Opiniónagosto 02, 2022hace 5 días

Todos somos Europa

La actual recesión americana y la esperada europea implica que dos de nuestros principales mercados de exportación se están desacelerando.

Alexander RíosAlexander Ríos - Foto: NoticiasRCN.com

"En economía nada es inmediato, por fortuna; pero todo llega, por desgracia". Esta frase describe con exactitud el día a día de cualquier economista, la constante disyuntiva entre las soluciones de corto plazo y los efectos, generalmente contrarios, del largo plazo.  

Durante décadas, la Unión Europea ha sido un símbolo de paz y prosperidad comercial para el viejo continente, pero ahora está en apuros. La respuesta a la crisis del 2020 ha tenido efectos económicos y políticos negativos que vienen sintiéndose desde comienzos de este 2022, exacerbados por el conflicto entre Ucrania y Rusia que ha socavado, aún más luego de la pandemia, las cadenas logísticas, canales comerciales y la oferta de productos e insumos necesarios no solo para Europa, sino para países importadores netos como Colombia. 

Pero estos aires de recesión que percibe Europa actualmente son apenas el coletazo de algo más estructural que acecha desde el año 2010 a la economía europea. Se trata de los abrumadores niveles de deuda pública de algunos de los países miembros, impulsados en gran medida por el comportamiento expansionista del Banco Central Europeo desde ese año que, al mejor ejemplo de un alcohólico, acude al licor para subsanar -momentáneamente- sus problemas, a costa de empeorar su adicción en el futuro.
Como bien lo señala Sowell en su libro "Economía básica”: 

"[...] La economía es mucho más que una manera de observar patrones y desenmarañar anomalías confusas. Su preocupación fundamental es el nivel de vida de la sociedad en su conjunto [...] una manera de estudiar esto es observando las políticas económicas en función de los incentivos que crean, en vez de los objetivos que persiguen. Esto quiere decir que los resultados son más importantes que las intenciones"

Lo anterior nos conduce a pensar que el titular constante de "rescate económico" tiene como apellido las palabras crisis o recesión o, en el mejor de los escenarios, desaceleración. Esto no es algo novedoso en la teoría económica, pues ha sido así desde siempre, desde la "primera gran crisis de 1930” hasta la actualidad. Esa constante exuberancia que exhiben los gobiernos, populares por cierto entre los votantes más jóvenes e incautos, generalmente castiga a generaciones futuras de una manera u otra, sea con una mayor carga tributaria individual, fricciones en la colocación laboral o la tan famosa "carencia de oportunidad". Curiosa e inevitablemente al escribir esto pienso en Colombia, pero más curioso aún que se trate de una columna sobre Europa.

Vamos a lo económico. La palabra “recesión” es definida en los libros más tradicionales de teoría económica como: “dos periodos consecutivos de crecimiento económico negativo”. Tal definición fue cuestionada, curiosamente, por la Casa Blanca días antes del dato de crecimiento económico, dato que resultó tal como era esperado por el mercado: negativo, lo que implica que la economía americana entraría en recesión técnicamente, no muy lejano a lo que se espera de Europa próximamente. 

Los índices adelantados como el PMI o el ISE para Colombia, son herramientas muy comunes en el mundo de los analistas que miden la actividad económica de los países. Para nuestro análisis, para Europa estos índices indican fuertes contracciones de las economías líderes como Alemania y Francia; por otra parte, así mismo los indicadores de deuda pública saltan en rojo para países como Italia, España, Portugal y Grecia, este último protagonista de la ya mencionada crisis del 2010. 

Pero, ¿cómo esto puede llevarnos a decir "todos somos Europa"? haciendo un símil con esa empática campaña de hace un par de años que decía "todos somos París", Colombia no es un país que diste mucho de la realidad económica con la que comencé esta columna. Los conflictos entre Ucrania y Rusia nos afectan por varios, y para algunos, misteriosos caminos. La inflación por insumos importados, el encarecimiento del dólar por la incertidumbre global y el ajuste de las tasas americanas las sentimos en nuestra economía como si fuéramos parte del mismo continente europeo. Recordemos que Colombia es un importador neto de insumos básicos para la producción industrial, mucho más que de comida, contrario a lo pensado por el común de los colombianos. Así mismo, tenemos niveles de deuda externa (en dólares) que siente fuertes presiones fiscales alcistas cuando nuestro tipo de cambio sufre variaciones difíciles de anticipar por su volatilidad.

En este punto se hace importante resaltar que nuestros principales rubros de exportación se concentran en productos minerales asociados a los hidrocarburos, productos vegetales como café, bananas y flores y metales preciosos como el oro, entre otros; todos resultan altamente sensibles a los cambios en la demanda de exportación. Por otro lado, nuestros rubros de importación están fuertemente concentrados en maquinaria, productos agroquímicos y metales, que resultan ser poco sensibles en nuestra canasta de importación dada su importancia en la matriz productiva de la economía colombiana.

El próximo gobierno se enfrenta a un entorno exterior retador. La actual recesión americana y la esperada europea implica que dos de nuestros principales mercados de exportación se están desacelerando, lo que podría castigar severamente el ingreso de divisas y, ante la eventual rigidez en la canasta de importación, presiones a la balanza comercial, colocándonos en condiciones aún más deficitarias y de sensibilidad en nuestro tipo de cambio. Todo lo anterior puede resumirse en una frase famosa en el mundo económico: “Exportamos para poder importar”.



@inverxia_co
Economista, analista económico.

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