adelante también será regulado. 

Por esto mismo creo que es momento de que también las marcas y las agencias de relaciones públicas y comunicaciones a las que contratan vean con las misma seriedad y responsabilidad sus relaciones contractuales con estos influencers. Dejar atrás la informalidad en las solicitudes ya que esta actividad cada vez se constituye más como una labor establecida y formal.   

Para el influencer requiere un tiempo y un esfuerzo, generar sus contenidos de calidad y debe ser responsable e impecable con su mensaje y con su audiencia. Y así mismo, las marcas, productos, instituciones, ferias, eventos y agencias deben manejarlo con este, su nuevo medio de difusión.

*Periodista y presentadora

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