¿Hasta dónde puede llegar la sanción social en las redes?

Es muy importante el papel de los usuarios web como veedores virtuales. Sin embargo, es importante autorregularse y saber que hay límites, como la injuria y las amenazas.


Casos como los de Nicolás Gaviria y Juan Sebastián Toro salieron a la luz en las redes.

Noticias RCN

marzo 13 de 2015
12:09 p. m.
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El #ustednosabequiensoyyo, que se hizo tendencia en días pasados gracias a que un hombre llamado Nicolás Gaviria le dijera esta frase a un grupo de policías que trataban de controlar su borrachera, se convirtió en una cruz para este hombre, que no solo se vio envuelto en un lío judicial por cuenta de haber agredido a los uniformados, sino que fue duramente reprendido por los usuarios de las redes sociales, quienes a punta de ‘memes’ y comentarios en Twitter y en Facebook lo convirtieron en uno de los temas más discutidos en el país, y tuvo que salir al paso de las críticas para pedir disculpas por su comportamiento.
Un caso similar fue el del deportista Juan Sebastián Toro, motociclista de Dakar, quien en medio de una discusión en las calles de Bogotá con dos peatones terminó disparándole a un perro. El hecho fue denunciado por los dueños de la mascota en Facebook y en pocas horas Toro era también tendencia en internet, con miles de usuarios aireados pidiendo que respondiera por sus acciones.
Toro también terminó en un proceso judicial y LAN, una de las empresas que lo patrocinaba, decidió terminar con el apoyo y, acorde con la manera en la que se conoció la situación, también hizo este anuncio a través de la web.
Esta no es la primera vez que las redes sociales se han convertido en una especie de compás moral en Colombia. Solamente una semana antes se conocieron videos grabados con celulares por ciudadanos en los que se denunciaba uso excesivo de fuerza por parte de miembros de la Policía y unos meses más atrás varios usuarios de transporte público de Bogotá denunciaron cómo taxistas los agredían porque no querían hacer la carrera o porque el pasajero reclamaba porque iban chateando.
Para el community  mananger Javier Escobar, este tipo de sanciones sociales a través del mundo virtual son una prueba de que la “opinión pública está evolucionando de su concepto tradicional y ahora los usuarios de internet están empoderados, a sabiendas que pueden generar reacciones como la movilización de instituciones”, como, justamente, ocurrió en el caso de Nicolás Gaviria, cuyo caso bien pudo haber pasado desapercibido si no hubiera sido por el video de su borrachera que terminó en las redes sociales.
El sociólogo Fernelly Domínguez cree que esta situación en la que las reglas del comportamiento público son marcadas por las redes sociales es un reflejo de las debilidades del Estado colombiano, que demuestra su ineficacia para garantizar el cumplimiento de las normas sociales y de la seguridad de quienes están dentro de él.
“El uso de las redes sociales se ha convertido en la única alternativa que tienen los ciudadanos para hacer valer sus derechos porque el Estado no ofrece una justicia pronta y cumplida. La impunidad campea y no hay confianza en las instituciones sociales para que mantengan un orden. No se le cree al policía, no se le cree a los jueces, a los fiscales. Justo ahora el presidente de la Corte Constitucional está envuelto en un escándalo de corrupción y eso afecta a los ciudadanos quienes sienten que no hay un orden y recurren a la herramienta de la internet para garantizar un control social, que hasta ahora, parece ser efectivo”.
Domínguez recuerda casos como el de Camila Abuabara, quien llevó su lucha contra el cáncer y el sistema de salud colombiano a las redes sociales y, aunque finalmente sucumbió a la enfermedad, su caso llegó a instancias internacionales y generó exigencias al Ministerio de Salud para evitar que casos como el suyo, en el que su tratamiento quedó sepultado bajo la burocracia del sistema, se repita.
¿Cuál es el límite?
A finales del 2013, una mujer llamada Justine Sacco fue víctima de un mensaje que escribió. Antes de tomar un vuelo de 11 horas a Cape Town tuiteó en su cuenta personal: “camino a África, espero no contagiarme de Sida. Solo bromeo, ¡soy blanca!”.
El tuit de Sacco, que por ese entonces apenas tenía 1.100 seguidores en su cuenta, se hizo viral mientras ella mantenía su teléfono apagado en el avión. Solo hasta que llegó a su destino en África se enteró que en esas 11 horas de viaje había sido retuiteada 3.000 veces y tenía mensajes directos en la que la llamaban racista, insensible, inhumana.
En cuestión de dos días, la mujer había sido despedida de su trabajo por la presión que se generó alrededor de su mensaje. Su jefe explicó que no podía permitir que la imagen negativa de su antigua empleada fuera vinculada a su empresa y optó por no mantenerla en su grupo de trabajo.
Una semana después, Justine Sacco tuvo que cambiar de residencia porque alguien publicó en internet la dirección de su casa con un mensaje que invitaba a vandalizar el hogar de la mujer.
El analista web Víctor Solano dice que este tipo de hechos son mucho más comunes de lo que se conoce, pero que tienden a pasar desapercibidos por su condición viral.
“En internet las tendencias desaparecen muy rápido porque siempre hay algo nuevo que es tendencia y son como olas que vienen y se van y enseguida llega otra a reemplazarla”.
Solano añade que además está el hecho de que no existe una regulación punitiva que controle los comentarios o los señalamientos en la web.
“Esto se enmarca en la definición de matoneo pero la legislación está muy circunscrita al ámbito escolar, por lo que no es claro si se pueden tomar medidas en caso de que haya una injuria”.
Sin embargo, el experto en internet dice que es preferible que no haya legislación que se dedique a regular el uso de las redes sociales, ya que esto podría conducir a que se implemente un plan mordaza en el que podría caerse en la censura y en la prohibición del derecho a la libre expresión y a que las afirmaciones que no militen con quienes dicten las normas sean asumidas como delitos.
“La única forma de regular esto sería a través de una construcción colectiva que esté separada del Ejecutivo y el Legislativo de un país. Pero para eso debemos comprender que en términos de internet, como sociedad, somos unos adolescentes que, precisamente, adolecemos de experiencia para lograr esto. Lo cierto es que los intentos de control han nacido usualmente de regímenes de derecha o izquierda que quieren controlar la web y eso no es justo”.
Finalmente, Solano cree que al tener una herramienta que se hace una caja de resonancia con tal facilidad, la mejor alternativa es la autorregulación que permita controlar lo que decimos y publicamos en internet.
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